agosto 23, 2016

UN ISLOTE DE GENEROSIDAD EN CASTILLA

Solo cuando se ofrece a la Historia una novedosa forma de actuación política y jurídica puede un pueblo reclamar moralmente su derecho a la autodeterminación.

El nacimiento del castellano tuvo un carácter práctico: comerciar, enamorar y contar viejas y nuevas historias y consejas al amor de la lumbre tras el duro trabajo en los campos castellanos. Era el castellano el medio de comunicación que servía para todos, aunque hay pruebas de que en el siglo X, y hasta muy avanzado el siglo XIII, el vascuence se seguía hablando en los mercados de localidades cercanas a Burgos, como así sucedía en el pueblo de Arlanzón.

El castellano burgalés poseía un dinamismo especial que le hacía superar los grados de evolución en los que otros dialectos se detenían por presiones cultas. El castellano produce, pues, un sistema de consonantes palatales distinto del sistema fonológico de los dialectos más cultos de la época y adquiere así la fonología que le diferencia.

Además, el castellano burgalés era certero y decidido en la elección: no admitía en su habla polimorfismos, como sucedía en los demás dialectos o en el castellano montañés, sino que unificaba en una solución las distintas variantes que pudieran crearse. Así, superó las vacilaciones leonesas y aragonesas en diptongos concurrentes: puerta, puarta, puorta fueron en castellano solamente puerta y los de siella o sialla no vacilaron y se unificaron en silla. Se decía en la casa y no enna casa, como se atestigua en la Castilla norteña; se decía más blanco, o más vermeio, y no plus blanco o plus vermeio que se decía en la zona este.

El castellano central, o dialecto burgalés, fue dando poco a poco norma gráfica a sus soluciones fonéticas luchando contra la tendencia latinizante y culta de los escribas quienes se revelaban contra la nueva pronunciación y la estigmatizaban, la rechazaban. Preferían, en muchas ocasiones, mantener las formas latinas y cultas en sus escritos a aceptar la pronunciación hablada, el "escribir como se habla". Así, la /f/ inicial latina permaneció en los escritos hasta bien entrado el siglo XIII a sabiendas de que su pronunciación se había transformado en un alófono aspirado o había desaparecido. Esta tendencia latinizante en las grafías hizo posible el mantenimiento de palabras utilizadas en contextos cultos como "infante" con su /f/, cuando en el siglo XI, en la Rioja, se pronunciaba /ilháNte/, lo cual era criticado por las personas cultivadas de la época.

El prestigio político que alcanza Castilla va dando prestigio a su idioma, el castellano, que irá avanzando hacia el sur de la península Ibérica aislando, cada vez más entre ellos, a los viejos dialectos del latín, tanto orientales como occidentales.

Más tarde, al igual que el nombre de HISPANIA no solo se aplicó a Andalucía sino a todo el territorio peninsular, el gentilicio "español" se aplicó a todos los que vivían más abajo de los Pirineos, en el territorio que conformaba el hábitat de los españoles. Portugal también es Espanha [Lluís Camôes].

Las tendencias fonológicas y fonéticas espontáneas del habla se desarrollan sin la presión de una escritura generalizada ya que más del 95% de los hablantes son analfabetos. El registro oral es el que más presiona sobre los cambios en la lengua y así se comprueba en el lenguaje literario del mester de juglaría y del mester de clerecía, y se manifiesta en que hay variedades dialectales castellanas y vacilaciones e inseguridades dependiendo de las regiones castellanas en las que nos encontremos.

En este cuarto tema, expondremos los hitos que se van sucediendo en el desarrollo del castellano durante los siglos XIII y XIV hasta que en el siglo XV, con los Reyes Católicos, se convierta en el español: el idioma común de todos los españoles y americanos.

Defendemos el hecho de que las fuerzas linguísticas que intervienen en la gestación de un idioma común son múltiples y variadas, y que todos los estratos sociales de hablantes: la gente del pueblo, los gobernantes, los escritores van afianzando el idioma con la utilización sabia de sus posibilidades linguísticas y estéticas. Es el criterio del "buen gusto" en la utilización del idioma, criterio que sobrepasa las diferencias regionales.En español se escribe la mejor literatura del momento.

Otro gran estilista,pero de temperamento estético opuesto al de Don Juan Manuel es Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita. Juan Ruiz es un escritor con un lenguaje efusivo, verboso y dicharachero que trasluce un espíritu burlón y lleno de vida y que seguirá estéticamente la tradición juglaresca, trovadoresca y goliardesca de la expresión oral romance. En su obra Libro de Buen Amor, compuesto en la primera mitad del siglo XIV, puede observarse la riqueza de vocabulario concreto y realista y su apego a un lenguaje popular poco dado a los cultismos y muy lírico.. En su libro proliferan cantigas, canciones de serrana y zéjeles, los antepasados de los villancicos. Con Juan Ruiz, el castellano invade y conquista el terreno de la poesía lírica vedado hasta entonces al gallego y al provenzal.

Ambos escritores plasmarán en sus escritos el saber popular que se encuentra en los refranes y dichos, siguiendo la forma linguística que los hablantes utilizan para su expresión cotidiana. Inauguran ambos escritores una corriente normativa que dará una autoridad indiscutible sobre el idioma a los hablantes que se expresen con "particular juicio": es el lenguaje popular, el habla de los refranes, el habla de las gentes, libre de latinismos, que se expresan con un vocabulario inagotable, concreto y realista.

El Arcipreste de Hita, por el contrario, mantiene en todos sus refranes, fablillas y patrañas la forma popular mezclando el dialecto leonés y el castellano: Quien en el arenal siembra, non trilla pegujares.

Durante este siglo, la lengua literaria elimina muchas de sus vacilaciones y camina hacia su regulación, pero mantiene otras vacilaciones que no se resolverán sino hasta siglos más tarde. Se admiten ya en la fonología del castellano las consonantes finales /d/, /l/, /n/, /r/, /s/ y se elimina la vocal -e que solía ser el final de palabra. En algunos casos mantenían la inseguridad de la escritura con -t o con -d finales: voluntat, edat, frente a voluntad, edad (vacilaciones que, en la actualidad, separan las hablas catalanas de las castellanas).

Las vocales átonas mantendrán durante estos dos siglos XIV y XV su alternancia de timbre: sofrir-sufrir, vevir-vivir, robí-rubí; fenómeno con el que aún contamos en el habla vulgar actual.

Durante los siglos XIV y XV se mantienen como más cultas las formas leonesas con f- inicial latina frente a la aspiración o desaparición, aunque en Castilla la Vieja estaba extendida la aspiración y omisión de la h-. En la obra del Arcipreste de Hita podemos leer hato, Henares.

El sufijo diminutivo -illo típico de Castilla, pero rehusando hasta ahora por la lengua literaria, acaba por generalizarse en todos los estilos durante el siglo XIV, frente al antiguo leonés -iello que era la forma considerada más culta.

A finales del siglo se confirma el uso generalizado de los imperfectos en -ía: dezía, fazía, veía y la casi completa desaparición de las formas en -ié: sabiés, tenié, robariedes, las usuales hasta entonces. Pero se seguirá manteniendo la alternancia de las dos formas de la segunda persona del plural: tenedes-tenéis, sodes-sois, venides-venís, incluso en el siglo XV.

Junto a nos y vos comienzan a aparecer las formas nos otros y vos otros que ponen de relieve el contraste con otra persona o señalan pluralidad: escribe Juan Ruiz "Si pesa a vos otros, bien tanto pesa a mí".

Por influjo del retoricismo, corriente literaria que invade Europa en este siglo, la entrada de latinismos en el léxico y en la sintaxis se acrecienta hasta llegar a la exageración en el siglo XVI. Surge ahora la admiración por la antigüedad y, desde mediados del siglo XV, en la corte de Juan II de Castilla (1406-1454) y de Alfonso V de Aragón en Nápoles (1447), se crean escuelas donde enseñan los mejores humanistas del momento. La sintaxis latinizante y el vocabulario aristocrático de las obras de Dante, Petrarca y Bocaccio pasan a ser los representantes del nuevo ambiente cultural y de creación de lenguaje, tanto en prosa como en verso. Los escritores en castellano comienzan a pensar que el idioma no puede enriquecerse con el lenguaje popular, conciso y bello del refranero. Juan de Mena, el gran poeta humanista, afirma que en la lengua humilde y baja del castellano corriente no encuentra las palabras que necesita para expresarse. "Non fallaban equivalentes vocablos para exprimir los angélicos concebimientos virgilianos",escribe Mena.

Los escritores más famosos de la primera mitad del siglo XV como Juan de Mena, El Marqués de Santillana o Enrique de Villena someten al idioma, tanto en prosa como en verso, a un intenso y exagerado baño latinizante que abarca el vocabulario y la sintaxis. Siembran sus obras de cultismos. Otros se han quedado en la cuneta. El idioma, como pasa siempre, absorbió lo que pudo de esta corriente latinista; el resto no penetró en su estructura y se quedó en el baúl de los recuerdos.

Santillana pule y ennoblece las tradicionales serranillas y reúne hacia 1447 la primera colección de refranes Los refranes que dicen las viejas tras el fuego, siguiendo de este modo la tradición lingüística española de respetar y aprovechar la vena del habla cotidiana que se manifiesta también en los cantares y en los romances.






LENGUA ESPAÑOLA
(Para Filología Inglesa)
F. Miguel Martínez Martín
Emilia V. Enríquez Carrasco
Ángeles Estévez Rodríguez

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