diciembre 27, 2011

LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

Dios nos habría dado algo mayor, si hubiera tenido algo mayor que él mismo.

SAN JUAN MARÍA VIANNEY, el cura de Ars


El verdadero efecto de la Eucaristía es la transformación del hombre en Dios.

SANTO TOMÁS DE AQUINO


La Eucaristía es el centro misterioso de todos los sacramentos, porque el sacrificio histórico de Jesús en la Cruz se hace presente durante la transubstanciación de un modo oculto e incruento. De este modo la celebración eucarística es la fuente y cima de toda la vida cristiana (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium LG,11). A ella está orientado todo; más allá de ella no hay nada mayor que se pueda alcanzar. Cuando comemos el pan partido, nos unimos con el amor de Jesús, que entregó por nosotros su cuerpo en la Cruz; cuando bebemos el caliz, nos unimos con aquel que en su entrega derramó incluso su Sangre. Nosotros no hemos inventado este rito. Jesús mismo celebró con sus discípulos la Última Cena y anticipó en ella su muerte, se dio a sus discípulos bajo los signos de pan y vino y exhortó a que, desde entonces, y después de su muerte, celebraran la EUCARISTÍA: "Haced esto en memoria mía" (1 Cor 11,24)

Jesús instituyó la Sagrada Eucaristía la víspera de su muerte, "en la noche en que iba a ser entregado" (1 Cor 11,23), cuando reunió a su alrededor a los Apóstoles en el Cenáculo de Jerusalén y celebró con ellos la Última Cena.

"Porque yo he recibido una tradición que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía". Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la nueva Alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía" (1 Cor 11,23-25).

Era como si oyera
una voz de lo alto: Soy el
alimento de los fuertes;
¡crece y aliméntate
entonces de mí! Pero
tú no me transformaras
en ti como un alimento
corporal, sino que tú
serás transformado
en mí.

SAN AGUSTÍN


No comulgar es
como cuando alguien
muere de sed junto a una
fuente.

Cura de Ars


No podemos
separar nuestra vida
de la Eucaristía. En el
momento en el que, sin
embargo, lo hacemos,
algo se rompe. Las
personas nos preguntan:
"¿De dónde sacan las
hermanas la alegría y la
fuerza para hacer lo que
hacen?". La Eucaristía
no supone sólo el recibir;
supone también el saciar
el hambre de Cristo, Él
dice: "¡Ven a mí!". Tiene
hambre de almas.

BEATA TERESA DE CALCUTA


YOUCAT JMJ, Catecismo Joven de la Iglesia Católica



Con la Eucaristía
todo un mundo se recrea
y si por condena
no tuviera vacaciones,
en este sacramento
encontraría las fuerzas
para seguir adelante.

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