octubre 12, 2016

EL CRISTIANISMO EN EL POSMODERNISMO DESENCANTADO

Los aspectos anteriores siguen siendo muy valiosos, pero deben matizarse a la luz de la nueva sensibilidad serial y religiosa. En gran parte de los países europeos y en ciertas capas sociales de América Latina se está produciendo una especie de ruptura, algo que pudiéramos llamar desencanto: frente a los valores anteriores de la modernidad. Los grandes ideales de las revoluciones (sociales, económicas y culturales) no han llegado a cumplirse y los hombres parecen estar ya sin esperanza. De manera inicial podemos destacar cuatro formas de desencanto:

1. DESENCANTO POLÍTICO = Los cambios políticos de los últimos años, que tanto prometían, parecen habernos dejado casi donde estábamos; las utopías (ligadas en parte al marxismo) han perdido incidencia. Por eso nos cuesta creer en la política. Parece que la sociedad se estabiliza en una especie de dominio de los poderes fácticos (dinero, ansia de dominio, grupos partidistas), sin que haya un deseo eficaz de transformación social en profundidad, al servicio del hombre.

2. DESENCANTO RELIGIOSO = Las esperanzas de transformación religiosa y eclesial ligadas al Vaticano II parece que no se han cumplido. Mucha gente ha dejado y sigue dejando la religión, o por lo menos la Iglesia organizada, por simple cansancio o desinterés. La religión aparece sin fuerza (no hay profetas verdaderos); en otros casos aparece ligada al sistema, como institución que quiere defender sin más sus propios privilegios; en otros casos de la mira como un "jardín mágico" donde quedan pequeños restos de humanidad que ya ha sido superada por los cambios de los tiempos. Hay una "reserva religiosa" muerta y sin sentido en medio de un mundo sin religión.

3. DESENCANTO IDEOLÓGICO = Nos cuesta creer en las grandes "teorías". No es que las refutemos, es que nos resbalan. Por eso casi nadie estudia "filosofía" en el sentido clásico de término. Ya no importa el saber, porque el saber no va a solucionar ningún problema clave de la vida.

4. DESENCANTO SOCIAL Y ECONÓMICO = Parecía que la economía podría resolver casi todos los problemas, pero los problemas siguen. Por otra parte, junto a los adelantos materiales ha crecido también el paro. Mucha gente se encuentra preocupada (casi angustiada) por la falta de trabajo. Otros viven bien con lo que tienen, pero se despreocupan de los demás.

Todo esto se ha formulado en unas teorías nuevas del desencanto: vivimos en la cultura de la posmodernidad. Son conocidos en este plano los trabajos teóricos de Lyotard, Vattimo, Derriba, Baudrillard, Rorty... También se podrían citar relatos de algunos novelistas famosos como Eco, Kundera... En todos ellos, en medio de las diferencias, se podrían encontrar algunos rasgos comunes que definen eso que podríamos llamar posmodernidad.

A. EL CONVENCIMIENTO DE QUE LA MODERNIDAD HA FRACASADO:
Ha fracasado el intento racional, ilustrado, de explicar de un modo global la realidad y de resolver técnica o políticamente los grandes problemas del hombre. Ni el capitalismo ni el marxismo han cumplido su promesa: no han logrado suscitar felicidad, ni han creado justicia sobre el mundo. Ahora, sobre las ruinas de los viejos ideales, no podemos creer en ninguna utopía intramundana.

B. SOLO CONOCEMOS RETAZOS O FRAGMENTOS DE LA REALIDAD:
Ha muerto la "razón", interpretada antes como "diosa", verdad plena. Ya no quedan más que "pequeñas razones", pequeñas verdades que son muy limitadas y que valen solamente en un espacio diminuto de nuestra realidad (en plano de técnica, en nivel de intimidad...). En la línea del segundo Wittgenstein, parece que solamente existen diferentes "juegos" de lenguaje, separados los unos de los otros. Estamos en eso que Vattimo llamaba el campo de "la razón débil".

3. HAY UNA TENDENCIA AL NEOINDIVIDUALISMO (TIPO LIPOVETSKY): 
Mientras el mundo y la historia ruedan, sin solución, solo queda el recurso a lo inmediato, a los pequeños placeres del momento, a las pequeñas verdades, limitadas al espacio reducido de mi vida. Cada hombre vuelve a encontrarse cerrado en sí mismo, en un tipo de existencia donde solo queda lugar para el placer inmediato.

4. DE AHÍ PUEDE PASARSE PRONTO A UN NEOVITALISMO (FABRICADO CON REZADOS DE FILOSOFÍA DE NIETZSCHE):
Se exalta la vitalidad, en formas muy diversas, desde el plano erótico hasta el nivel de la voluntad de poder, en una clave que a veces nos acerca al neofascismo. Donde muere la razón renace la fuerza de la bestia.

5. HAY UNA NUEVA VIVENCIA RELIGIOSA:
En una medida considerable, el posmodernismo viene a presentarse como poscristiano, al menos como muerte de las grandes iglesias. En algunos casos se podría hablar de vuelta al paganismo: quizá deba hablar de un retorno a la sacralización original del cosmos (¿Nietzsche?,¿Heidegger?). En otros casos surge una religiosidad sin fe... De todas formas, es evidente que, en esta perspectiva, el Dios cristiano tradicional aparece como muerto. Aquí se habla solo de una religiosidad distinta: natural, libre (¿salvaje?), experiencial...


Así llegamos al nivel cristiano. Todo lo anterior implica un nuevo y más hondo descubrimiento de Jesús. La transformación cristiana solo será posible como "nueva lectura" (actualización) del Evangelio. La modernidad (o posmodernidad) será creativa en la medida en que, de forma directa o indirecta, nos lleve a penetrar con más profundidad en el camino de Jesús. Estos son, a mi entender, los rasgos del Evangelio que pueden recibir nueva luz desde la situación presente:

1. LA DEBILIDAD DE JESÚS:
Más que el Jesús glorificado, sabio y triunfador, de otros momentos, impresiona el Cristo débil: aquel que va buscando por tanteo los caminos del Reino, en un gesto que le lleva a entrar en relación con los marginados de su tiempo.

2. TAMBIÉN RESULTA VALIOSA SU "RUPTURA DEL SISTEMA":
Jesús ha quebrado las bases de la "racionalidad socio-religiosa" de judíos y romanos: actúa precisamente allí donde el viejo mundo acaba, donde acaban las seguridades precedentes; así muere apelando al Reino.

3. JESÚS NO HA RESUELTO TEÓRICAMENTE LOS PROBLEMAS:
No ha ofrecido a los hombres una seguridad racional o social; les coloca en el lugar de la crisis del mundo viejo (en el lugar del anuncio del fin) y precisamente allí les abre a la posibilidad de una experiencia nueva de Reino.

4. POR TODO ESTO, PIENSO QUE LA POSMODERNIDAD PUEDE SER UN MOMENTO MUY APROPIADO PARA VOLVER HACIA JESÚS:
No se trata de alegrarnos del fracaso de la razón, para caer en irracionalismos, sino todo lo contrario: se trata de asumir desde Jesús nuestra limitación humana (racional) en clave creadora y esperanzada.

Por eso la posmodernidad puede ser finalmente un momento peculiar de descubrimiento eclesial. Parece que la Iglesia, en estos últimos siglos, había tendido a presentarse como espacio de seguridad: es una sociedad perfecta donde el hombre encuentra respuesta a todos los problemas de la vida. Pues bien, en un proceso que ha encontrado su centro en el Vaticano II, ella va descubriendo con más fuerza sus limitaciones y sus valores.

Por un lado, la Iglesia descubre mejor su debilidad interna: Ella se sabe limitada, pecadora, con los hombres y mujeres de la tierra. En otro tiempo tuvo la tentación de presentarse como "reino", pero ahora ella se viene a descubrir más bien como simple mensajera de ese reino desde las mismas limitaciones (pequeñeces) de la historia. Por eso, ella participa, como humana, de las contradicciones y fracasos de los hombres de la posmodernidad.

Pero, al mismo tiempo, la Iglesia está descubriendo su capacidad misionera, no solo en línea de anuncio (palabra), sino también en perspectiva de compromiso social, al servicio del hombre. En este aspecto resulta significativa (al menos en plano de símbolo) la aportación que ofrece la teología de la liberación: ella nos ha hecho descubrir que la posmodernidad, interpretada como goce despreocupado de la vida, carece de sentido dentro de un mundo de pobres como el nuestro.

Finalmente, la Iglesia se descubre ecuménica, no solo en relación con otras confesiones cristianas, sino también en su apertura hacia los hombres de otras religiones: judíos y musulmanes, hindúes y budistas. Estamos entrando en lo que K. Rahner ha llamado el tercer "momento fundante" de la Iglesia: ella fue en principio una especie de secta intrajudía; se hizo luego comunidad grecorromana; ahora, por fin, puede volverse universal, con todo lo que eso presupone.





TRATADO DE VIDA RELIGIOSA
Xabier Pikaza

No hay comentarios:

Publicar un comentario