febrero 20, 2016

MARIA JOSÉ ZUAZO

Sus labios dan besos al aire, su sonrisa lasciva y anaconda, sus ojos oscuritos y viciosos, sus guiños a los múltiples varones de los bares de solteros, erotizan al más licuado. No sotros nos divertimos pasadas las dos horas y media de la noche del sábado. Los ranos silenciosos se arrimaban a sus altos cimbreos.

Morena, cara de luna, su vestir es la misma piel. Sus muslos me desplazan al otro extremo del camino de cuero que le sienta muy bien. Blusas matizadas de negro, rojo y azul satén. Es una mujer a corto plazo, y es una niña de la experiencia de la vida. Se lleva a la boca mi palindroque, guarrerías, y aprende de sus otras hermanitas mayores. Había recibido una educación burguesa.

Ahora el destino me pasa el testigo a mí. La recojo todas las tardes al terminar de trabajar en la boutique KYR, y la llevo a su casa encaramelados en unos ineluctables andares. Le gustaba la música cañera en los bajos de La Torre Europa.

Me dejó entrar en su cuarto, el gineceo de la casa de familia numerosa. Que nunca un hombre o un hermano había entrado en su ámbito. Me invitó antes en el salón a tomar una cervecita. Me dio un beso superficial, beso rotativo, o un beso-bien. El colchón es muy blando, aunque son dos. Una muñeca de Dña. Rogelia lo Preside.

Maria José tiene la fiebre de los sábados noche. Le gusta tener un compañero con el que juguetear. Cuando nos abrazamos en el baile, la sexualidad de ella como mujer, me recuerda a un Galeón Español del siglo de oro freixenet retorciéndose con sus maderos entre las olas, mientras naufraga cómo no. Por el perfil izquierdo se parece a Joe Zunniga de MelRousePlace, y por el derecho a la querida y maravillosa amiga que he conocido Maria José. A ella le gustan las canciones de letra murciana, las canturrea y hay una, en especial y entre todas, que le gusta más, y de la que habla algo así como de que los hombres han llegado a la Luna, el AVE se aproxima de Huelva a Sevilla, y encima se curan todas las enfermedades en la Tierra. A veces me mira con los ojitos viciosos otra vez, que se juntan con los míos en el bailar juntitos, y me tamborilea:
-"A vivir que son dos días".

Es verdad, es como si me quedara con la majita desnuda en vez de con la maja del retrato goyesco que me llevo bajo mi brazo, mientras me dirijo imaginando al Parlamento a echar un discurso decimonónico.

Me comenta que se hará toda la cirugía estética que pueda cuando sea vieja, pero eso sí que no parecerá una momia, que nunca se teñirá las canas ni de cobrizo, ni de mechas rubias, ni de grosella violín o berenjena, sino que lo hará de castaño, de todo lo más natural posible que se pueda. Su abuelo: que en paz descanse. Era médico, pintor, y escritor. Con mi ella, aparte de otras muchas coincidencias, coincidimos los días laborables en que escuchamos la misma cadena 90.70 FM de la radio, no podemos estar sin música en la soledad de nuestras casas, y ésto nos une como a las colmenas vecinales. Atrás quedará Mecano, Mickael Jackson y los 40 Principales, la reserva espiritual de Occidente. Lo que más me lastima es que Maria José se muere por los huesecitos del fantasma de homosexual ese que canta tan bien.


14 Nov 1999

No hay comentarios:

Publicar un comentario