diciembre 24, 2015

MEDITACIONES SOBRE EL PEREGRINO QUERÚBICO DE ANGELUS SILESIUS

El amor es nuestro Dios. Todo vive por el amor.
¡Qué feliz sería un hombre que siempre permaneciera en él!

Practicar el amor es muy fatigoso. No solo tenemos que amar,
Sino, como el mismo Dios, hemos de ser amor.

Pura como el oro más fino, dura como la roca,
Clara como el cristal, ha de ser tu alma.

Hombre, si no te conviertes en niño, no entrarás
En dónde están los hijos de Dios: la puerta es demasiado estrecha.

Hombre, ¿por qué tanto estupor? El Anticristo y la bestia
(Si no estás en Dios), ambos están en ti.



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Yo no soy ángel, ni sobredivino ni estoy sentado a la diestra de Dos, sino junta a la misericordia de la podredumbre de un vagabundo callejero.

Me dije he de ser como María, y Dios nacerá en mí y me hará entender lo que es amar. La bienaventuranza y la felicidad como medallas no las quiero.

Sino vive y muere en mí según mi amor a los demás. Tiene que verse a Dios Amor en mí. Que nada me aparte de amar. Pero mi voluntad está muerta. Aunque me guía el corazón de Jesús.

Yo creo que más que pasar la vida con sentimientos y ocios, se trata de confirmar que la dignidad se consigue individualmente y de las lecciones que damos a los demás con nuestros hechos que ahí quedan como poso de la vida. Pero qué poco hacemos.

Todo nuestros errores que cometemos con nuestra ira, impulsos vanos y falta de control, y de todos los pecados que nos inficcionan de esos demonios particulares.

Me debo en unirme en amor a los demás para curarme de mi dolor.
Todo corre hacia mí para llegar al amor y haré correr a todos al amor antes de que me abandonen las fuerzas de la vida.

Ser santo es solo una medalla. Ser amor es todo un destino de gracia par un ser humano.
La verdad me impide amar pero la verdad es la bondad,/ aunque a veces se hace valer de la guerra por motivos de tiempo que se acaba/ entonces toda la caja de los demonios abierta,/ a Dios le ofende que su tiempo se gaste en mentira y falsedad, pero nosotros a quienes no se nos tiene en cuenta el tiempo podemos amar y hacernos eternos. Pero quién puede poseer el tiempo de su vida. Es un gracia que hemos anhelado y que se nos da por medio del dinero generoso. Mi enfermedad (la amenaza que conlleva) me dio el tiempo para pensar (el estigma bien empleado). Pero amar por amar poco amé y me perdí de nuevo. Pero mi manía fueron las letras y me curé. Y ahora qué, dedicarme a intentar amar.
Me salvó, como siempre, mi buen corazón, que no me cabe en el pecho... ese ejemplo de corazón de Jesús. 
¿Quién me educó en ello?¿El colegio San Agustín?¿La parroquia de San Jorge  y la de San Fernando? Seguro que sí. La semilla del bien ya estaba puesta por Dios. Pero las plantas de mi terraza se han secado.

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