agosto 10, 2017

LA EPIDEMIA MUNDIAL DE LAS RUPTURAS DE LA VIDA CONYUGAL

Ya no es para siempre. Todo es precario. La gente niega que el casarse sea para siempre. Que hayan relaciones de amor como las de nuestros abuelos. Quieren tener la certeza de que toda pareja será un roto, partido en dos y hecho añicos.

Todos contribuyen en el imaginario a esta idea mundial. Que la vida sigue. Pero todo ha de morir. Pero mira amigo los cementerios guardan secretos de fidelidad amorosa entre seres no inmaduros, adolescentes, ni inseguros, ni hedonistas, ni narcisistas, vulgares, bamboleantes, dinosíacos no apolíneos, manipuladores, ególatras, adúlteros, que protegieron el amor con las obras y los hijos. El amor es belleza no es solo coital reducido a esa cosa sexo, cosificado y trivializado en eso. El amor es más que relación y un contacto. Porque no es amor se le odia. Dime amor pasión egoísta o amor puro generoso. El sentido de la vida es el amor al otro y a los demás. Ellos hicieron un proyecto de vida en común y en familia. No se puede elegir en la vida al que deshace los votos ni al pérfido ni al que tiene palabra de paja.

Habrá atracción física y corporal. Pero se debe consolidar en lo espiritual. No se vive en el mundo de las apariencias placenteras. El amor llena y transforma. El amor está unido al trabajo y al dar. No se pueden ver objetos sexuales por todas partes y monetarizar, sexualizarlo todo. Hay mucho sexo y poco amor. En esto caeremos de nuevo en la soledad loca y enferma. Porque no se puede vivir sin amor. El amor es biográfico y profundo no es ligero ni un simple pasatiempo.

Amar es
darse,
entregarse,
regalar lo mejor de uno mismo,
buscar el bien del otro
no encerrarse en uno mismo.

Amar es
afirmar,
aprobar,
complacer,
querer lo mejor para el otro.

El amor auténtico tiene siempre un alto valor moral. Hay mayor estabilidad y permanencia en los matrimonios con valores y prácticas religiosas cristianas. El amor es voluntad. Hay que practicarlo día a día. No es la búsqueda de uno mismo sin pensar en el otro. El amor persigue llegar a ser un encuentro estable y prolongado como el de santa Teresa con el sol centellica de Alba de Tormés. El peor amor es el que está lleno de egoísmo, intrascendencia, frivolidad, y es voluble, irresponsable, mudable, alocado y caprichoso. El amor es capaz de inspirar a Dios o el Sumo Bien. Las tensiones y los problemas vendrán pero no pasa nada (no nos fragmentaremos). Crisis fisiológicas y funcionales necesitadas de una ulterior maduración. El amor exige pequeños y continuados ejercicios de lealtad, de amistad veraz y confianza recíproca. El fracaso del amor no es otra cosa que una forma sutil de soberbia y de egolatría. La vida no es insípida, uniforme, aburrida, insustancial, sosa en la formación creativa del amor.


(continuará)

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