abril 29, 2011

EL CUERPO SANTO II

Dejaos conducir por el Espíritu, y no os dejéis arrastrar por las apariencias de la carne. Porque la carne lucha contra el espíritu, y el espíritu contra la carne./ Las obras de la carne son bien claras: lujuria, gula, impureza, desenfreno, idolatría, supersticiones, enemistades, disputas, celos, iras, litigios, divisiones, partidismos, envidias, homicidios, borracheras y cosas semejantes a éstas. Los que se entregan a estas cosas no heredarán el reino de Dios./ Los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y concupiscencias. Si vivimos por el Espíritu, dejémonos conducir por el Espíritu./ Los frutos del Espíritu son: amor, alegría, paz, generosidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, continencia./ No os engañéis, de Dios no se burla nadie. Lo que hayáis sembrado, eso mismo cosechará. Porque el que siembra en su propia carne, de la carne cosechará corrupción; pero el que siembra en el espíritu, del espíritu cosechará la vida eterna./ No has querido sacrificios ni ofrendas, pero en su lugar me has formado un cuerpo. Hagámoslo cuerpo santo. Aquí estoy yo para hacer tu voluntad. Un cuerpo fuerte y generoso. Un cuerpo disciplinado, trabajoso y enérgico. Un cuerpo lleno de vida y salud. En su voluntad se verá que soy de Dios./ Así los maridos deben también amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer se ama a sí mismo. Como hace Cristo con el corpus christi. Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne./ El que mira a una mujer con mal deseo ya ha cometido con ella adulterio en su corazón.

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