octubre 12, 2016

LA RISA DE LA LIBERACIÓN

En esta perspectiva de frontera, los religiosos deben realizar humildemente una función liberadora. He dicho humildemente porque muchos de nosotros tenemos el peligro de buscar protagonismos, de pensarnos los mentores y los guías de una humanidad necesitada. Pues bien, la verdadera liberación no es nuestra: la realiza Jesús y la actualizan los mismos pobres que asumen su camino y buscan formas de comunicación, de ayuda mutua, de vida en esperanza. Más que liberadores, somos compañeros de un camino de liberación. Por eso hemos de estar al lado de los pobres, ayudándoles a descubrir su identidad, ofreciéndoles el testimonio de nuestra vida compartida. En todo ese camino recordamos a los hombres que ellos y nosotros no somos salvadores: la verdadera salvación es don de Gracia que trasciende nuestro esfuerzo, es regalo de la vida que Dios nos ha ofrecido y que ese mismo Dios pretende culminar por Jesucristo, si nosotros le acogemos, respondiendo de manera agradecida y gratuita a su regalo.

Los religiosos pueden ser testigos de liberación en las fronteras de lo humano porque ellos mismos se encuentran liberados por medio de sus votos: están muertos con Jesús, no buscan ya poder, no intentan conseguir dinero, ni pretenden lograr seguridades afectivas. Han mirado cara a cara hacia la muerte (cf. 2 Cor 3) y son capaces de ofrecer a los demás el testimonio de una vida liberada. Por eso ya no tienen que andar siempre inseguros, mendigando sobre el mundo una respuesta a sus carencias, anhelando sin cesar compensaciones. Han muerto con Jesús y son capaces de mirar hacia los hombres desde el oro lado de la vida: han encontrado en Jesús la salvación y ya no tienen que andarla realizando entre temores; ponen sus cuidados en el Cristo y desde el Cristo pueden dedicarse totalmente al bien de sus hermanos (cf PC 12-15).

Esto nos permite comprender un dato significativo. Muchos que pretenden liberar a los demás solo lo hacen imponiendo condiciones: ofrecen una ayuda pero luego exigen pago, pasan la factura o quieren que el proceso posterior del pueblo siga un derrotero prefijado que responda a sus particulares intereses. Pues bien, los religiosos que han plantado su vida comunitaria en los espacios de frontera promueven la liberación sin condiciones: no imponen un modelo de cambio ni defienden ningún tipo de intereses. Fundados en el Cristo, ellos se encuentran al servicio de la liberación integral de universalismo: ya no se contentan, como antes señalamos, con crear algún pequeño espacio verde para promover la comunicación, gratuidad y amor sobre la tierra, quieren que el espacio de sentido y libertad se extienda para todos, llegue en ondas sucesivas a los cuatro extremos de la tierra (cf Mt 28,16-20).



TRATADO DE VIDA RELIGIOSA
pUBLICACIONES cLARETIANAS
Xavier Picaza

No hay comentarios:

Publicar un comentario