abril 30, 2011

LA ESQUIZOFRENIA DE LA FE III

La cruz de la locura de Jesús y la cruz del poder de Dios./ Nosotros tontos por Cristo, vosotros sabios en Cristo, nosotros débiles, vosotros fuertes, vosotros honrados, nosotros despreciados. Hasta ahora padecemos hambre, sed y falta de ropa. Somos abofeteados, andamos errantes y nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos. Nos insultan, y bendecimos; nos persiguen, y aguantamos; nos calumnian, y respondemos con bondad. Hemos sido hasta ahora como basura del mundo, como desecho de todos./ No os engañéis, ni los lujuriosos, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los invertidos, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los salteadores heredarán el reino de Dios./ Los judíos no quieren a los locos. El que estén locos no quiere decir que lo que predican sea locura. San Pablo era otro loco mayor./ A estos locos yo les sigo la corriente. Éste es el juego de lo divino y lo diabólico./ No cometerás adulterio. Salvo que él esté aparte. Y la haya abandonado./ No matarás. Salvo que sea un asesino. Entonce mátalo y estirpa el cáncer de la comunidad./ La lengua es un azote irrefrenable, llena de veneno mortífero. De la misma boca salen las bendiciones y las maldiciones./ El que sabe hacer el bien y no lo hace comete pecado./ Esclavos, obedeced a vuestros amos temporales; no sólo cuando os ven, como para quedar bien con ellos, sino de todo corazón y por respeto al Señor. Todo lo que hagáis, hacedlo con gusto, como si sirvieseis al Señor y no a los hombres. Amos, praticad la justicia y la equidad con los siervos, puesto que sabéis que también vosotros tenéis a vuestro amo en el cielo./ Dios es un amo bueno y justo y caritativo y misericordioso./ Los que tienen amos creyentes, que no les falten al respeto por ser hermanos en la fe; al contrario, sírvanles mejor, puesto que los que reciben sus servicios son creyentes y hermanos muy queridos. Esto es lo que has de enseñar e inculcar./ Orad sin cesar (En silencio): Padre no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

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