diciembre 02, 2015

OBREROS Y DEVOTOS DE FEDERICO GONZÁLEZ-RIGABERT

Esta mañana he asistido desde mi balcón, situado en una calle céntrica, en lo que se llama el corazón de Madrid, a la representación de un drama muy humano, muy triste. No es drama de bambalinas y telones y barbas postizas y vestidos de guardarropía; actores son, estos actores, del gran teatro de la vida, que sienten y lloran "al natural" y están siempre en escena pendientes del apuntador, que se llama el Destino: Dios, para los creyentes; Fatalidad, para los que no creen. ¿Quién duda que él guía a estos pobres actores en la representación de esta farsa del mundo?

Asistid a ella conmigo, y haced luego el juicio que os merezca; aplaudir o silbar, censurar o elogiar es nuestro derecho. Vais -vamos, mejor- a ser críticos de un drama mundial; seamos, pues imparciales, censuremos o elogiemos dictados nada más que por nuestras conciencias, nunca por la pasión de amistades o cariños, jamás por el deber de miras o intereses; sed, seamos, siempre libres en el decir y obrar. ¡Nunca esclavos!

¿Veis aquellos señorones que lucen deslumbrantes joyas, que llevan en sus rostros retratadas la satisfacción de todas las necesidades, de todos los deseos? Son los ricos, los orgullosos. Para esos el Destino es Dios: a Él veneran, a Él piden con oraciones gangosas, oraciones de "carretilla" como lecciones de escuela, que acreciente el oro de que están repletas sus arcas; esos van a misa, van a cumplir con la Iglesia; hartos del pan del cuerpo, buscan el pan del alma, del mismo modo que, mañana, cuando el vicio que les consume, haya acabado con sus riquezas, renegarán de Dios, en la desesperación, y buscarán la muerte en el suicidio.

Mirad ahora aquellos otros, hombres y mujeres, escuálidos, anémicos, hambrientos; son los trabajadores, los obreros que van al taller, al obrador, a la fábrica en busca del pan del cuerpo; su Dios es la Fatalidad; no le piden con oraciones, pero tampoco lo maldicen: son resignados, son humildes.

-¿Adónde vais?-dicen aquéllos poniendo en esta pregunta el desprecio que inspira al grande el pequeño-.¿Adónde vais dejados de la mano de Dios, abandonados a vuestras fuerzas?
-Al trabajo-contestan los humildes-; al trabajo, que nos da el pan para nuestros hijos, que vosotros no queréis darnos. Id en buena hora a entretener el tiempo que os sobra en prácticas de piedad fingida..

Y siguen rientes, alegres, los unos; llorosos, tristes, los otros...Los de arriba viviendo, mientras miran, sin compasión, morir a los de abajo. "La ignorancia del obrero-dicen-acarrea todos los males de la sociedad. Con obreros instruidos no habría hambre, y los hombres se amarían más, vivirían más hermanados; las clases no estarían tan distanciadas unas de otras". Como si en ellos no estuviera la instrucción del obrero y el remediar el hambre de las clases necesitadas.

Con un inclusa donde criar, a regañadientes, a los niños que nacen del vicio o de la miseria, y algunos asilos donde, por recomendación, encuentran pan y albergue unos cuantos privilegiados, creen cumplir al pie de la letra lo que Dios les dice: "Amad al prójimo como a vosotros mismos. Socorred al necesitado. Dad de comer al hambriento; vestido al desnudo; consuelo al triste..."




Revista Vida Socialista
1910

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