agosto 24, 2011

LA SARRUJUANA Y EL SOBREPELLIZ DE LA JMJ 11 III








Las nenazas/ que no hacen obras de caridad/ huevones/ a qué esperáis/ a que venga la mala vera/ rompa la cáscara/ y se coma la fe.

Cómo puede la fe mantenerse con esa claridad desde la Reconquista Ibérica hasta el Descubrimiento de América, África y Asia y cómo nuestro pueblo es el que más la defiende y la hace brillar si no fuera por los socialistas y los comunistas.

Todos han hecho su papel en la vida, algunos han aportado ideas muy buenas al trabajo en equipo y otros que han desconocido el mensaje del curso y del trabajo han servido más al obstáculo y han colaborado con la paralización de la máquina y el abandono de la buena marcha de la colaboración porque perdida la fe no saben donde meterse.

No lo digas,/ no cometas pecado/ en tu muy libre decir/ está el pecado/ porque lo dijiste/ ya no tiene remedio/ vino el demonio/ a tomar posesión/ de la palabra/ del lugar/ de los otros/ y de ti.

Tengo un demonio dentro de mí/ al que he encadenado y encarcelado/ quiso tirarme por el precipicio/ y otras miles perrerías/ algunas las consiguió/ pero ahora está preso/ y es moruno y no me puedo fiar/ de nada me sirve estar indignado/ si él sale y se hace con la casa/ y mil tropelías/ como escupir a la Cruz/ y dejar de lado a Cristo.

Aquella moneda de euro tenía la efigie de Cibeles, madre de los dioses y del destino de los madrileños, y con ella compraste ayer agua en la noche madrileña de agosto y era como con la que el judío Nicanor tomaba el pelo dejando propina en Río Frío.

Veía por el Paseo de Gracia/ que yo en ese instante había perdido la gracia/ hasta que la recuperé en no sé qué otra estación/ sin saber por qué me había ido de ella por unos momentos/ y sí al recobrarla fue en el Metro de Madrid/ pasando por la Plaza de Castilla/ y una francesa de la JMJ 11/ exclamó señor qué buen español porque llevaba un fascículo de Jesús bajo el brazo y el evangelio de Mateo en mis manos en lectura apasionada/ y se cerraron las puertas a los demonios de la luna y que tenían su plaza en Sol.


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