octubre 21, 2016

ESTOY CABREADO CON DIOS PORQUE NO ME DIO LA INMORTALIDAD

En esto consiste también la justicia para con el Creador en su sentido más profundo. A esta opinión se opone el autonomismo, según el cual todo el valor del hombre proviene de que es él su propio legislador, la fuente de toda ley y de toda justicia (Kant). Esta opinión es falsa. El hombre no podría ser su propio legislador más que en el supuesto de no ser criatura, si él fuese su causa primera. Pero, puesto que es criatura, puesto que depende de Dios en su existencia, y como las demás criaturas debe a Dios su naturaleza, es necesario que su razón le sirva a descifrar las leyes del Creador que encuentran su expresión en el orden objetivo de la naturaleza, y luego a formular, de acuerdo con ellas, las leyes humanas. Además, y sobre todo, debe estar de acuerdo con la ley de la naturaleza. Solo entonces el hombre será justo para con el Creador.

La justicia del hombre para con el Creador comprende, por lo tanto, dos elementos: la obediencia al orden de la naturaleza y la salvaguardia del valor de la persona. El valor de la persona creada(es decir, de una criatura que es una persona) reside en su participación en la idea del Creador. Con esta condición solamente es admisible su actitud respecto de la realidad y de todos sus elementos. Semejante actitud es en cierta medida amor, amor no solamente del mundo, sino también del Creador. El amor del Creador está comprendido también, de una manera indirecta, pero sin embargo real. El hombre que se comporta correctamente frente a toda la realidad creada adopta, por ello mismo, indirectamente, una actitud correcta respecto del Creador, es por principio y radicalmente justo para con Dios. No hay ninguna justicia para con el Creador, si la actitud aceptable respecto de las criaturas, y sobre todo respecto de los hombres, está ausente. Volvemos así a la norma personalista. El hombre no es justo para con Dios Creador más que en la medida en que ama a los hombres.



AMOR Y RESPONSABILIDAD
Karol Wojtyla

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