December 16, 2011

EL ALMA ES UN RELOJ DE VOLTAIRE

Esa idea nos parece digna de la grandeza de Dios, si hay alguna idea humana digna de ella. Entre esas substancias pudo Dios escoger una para alojarla en nuestros cuerpos, y es la que nosotros llamamos alma humana. Los libros santos nos enseñan que esa alma es inmortal, y la razón está acorde en esto con la revelación: ninguna substancia perece; las formas se destruyen, el ser permanece. No podemos concebir la creación de una substancia; tampoco podemos concebir su anonadamiento, pero nos atrevemos a afirmar que el Señor absoluto de todos los seres puede dotar de sentimientos y de percepciones al ser que se llama materia. Estáis seguro de que pensar es la esencia de vuestra alma, pero nosotros no lo estamos; porque cuando examinamos un feto nos cuesta gran trabajo creer que su alma haya tenido muchas ideas en su envoltura materna, y dudamos que en su sueño profundo, en su completo letargo, haya podido dedicarse a la meditación. Por eso nos parece que el pensamiento pudiera consistir, no en la esencia del ser pensante, sino en el presente que el Creador hiciera a esos seres que llamamos pensadores, y todo esto nos hace sospechar que, si Dios quisiera, podría otorgar ese don a un átomo, conservarlo o destruirlo, según fuese su voluntad. La dificultad consiste menos en adivinar cómo la materia puede pensar, que en adivinar cómo piensa una substancia cualquiera. Sólo concebimos ideas, porque Dios quiso dárnoslas. ¿Por qué os empeñáis en oponeros a que se las conceda a las demás especies?, ¿os atreveréis a creer que vuestra alma sea de la misma clase que las substancias que están más cerca de la divinidad? Hay motivo para sospechar que éstas sean de orden superior, y por lo tanto, Dios les haya concedido una manera de pensar infinitamente más hermosa; así como concedió cantidad muy limitada de ideas a los animales, que son de un orden inferior a los hombres. Ni sé cómo vivo ni cómo doy la vida, y ¡queréis que sepa cómo concibo ideas! El alma es un reloj que Dios nos concedió para dirigirnos, pero no nos ha explicado la maquinaria de que el reloj se compone.

Diccionario filosófico 1765, Voltaire

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