agosto 23, 2014

EL LENGUAJE MISTERIOSO DEL ESPÍRITU

Buscad, pues el amor. En cuanto a los demás dones, aspirad sobre todo al de hablar en nombre de Dios. Y es que quien posee el don de expresarse en un lenguaje misterioso no habla a los hombres, sino a Dios, pues movido por el Espíritu, dice cosas misteriosas que nadie entiende.

Pero el que habla en nombre de Dios, habla a los hombres, los ayuda espiritualmente, los anima y los consuela.

El que se expresa en un lenguaje misterioso, se beneficia a sí mismo; en cambio, el que habla en nombre de Dios, contribuye al bien de la Iglesia. Desearía que todos vosotros tuvieseis el don de expresaron en ese lenguaje misterioso, pero prefiero que tengáis el de hablar en nombre de Dios, pues para el bien de la Iglesia es más útil el que transmite mensajes en nombre de Dios, que quien habla un lenguaje misterioso, a no ser que también interprete ese lenguaje.

Suponed, por ejemplo, hermanos que yo fuera a vosotros hablándoos en ese lenguaje misterioso, ¿de qué os aprovecharía si mi palabra no os proporciona ninguna revelación, algún conocimiento, algún mensaje o alguna enseñanza? Sucede como con los instrumentos musicales, la flauta o la cítara, por ejemplo. Y si la corneta da un toque poco claro, ¿quién se preparará para el combate? Así también vosotros, si habláis un lenguaje misterioso y no pronunciáis palabras inteligibles, ¿cómo se entenderá lo que decís?¡Estaréis hablando a las paredes!

Con tanta diversidad de idiomas como hay en el mundo, no hay ninguno sin su clave. Pero si yo desconozco la clave de un idioma, seré un extraño para el que me habla, y él lo será para mí. Así pues, ya que tanto deseáis los dones del Espíritu, procurad que el abundar en ellos sea para el bien de la Iglesia.

Por tanto, el que tenga el don de hablar un lenguaje misterioso, pida a Dios el don de interpretarlo. Porque si oro en ese lenguaje misterioso, mi espíritu está en oración, pero mi mente se queda sin fruto. ¿Qué haré, pues? Oraré movido por el Espíritu, pero intentando entender lo que digo; cantaré movido por el Espíritu, pero intentando entender lo que canto. Y es que si tú alabas a Dios movido sólo por el Espíritu, ¿cómo dirá "amén" a tu acción de gracias el que asiste como iniciado, si no entiende lo que dices? Tu acción de gracias habrá sido, sin duda, estupenda, pero el otro no se habrá beneficiado. Yo doy gracias a Dios porque hablo ese lenguaje misterioso más y mejor que todos vosotros, pero en la asamblea prefiero hablar cinco palabras inteligibles e instructivas, a diez mil en un lenguaje ininteligible.

1 Cor 14,1-19


¿Cómo, pues, hermanos, se ha de proceder? Si cuando os reunís, uno canta, otro enseña, otro transmite una revelación, otro habla un lenguaje misterioso, otro, en fin, interpreta ese lenguaje, que todo sea para provecho espiritual.

Si se habla en un lenguaje misterioso, que no hablen más de dos, o a lo sumo tres y por turno, y que uno lo interprete. Si no hay intérprete, que se guarde silencio en la asamblea y que cada uno hable consigo mismo y con Dios. En cuanto a los que hablan en nombre de Dios, que hablen dos o tres, y que los demás den su parecer. Pero si uno de los que están sentados recibe una revelación, calle el que estaba hablando. Pues todos, uno por uno, podéis transmitir mensajes, a fin de que todos aprendan y todos sean exhortados. Por lo demás, el don de transmitir esos mensajes debe estar controlado por otros que posean ese mismo don, porque Dios no es Dios de discordia, sino de paz.

1 Cor 14,26-33


¿Creéis acaso que la palabra de Dios ha salido de vosotros o que sólo a vosotros ha llegado? Si alguno presume de recibir mensajes de Dios o de ser hombre de espíritu, reconozca que lo que os escribo es mandato del Señor. Y si no lo reconoce, tampoco él será reconocido.
(nota de Jorge: San Pablo me ha llamado maldito, por el tema de la resurrección de los muertos?)

En una palabra, hermanos míos, aspirad al don de hablar en nombre de Dios, pero sin impedir que alguien pueda expresarse también en un lenguaje misterioso. En cualquier caso, que todo se haga con orden y decoro (nota de Jorge: lo que es conveniente).

1 Cor 14,36-40






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