abril 25, 2011

LA PREDICACIÓN I

El hombre no puede apropiarse nada si Dios no se lo da./ Pero el que beba del agua que yo le dé no tendrá sed jamás, más aún, el agua que yo le daré será en el manantial que salta hasta la vida eterna./ No se dirá: Está aquí o allí, porque el reino de Dios está dentro de vosotros./ Si odias, estás más en ti mismo, y te apartas de Dios./ Miraréis y no veréis, escucharéis y no entenderéis. El Evangelio no entra por tener la cerviz tan cerrada. Por muchas misas, y no entra. Rezad para que entre./ La lámpara de tu cuerpo son los ojos; si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo estará iluminado, pero si están enfermos, tu cuerpo estará oscuro. Cuida, por tanto, de que la luz que hay en ti no esté apagada. Pues si todo tu cuerpo está iluminado, al no haber en él parte alguna oscura, todo él resplandecerá como cuando la lámpara te ilumina con su resplandor./ Vosotros los fariseos limpiáis por fuera la copa y el plato, pero vuestro interior está lleno de rapiña y de maldad./ ¡No tengáis miedo!¡Vosotros valéis más que una bandada de pájaros!

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