December 05, 2011

LOS SOMBREROS DE LA NORMALIDAD

Si decidiera ser normal porque serlo es lo menos común de lo humano, ser un ciudadano normal y un pasajero normal de los transportes públicos, ser un normal visitante de la ciudad y un normal vecino de la comunidad así los políticos sabrían a qué atenerse pero porque normales somos pocos así esto sería la sociedad de los Anormales Dependientes Europeos.

Qué es un comportamiento normal, mantener al desconocido una mirada normal, no hacer aspavientos cuando te sientas al lado de alguien, no mostrar inquietud por lo que agobia, aumenta el número de solitarios que quieren de amor y de enfermos que quieren tranquilidad, qué son ruidos y rumores normales en las noticias, y qué tareas productivas se realizan en casa.

No es normal que alguien silbe en el vagón del Metro, ni que unas marujas conversen que ya no quedan hombres caballerosos, no es normal tirar una mirada al suelo como si todos te fueran a hacer daño, es normal ir abrigado en invierno y esperar verlas pasar, no es normal guardar la castidad más de una semana porque eso disminuye la creatividad, y es normal querer a las mujeres y admirar su belleza y su proximidad, y no es normal tener mucha gente que nos tenga animadversión.

No es normal ser un presumido como si no fueras más allá, y cuando se tiene una buena racha no seguir jugando y cambiar el estado de ánimo tomando algo que nos sienta mal, porque si nuestros pasos por no sé qué motivo van encarrilados en buena hilera de los buenos sucesos por qué dar indicaciones al cronómetro para que cambie las señales horarias y es normal salir cuando ha salido el Sol y hay más luz y calor en la parada.

Era fácil llegar a viejo sin fuerzas y convertirse en un pasivo ineficaz y payaso pero no es normal que una mujer lleve un reloj de señor, ni que uno vaya con la camiseta del Barça por el barrio del Bernabéu, y sí es normal que los jóvenes de Madrid se reúnan en las fiestas navideñas para salir por la Plaza Mayor y la Puerta del Sol, pero no es normal que uno vaya con tantos bártulos y las señoras con tantos bolsos, y que lo que adquirimos no nos satisface plenamente.

Uno que raspa el pulgar en la pared del Ministerio, la gente haciendo colas interminables para comprar lotería, verás normal ver en el centro a un negro mendigando con La Farola, que un loco coloque señales de piedrecitas en los arbolitos de mierdas, normal es la buena voluntad de los controladores de parquímetros, no es normal que una india cochiche lleve coleta y te espere y te cierre el paso, y luego se siente bailando con los pies en el asiento del metro, y es normal que los locos apóstoles tuvieran poderes mentales contra los magos y adormedores que se encontraban.

Es normal que yo meta las narices donde no me llaman y sin habérmelo propuesto, porque lo inverosímil también me parece normal, y solo en contadas ocasiones no he podido explicármelo, por lo que también tengo un cajón de lo no normal a esperar de una mayor información para aclararlo, contado el día en que mi vida sea larga para poder dar con la verificación susodicha, si bien el vacilar de ese sujeto es lo que me importa y el no cambiar de parecer por una mejor nobleza, aunque quizás pertenezca a una variedad zodiacal que desconozca de una gran voluntad justa y reflexiva.

Todo empezó cuando el individuo dejó de alimentarse bien y pretendía estar con toda placidez y comodidad posible en todos los ambientes, como si un judío no fuera a esforzarse en bajar la montaña de Toledo si la había subido, y es anormal pretender que la lengua sevillana y andaluza y no las manos y las piernas van a conseguir por la real gana lo que se le niega por méritos del saber hacer y estar, y así de tanto chorreo de aceite patinamos sin equilibrio.

Cuando el que te hablaba de la normalidad de la gente se vuelve anormal, qué hacer cuando todos como delfines desorientados se quedan varados en una playa de Asturias, el detective Sherlock Holmes iba con su maletín por la avenida de la Chopera de Alcobendas intentando dilucidar quien no actuaba correctamente y si se podía llegar al extremo de delinquir si se retiraran los controles y la policía, si llegaría a subir las escaleras de tu casa y a entrar en tu habitación porque sí, y porque todos había perdido sus cabales y no se respetaba lo normal que ya era caso clínico en los hijos de los conocidos.

Y como toca el tambor un niño con las baquetas, así voy viendo que los míos a sus pasos van ganando en dignidad, y el Metro de Madrid está lleno de casos patológicos, y mañana seguiré hablando de la normalidad en nuestra ciudad esa rara especie.

Y es normal que a uno a su cuarto le
vaya a visitar el Diablo, y que se lo
advierta primero el espejo de si la sombra
se acerca, pero es normal no tenerle miedo
y desear llegar a las manos, porque el
verdadero miedo se debe tener a perder
la normalidad de uno, esa que hemos
podido poner a prueba durante tantos años,
y si nos dejan y dejaron resultó salir
airada de la emboscada del momento
con la amada y con la buena fortuna.

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