marzo 24, 2011

2010 Atrasos:

Creo en el milagro como expresión de Dios. Por eso estamos aquí. ¡Ya salió el brote verde, la hierba de milamores, la hierba de San Jorge, la valeriana roja! El fruto es pequeño, seco y está provisto de un vilano que facilita su dispersión en populares y socialistas. ¡Buen día hace hoy! Peor no lo van a hacer.

Estaba muy triste, pero la huelga me ha servido para decidirme a cambiar de vida, un día bueno y un día malo, y así "pa alante", a las mujeres la crisis les produce inquietud y miedo y a los hombres una clara depresión, el premonitorio ¿crisis what crisis? de Supertramp (del vagabundo que fui con una flor en un field en un día de sol en Eire tal y como me pintó adivinando Emerald O´Donnell en una carta de invierno junto con un regalo de un cervatillo de Papa Noel).

De la traducción del libro de Werther aprendí la palabra vehemente y de Dr. Jeckyll y Mr Hyde aprendí la palabra empellón y de la Vida de Santa Teresa lo de su pasada vida ruin y de Hernán Cortés lo de su apellido.

En la cocina de la casa de Firhouse en Dublín después de la disco el adolescente David Smith hablaba del cruel protestante Cromwell que llegó a la isla irlandesa con sus ironsides o soldados fanáticos e independientes que ascendían sin distinción de nacimiento y prohibían a los irlandeses tener la cara peluda o un caballo para caminar.

Mi abuela vivía en la calle Sicilia y cuando veníamos de Madrid, cargaditos de problemas, lo primero que hacíamos mi hermano y yo era ir a misa en la Sagrada Familia antes de cenar. Y entre las nueve y las diez de la noche creo que había una misa en castellano.

Jugando al póker de dados con mi abuelo en Barcelona siempre me salían las cuatro k rojas. Él iba todos los domingos al barrio chino a jugar a la tómbola. Tenía el armario lleno de regalos y cuando regresábamos a Madrid nos dejaba coger lo que quisiéramos. Un día me dio un pelotazo en la cara porque metía mucho ruido.

Yo tenía un amigo vasco en el colegio San Agustín que solo jugaba conmigo al frontón. Por invitación suya. Cuando yo le iba ganando pedía una tregua y nos íbamos a la fuente del patio a beber agua. Volvía a ganar él y siempre me ganaba. Se llamaba Sobera y yo creo que me tenía envidia y encima creía a pies juntillas que yo era catalán.

En Navidad íbamos al teatro con mi padre, a mí me gustaba más la tragedia que la comedia, cegados o poseídos por una pasión, así no podían escapar a su destino, luego estaba la piedad del familiar y la no piedad del poder gubernamental, y te acostabas amargado porque se sostenía el principio de autoridad que tenía que funcionar.

Después de cinco años esperándolo, estresados por nuestros trabajos acosantes y al no darnos nada por nuestros ahorros, nos fuimos un puente de vacaciones a Tenerife, nos relajamos, y mi mujer se quedó embarazada de Javier en la noche de misericordia en que murió Juan Pablo II por mi cumpleaños. ¡Para mí es un milagro porque los dos pasábamos de los cuarenta y dos años!

Todas las mañanas escribo en un papel por una cara "Dormir Bastante Bien" y por la otra pongo la fecha y todo lo obtenido y conseguido ese día. Y si vale la pena guardo los papeles en un cajón. El insomnio es el primer signo de la deriva a una enfermedad grave.

Que tenga que pasar por la humillación de pedir en La Casa del Libro el Diario Íntimo de Miguel de Unamuno y la dependienta me mire como a un bicho raro, me diga que "creo que no lo tengo", cuando es edición de bolsillo de alianza, y al mirar al ordenador, después de un buen rato, me diga "pues igual sí lo tengo" y cuando en el estante había más de nueve ejemplares. ¡Contratos basura de estos jóvenes dependientes!

Me llama todas las semanas mi inteligencia femenina auxiliar Bea, ampliamente ansiosa por nuevas novedades, pero le digo que lo único que quiero es salvar y redimir todo mi pasado con todas las circunstancias al completo que no volverán y hacer del presente que sea un futuro alargado. Y lo que no tiene función se muere.

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