mayo 08, 2011

LAS VASCONGADAS IV

En el neoplatonismo la Idea parecía preexistente, en el campo de una idea se produce el efecto de las mentes de esta idea, el pensar crea, los batasunos irradian la idea de Eta, pero el Estado de las Condiciones de Pensamiento ya no la acepta: la idea terrorista se esfumó./ Un psicótico vasco no tiene empatía para con los demás pero primeramente no la tienen para con su alma. Un psicópata asesino opta por aniquilar el concepto de alma. Y el alma peninsular de tantos siglos es única y es española como reconocería hasta el mismísimo Luís Camôens./ Tenemos que convivir con una banda de asesinos, que de vascos sólo tienen el tembleque, el telele de la mano ligera de la pistola, y el triciclo de los pies que corren después de hacerla, con los sudores de las sienes para hacer creíble la borracha y sangrienta incoherencia. Qué componenda es ir a la cárcel normal y corriente después de hacerla y no esperéis más que la carne no es débil./ El partido debiera llamarse Susto y su propaganda Esto o Muerte. El día que un abertzale sea legal ya no tendrá ningún escondite. Si los etarras llegan a ocupar los puestos del Estado NZ Vasco verdaderamente se les llamará los fortudos y sortudos extremistas. El frío de los cadaveres no les impedirá darse el festín y ensangrentarse de nuevo. Cruz y raya y que salgan del tablero. De una raíz negra y maldita de muerte no puede salir nada que no dé susto. El que nos espera si acceden a la Administración./ ¿Acaso puede reírse El Bocazas Etarra?¿Tiene motivos suficientes para reírse?¿Con qué fin y por qué va a reírse? En una palabra sabemos que se ríe de la gente...Se ríe cuando tiene suerte jugando con Sortu y burlando a Rubalcaba que tiene como voluntad sortear las indecentes y malignas paparruchadas de los integristas terroristas que se la juegan en un limitado año de existencia./ Ahora vamos a ver de qué modo los demonios provocan discordia aquí, y el primer paso, por decirlo así, es sembrar cizaña empezando con los nacionalismos. Y cómo pueden dejar de investigar, si los demonios empiezan poco a poco, despiertan curiosidad en la mesa electoral, pero no explican sino que despistan, enredan y se están riendo abiertamente en la cara de uno. El hombre inteligente, de un ademán de darle con la mano, le pregunta, ¿qué es eso, demonio?, y tira al demonio de la silla.

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