December 20, 2011

DE CÓMO COMENCÉ A PENSAR

No recuerdo el primer día del nacimiento, sí el segundo día de la escuela. El segundo porque en el primero vino un tal Pascual que armó un berrinche porque no quería entrar y eso que era traído por la fuerza de la mano de su madre. Esa fue la clase de Abecedario..., no lo sé, algo que sonaba así, y luego comprobé que era en el preescolar el fin de la infancia. La infancia eso, que me hizo pensar que había crecido y que había pasado el tiempo, pues según me cuenta mi madre, mi padre como siempre, convenció a los curas para que me ingresaran en el colegio San Agustín antes de los cuatro añitos, porque gimoteaba mucho en casa. Vaya inexplicable de resultado, pues además de motearme los niños mayores con el insulto continuo de (nací con ojos pequeñitos y con el labio leporino) "Chinito Bacalao", acosándome en el tercer escalón de la puerta negra cerrada que daba al comedor. En el corredor del patio defendiéndome de otros pelotazos desafortunados que nos daban en la cara los mayores, me hicieron detener no sé qué y no avanzar un curso con la promoción, pues me había adelantado por vía de no sé qué Dios sabe qué. Y me sentí oprimido, fue mi primera experiencia de relegación a la cárcel por parte de unos desconocidos y conocidos terroríficos que marchaban delante y perdí trozos de mí por aquel colegio terrorífico o bien por la primera galería que daba al comedor, donde advertí más tarde los maestros comían en mesa redonda, que también comían poco, y también eran los curas los que daban las bofetadas más fuertes a la orden del P. Soriano "eterno agujero negro, hombre donde todo cabe", y en paz por un cáncer muy doloroso. Así a los tres años mi personalidad ya estaba forjada. Pero por mi cabeza transcurría una"A bordada de rosa" que Sor Patrocinio me había mostrado y me retiró deprisa justo cuando la preste atención, a la famosa A. "Quiero ver esa carta" -me dije a mí mismo-, "y aquella otra, las dos, sí, y donde hay más". "Sí, qué ilusión. Veré". Este remolino recorrió mi cabeza, y me asustó porque iba por el camino de perder todo el interés. Y así mi primer maestro fue, una monja. Quiero creer que este fue mi primer pensamiento en aquel colegio blanco cerca de casa, la famosa A vista y no vista por culpa de la monja y los derechos de crío que era, que metió ruido, aquel desecho de Pascual al que no encontraron solución, así me enseñaron las letras.

El P. Morales nos enseñaba la historia de la reconquista a base de quijadas, importaba cómo hasta el umbral del final por escrito. Este hombre de solera numantina, se tenía que dar al acostarse y levantarse frotes de mercurio en los brazos y la espalda, "y era su contento solo y sin ayuda", por un cáncer decían.

Luego encima en 2º de E.G.B. un "Profesor Provinciano que se tocaba los cojones en lo alto de la escalera para despedir a los alumnos", Don Gregorio, me hizo repetir curso, machacaba con el golpear de la llave de la clase en su mesa pues me quedaba solo y último en acabar el examen, me encerraba a la tarde al quedarme dormido en clase prorrumpiendo en silencio que los demás salieran sin ruido, ya digo para encerrarme, "que pronto entendí lo de los últimos en el Reino de los cielos y lo que me confortó esta idea". La dichosa tabla de multiplicar que tantos recreos me jugó, mi primera oración al sol, y castigo emprendedor en una columna del patio, pues deberes y bofetadas (que las tenía bien contadas de quienes habían partido) no venían a mal si con ello me educaba, que en todo era un paso. Pero yo nunca había pensado qué era eso del esfuerzo, del sacrificio en valor y para ofrenda, no lo entendía pues revoloteaba distraído y meloso por otros lares, y vi una primera obligación, que no podía quedarme atrás, que esta vez yo era el responsable, y en dicho, hecho, y así mientras yo era el último en todo, todo en mí era primero, aunque no por ellos se ahuyentaran los tropiezos, pues seguía el aprendizaje y la experiencia para más tarde, ni siquiera hoy desechando el especial en aras de lo universal. Así que la cosa se había duplicado, el número 2 cosificaba una significada.

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