noviembre 16, 2009

TORRE EUROPA

Partiendo de la estatua de la estrella de Martí en el comienzo del paseo de la Habana hacia el área de Azca, hay un paso subterráneo que sólo los peatones aventureros se atreven a utilizar -arriesgándose en cambio a sortear en la superficie a los coches, y esperando que no venga por en medio de la Castellana la casual ambulancia-, donde tienen su hospedaje una pareja de mendigos en tres colchones mugrientos y donde a veces tiene cabida un invitado más. En la curva que antecede al paso han muerto atropelladas dos señoras, que se sepa.

Ya en Azca: el camino que conduce a la izquierda lleva a El Corte Inglés y el de la derecha, a los rascacielos de color marfil y de color tarántula: la Torre Picasso y la Torre Europa. Al lado está el Palacio de Congresos, en cuyo frontispicio hay un enorme mosaico de Miró que parece representar una operación de un señor a corazón abierto. Y en el interior del Metro que da al Estadio Bernabéu, un gato ennegrecido maullando y dos pájaros revoloteando -que durante meses han estado dando la nota sobre las vías- han sido sustituidos, no sé cómo, por música clásica a todo volumen. Si esto no es surrealismo, que se lo digan a la estatua de la llama que está en esta antigua plaza de Lima, que parece decir: "Picasso, Miró, ¿y Dalí, por qué no?". ¡Cómo no sea el reloj hypnagógico o de huevo frito de la Torre Europa, en forma de ataúd negro, valorado en dieciocho millones, que nadie consulta por ininteligible, y que en sus primeros pinitos no dejaba de atormentar en su sonar inexacto! La gente va con sus coches por la Castellana para ver el Bernabéu. Cuando gana el Real Madrid la circulación vibra de nuevo. Y así también los empresarios de las muy variopintas oficinas alrededor del aparcamiento natural de la colonia El Viso.

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