enero 06, 2016

DE LOS DEBERES DEL MATRIMONIO

Hombres hechizados con filtros de amor y sexo viven con ellas trastornados, necios y corrompidos como los cerdos de Circe. Si ella tiene buen juicio y discreción la amaremos extraordinariamente.

Vale más un marido sensato que uno necio porque ella no va con un ciego que no conoce ni ve el camino.

Los que toman mujeres nobles o ricas y en vez de hacerse mejores, las rebajan y humillan para dominarlas.

Los dos ponen en evidencia el mando y la inteligencia.

Se debe convencer con la razón para no privar por la fuerza del lujo y del despilfarro a las mujeres.

Se debe participar con ellas en alegrías y penas porque si no lo buscarán solas.

Un marido puede con otras mujeres hacerlas partícipes de su libertinaje y su embriaguez. Como solo es eso la mujer propia no debe enfadarse pues por ella siente respeto y cariño, y si lo hiciera allanaría la puerta a la rival (?)…

No se debe enloquecer a nuestras mujeres por acercarnos a otros perfúmenes.

Si el hombre ama el placer y los adornos en vez de lo bueno y honrado así le imitará su mujer.

Ellas no deben emperifollarse con vestiduras escarlatas y púrpuras para no perturbar o disgustarles.

No conviene que la mujer tenga cultos mágicos y supersticiones particulares.

El hombre debe mantenerse puro de compañías impías e ilegítimas de las que no desean que les nazca nada y de cuyos frutos se avergonzarían.

Helena y Paris aficionados a la riqueza y al placer trajeron una Ilíada de males, en cambio Ulises y Penélope por su sagacidad y prudencia fueron felices y envidiados.

No es la hermosura ni la riqueza con las que aguantaremos el matrimonio sino con la virtud.

La aspereza y la hiel de la señora de la casa debe ser provechosa y suave como el vino y no amarga como el odio al marido.

No se puede tener a una mujer antipática como esposa y amante a la vez.

No se ven las faltas de las mujeres y sí las faltas contra las mujeres pasando desapercibidas para la mayoría de la gente.

Las discusiones en la cama es lo más horroroso y monstruoso que puede haber.

Que ella no se desnude y se descubra con palabras ante los de fuera descubriendo sus sentimientos, carácter y disposiciones.
(Nota de Jorge: en España se vio mal durante muchos siglos el que una casada no pudiera coquetear, se vio normal el coqueteo…)

No se deben escuchar las murmuraciones de tus amigas contra tu marido.

Se debe mandar en la mujer halagándola y agrandándola.

Los de fuera miran quien lleva los pantalones.

Los amigos y los parientes de los casados deben hacer mezcla.

Los celos entre suegra y nuera son de toda la vida. Debes tener mano izquierda con el cariño que reparte tu marido.


Moralia, Plutarco


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