marzo 15, 2017

LA ODA DE LAS MUJEREZ DE MERCEDES

Las contemporizaciones que hay que tener con la gente sin llegar a nada, la candidez de los niños que lo aceptan todo, el grillarse de los adultos en no ir más allá del sitio seguro de su casilla de Social Parchís, la monotonía tórica de los trabajos si no se ha tomado una jarrita de cerveza en 100 Montaditos por 1,5 euros que nos impulse adelante, ese sol si se quedara quieto frente a nuestra mejilla favorita la izquierda en el autobús 27 de la Castellana, la cantidad de cajas basura que arrastramos a nuestro paso con las dos manos con las mismas con las que nos limpiamos el culo, si Dios estuviera en el edificio piramidal de la Mutua Madrileña en Nuevos Ministerios, con la brisa calurosa en el Museo de Ciencias Naturales, el carpetazo de los oficios ministeriales en las plazas seguidas de Gregorio Marañón y Emilio Castelar, las individualidades sometidas hasta el escarnio en el puente de Rubén Darío, la soflama de la vanidad suntuosa en la Plaza de Colón, el Madrid Mágico en la Plaza de Cibeles y Neptuno que lleva a la Puerta del Sol y la Plaza Mayor, con el de la despedida y la soledad en la Estación de Atocha, el repartimiento ignominioso de los huesos y harapos en Embajadores con el Rastro, queda la santidad gloriosa para el paseo de Rosales con la Catedral, la Basílica de san Francisco El Grande y la Estación de Príncipe Pío al más allá, el Reino de los Cielos sobre la Casa de Campo y sus luchas históricas en el horizonte de El Escorial contenido en Somosierra.

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