julio 27, 2016

LA HAMACA MALAGÜEÑA DEL SOLAZO

Tenía instantes muy bellos: Pero no se podían captar en una foto porque como buena Piscis si tratabas de aprehenderla mudaba la expresión.

Tuvimos una bronca de recién novios: hice una foto a la estrella de un coche Benz para ponérmela de perfil en mi móvil.

Era como una Nebulosa: de las nubes de las diosas o como un Hongo Atómico donde reposaría mi cabeza.

También en Mercedes veía la posibilidad de morir como en una cuna animado de su ronronear.

Las mujeres son como Gatas agudizadas. Ella me puso una gata en casa. Yo empecé a adquirir la imitación facial de ese animal.

Me afeité las patillas de lobo o de conejo de los Santos Inocentes para pasar a ser un gato.

Nuestra casa adquirida tenía un farol gótico que amenazaba con caerse en el salón. A ella no le gustaba la situación y el duendecillo interior de mi mente obligó a su duende rancio a hacer las maletas para Fuencarral.

El Botijo de San Onofre estaba lleno de céntimos por lo que el dinero no cesaba de llegar a casa. Ya estaba convencido de que me iba a tocar la lotería.

Cuando la despidieron de la residencia exclusiva de paseo de la Habana, Bud Spencer la regaló su muñequera para que fuera a por ellos.

Mercedes se parece a la Estatua de la Libertad Rubia. Como una Estrella de Mar Blanca con sal de arena fina. Como Huevos fritos al sol en la cama.


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