noviembre 30, 2013

EL CELESTINO PINARDO DE LOPE DE VEGA

PINARDO Huélgome de que a solas vengo a hallarte,
¡oh, mi amada sobrina, en quien el cielo
tanta gracia y valor pone y reparte!
Que para sólo verte no recelo
que el calor de la Libia pasaría,
y de la Scita riguroso el hielo.
JACINTA Debes aquese amor al alma mía,
donde es lo menos ser tu sangre, y tanto,
que ya del parentesco se desvía;
mas ¿por qué hiciste admiración y espanto
de hallarme a solas, cuando no lo vivo,
cuando no estoy en soledad y llanto?

PINARDO Es lástima de ver que andas perdida
por un mozuelo aborrecible y bajo,
de fuente en fuente como cierva herida;
y es lo peor que llega tu trabajo
a que te pague en versos y papeles,
y tales, que a Virgilio le aventajo.
¿Posible es que con esto te consueles,
con papeles discretos? Ve a la plaza;
para comprar lo que otras veces sueles:
no es moneda que corre: demos traza
que no te pierda más este perdido:
mira que la fortuna te amenaza.
¿Es posible que pierdes el sentido
por un llorón cual otro Adonis tierno,
tú que la Circe de este valle has sido?
¿Cómo piensas pasar el frío invierno,
a lumbre de papeles y palabras?
JACINTA (Éste dice verdad).
PINARDO ¡Gentil gobierno!
Tú lo verás cuando los ojos abras.
Veamos: ¿por qué dejas mayorales
por un pastor de cuatro o cinco cabras?
De los que ahora son más principales,
un mancebo que llaman Nemoroso,
de hacienda y talle juntamente iguales,
tiene por cielo aquese rostro hermoso,
por estrellas, tus ojos, y esa boca,
por paraíso del amor glorioso.
Si con honesta fe tu mano toca,
si le muestras amor, aunque forzado,
y en darle algún contento no eres loca,
mira esos montes llenos de ganado,
que desde aquí parece blanca nieve,
huertas, sembrados, viñas, hierba y prado,
y esas colmenas que de nueve en nueve
de ese cercado las paredes cubren;
que hacerte dueño suyo amor le mueve.
Por todo este horizonte no descubren
los ojos tierra en que no tenga hacienda.
JACINTA Mal la codicia y el amor se encubren.
PINARDO Éste es amor, aquésta sí que es prenda;
y no que, por seguir a un pobre y roto,
una loca mujer las suya venda;
si no puedes pasar sin un devoto,
búscale rico, y rico de buen talle,
aunque éste es el mejor de mi ruin voto.
Pobres parientes tienes en el valle;
solían comer de tu favor, solían;
déjaslos ya; ¿quién ha de haber que calle?
Otro tiempo sus casas guarnecían
de los ricos presentes de tu mano,
con que los mayorales te servían;
ahora, ¡por Apolo soberano!,
y yo el primero, de hambre están muriendo
por un rapaz, por un rapaz villano.
JACINTA No te vayas, Pinardo, enterneciendo:
no llores, que a tu edad es cosa impropia;
yo me conozco, y enmendarte entiendo:
mil veces, lo que dices, en mí propia
imaginado tengo y remediaros,
para que enriquezcáis en mayor copia.
¿Qué tal es ese mozo?
PINARDO De los raros
que con gusto formó naturaleza,
gran talle, bella boca y ojos claros;
y basta ser tan grande su riqueza,
para que no haya en él falta ninguna,
las galas son pincel de la belleza;
mas ¿para qué te cansa y te importuna
este indiscreto viejo?¡Ah, Nemoroso!
JACINTA Pues ¿dónde está?
PINARDO Detrás de esa laguna.
JACINTA ¿Quieres que así me vea?
PINARDO Ya es forzoso.

Sale Nemoroso, mayoral.

NEMOROSO Temblando, señora, allego
a tus ojos, cuya lumbre
me tiene abrasado y ciego,
por imitar la costumbre
de la que muere en el fuego;
mas no seré mariposa,
sólo en el morir dichosa;
fénix, Jacinta, seré,
que muriendo viviré,
de la muerte victoriosa.
Pinardo te habrá contado
al extremo que he venido
de sólo haberte mirado,
y el premio que he merecido
por el tiempo que he callado.
Si una fe, si un casto amor
merecen algún favor,
el no morir en tu olvido
es el remedio que pido,
que no para mi dolor.
JACINTA Nemoroso, era tan justo
satisfacer tu afición,
visto tu buen talle y gusto,
que el no te haber visto son
mi disculpa y mi disgusto.
No he sabido yo que aquí
vivía en pena por mí
un mayoral tan gallardo,
hasta el punto que Pinardo
me ha dado nuevas de ti.
Tarde vengo a conocerte,
pero no será muy tarde
para servirte y quererte.
NEMOROSO Yo, señora, estoy cobarde
e indigno de merecerte;
ni a tal cosa me atreviera
si el buen Pinardo no hubiera
lastimádose de mí.
PINARDO De velle, me enternecí
ayer en esta ribera;
que sobre la hierba echado
tantas lástimas decía,
que a compasión y cuidado,
como otro Orfeo, movía
los árboles de este prado.
Los cumplimientos son vanos
entre amigos y entre hermanos;
quien ama le ha de excusar:
de aquí no me he de quitar
primero que os deis las manos.
NEMOROSO Yo, ¿no ves que soy indigno?
PINARDO ¡Anda, loco vergonzoso!
NEMOROSO Paréceme desatino
que un humano, aunque dichoso,
se atreva a lo que es divino.
Si yo aquella mano toco,
¿no puede amor, como a loco,
castigarme con un rayo?
PINARDO Llega.
NEMOROSO A fe, que me desmayo.
PINARDO El cobarde alcanza poco.
JACINTA ¡Oh, cuánto mi voluntad
vence, humilla y satisface
una amorosa humildad!
PINARDO Dásela tú.
JACINTA Que me place,
aunque sea libertad.
PINARDO Di que ahora no la quieres
si penas por ella y mueres.
NEMOROSO Sí quiero, y desde este día
soy tuyo, Jacinta mía.
JACINTA Y desde hoy mi dueño eres.
NEMOROSO ¿Tu dueño? Tú lo serás
de cuanto hasta aquí lo he sido;
en fin, que tu fe me das.
JACINTA Por la que ahora te pido.
PINARDO Por ahora no haya más:
yo soy de todo testigo;
y por lo que aquesto digo,
es porque he sentido gente.
NEMOROSO Adiós, sol resplandeciente.
JACINTA Adiós, regalado amigo.
NEMOROSO Mañana, Pinardo, irás,
y cien ovejas muy buenas
a tu casa llevarás,
y diez jarras de miel llenas.
PINARDO ¡Vivas mil años y más!

Vánse Nemoroso y Pinardo, y sale Belardo.



Belardo El Furioso, Lope de Vega

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