octubre 06, 2016

LA SONRISA DEL EVANGELIZADOR

ESTÁ EL PECADO DE LA JERARQUÍA que quisiera valerse de los religiosos para realizar sus obras generales: compromisos apostólicos, administración parroquial, labores diaconales; de esa forma, como delegados de obispos y presbíteros, los religiosos terminan adaptándose a la mediocridad de conjunto de una Iglesia establecida, perdiendo su razón de ser y su sentido. ESTÁ EL PECADO DE LOS MISMOS RELIGIOSOS que, no buscando la radicalidad del seguimiento de Jesús, prefieren mantener su paz dentro de una Iglesia que les pide poco: olvidan su protesta y se contentan con ser eslabón de la cadena institucional.

Para bien del Evangelio y de la vida religiosa, esa actitud ha de acabar. Lo que la Iglesia necesita son profetas, personas que actualicen el misterio de Jesús de un modo hiriente, en formas arriesgadas, de imaginación creadora. La vida religiosa ha de asumir la savia evangélica y plantarla abiertamente en medio de este mundo. Más que mesura, propia de otros estamentos, ella debe buscar el riesgo y desmesura; más que acomodo a los valores del mundo, ella cultiva un gesto de ruptura, una actitud de rebeldía evangélica. Sólo desde aquí se entiende la radicalidad de la pobreza religiosa en su nivel místico, comunitario, activo.



TRATADO DE VIDA RELIGIOSA
XabierPikaza
PublicacionesClaretianas 1990

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