octubre 07, 2016

LA LECTIO DIVINA EN LA VIDA DE SALÓN: FRENTE A LA TELE Y CON LA MÚSICA DE LA RADIO

«En este marco, quisiera recordar y recomendar sobre todo la antigua tradición de la Lectio divina:
La lectura asidua de la Sagrada Escritura acompañada por la oración realiza el coloquio íntimo en el que, leyendo, se escucha a Dios que habla y, orando, se le responde con confiada apertura del corazón (cf. Dei Verbum, 25). Estoy convencido de que, si esta práctica se promueve eficazmente, producirá en la Iglesia una nueva primavera espiritual. Por eso, es preciso impulsar ulteriormente, como elemento fundamental de la pastoral bíblica, la Lectio divina, también mediante la utilización de métodos nuevos, adecuados a nuestro tiempo y ponderados atentamente. Jamás se debe olvidar que la palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro sendero (cf. Sal 119, 105). »
Benedicto XVI, 16/09/05

¿QUE ES LA LECTIO DIVINA?

La Lectia Divina significa «lectura de Dios», e indica la práctica monástica, ya secular, de la «lectura orante» de la Biblia.

El primero en utilizar esa expresión fue Orígenes, quien afirmaba que para leer la Biblia con provecho es necesario hacerlo con atención, constancia y oración. Más adelante, la Lectio Divina vendría a convertirse en la columna vertebral de la vida religiosa. Las reglas monásticas de Pacomio, Agustín, Basilio y Benito harían de esa práctica, junto al trabajo manual y la liturgia, la triple base de la vida monástica. La sistematización de la Lectio Divina en cuatro peldaños proviene del s. XII.

Alrededor del año 1150, Guido, un monje cartujo, escribió un librito titulado La escalera de los monjes, en donde exponía la teoría de los cuatro peldaños: lectura, meditación, oración y contemplación.

En el siglo XIII, los mendicantes intentaron crear un nuevo tipo de vida religiosa más comprometida con los pobres e hicieron de la Lectio Divina la fuente de inspiración para su movimiento renovador.

En los siglos posteriores a la Contrarreforma, los creyentes perdieron el contacto directo con la Palabra. Sin embargo, el Concilio Vaticano II recuperó, felizmente, la anterior tradición e instó, con insistencia, a los fieles a leer asiduamente la Escritura.

En la actualidad, la Lectio Divina se va difundiendo cada vez más en las comunidades eclesiales más diversas, y está resultando una fuente de renovación espiritual y de vivo compromiso eclesial.

¿CÓMO SE REZA?

Los cuatro pasos que constituyen el proceso de la Lectio Divina son cuatro actitudes básicas del creyente que desea SEGUIR a Cristo conociendo su Palabra (Lectura), aprendiendo a vivir como Él vivió (Meditación), suplicando fuerza y luz para sus pasos (Oración) y trabajando para que el Reino sea una realidad en cada uno de nuestros ambientes (Contemplación).

1) LECTURA

Se trata simplemente de leer y releer el texto. Si cada vez que tomamos cualquier texto literario nos aporta nuevas cosas, cuánto más podrá aportarnos la lectura de la Palabra de Dios.

En este paso debemos responder a la pregunta de: ¿qué nos dice el texto? Para ello podremos abordar el texto desde tres perspectivas:

a) Literal
• Análisis de las palabras que constituyen el texto (sustantivos, adjetivos, verbos…), cayendo en la cuenta de sus campos semánticos, sus sinónimos y antónimos…
• Atención a las repeticiones de palabras o frases.
• Atención a los personajes y sus acciones.
• Atención a las indicaciones de tiempo y lugar.
• Atención al contexto literario: qué precede y qué sigue a nuestro texto, de modo inmediato y de modo más general (qué lugar ocupa el texto en la estructura general del libro).
b) Histórica
• Cuál es la situación socio-cultural, económica, política y religiosa en la que se compuso el texto.
c) Teológica
• Qué dice Dios al pueblo en aquella situación concreta. Cuál es el mensaje clave del texto.

2) MEDITACIÓN

La pregunta a contestar en esta parte será: ¿qué me dice el texto a mí? Este paso se trata de actualizar el mensaje y entrar en diálogo con el Dios que habla en el aquí y ahora.

Para ello podremos tener de guía estas preguntas:
• ¿Qué diferencias y qué semejanzas encontramos entre la situación del texto y la nuestra?
• ¿Qué conflictos del pasado existen todavía hoy?
• ¿Cuáles son diferentes?
• ¿Qué dice el mensaje del texto para nuestra situación actual?
• ¿Qué cambio de comportamiento me sugiere a mí?
• ¿Qué quiere hacer crecer en mí, en nosotros?, etc.

Para terminar este paso será muy bueno encontrar alguna frase que resuma lo que vimos de tal manera que la podamos seguir meditando a lo largo de la semana de tal manera que poco a poco la Palabra de Dios cale en nuestros corazones.

3) ORACIÓN

En este paso respondemos a la pregunta de: ¿qué me hace decir el texto a Dios? Este es el paso en donde el hombre responde a Dios

4) CONTEMPLACIÓN

A pesar de que este concepto nos remita siempre a algo alejado de la realidad y reservado para los monjes de clausura debemos decir que lejos está de eso. La pregunta que responderemos en este paso es: ¿cómo cambia el texto mi mirada acerca de la realidad? Este cambio de visión debe llevar a la acción para completar en nuestro ambiente aquello que todavía falta por realizar, conocer o sentir.

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