mayo 19, 2017

LA FE, LAS OBRAS Y LOS MILAGROS DE SAN EULOGIO DE CÓRDOBA (850)

7. Según está escrito: "Id por el mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura. Quien crea y sea bautizado se salvará, más quien no crea, se condenará. Y las señales que acompañarán a los que crean son éstas: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, cogerán serpientes y si beben algo mortífero no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien. Ellos, a su vez, luego de partir, predicaron por todas partes con la colaboración del Señor y la confirmación de sus palabras con las señales que las seguían;  en otro lugar: "Id y predicad diciendo que se aproxima el Reino de los cielos. Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, purificad a los leprosos, expulsad a los demonios. Gratis lo recibisteis, dadlo gratis. Éstos fueron los primeros principios de nuestra fe; con la práctica de estos milagros, como en los comienzos de los niños de pecho, se confortó y nutrió su infancia, a fin de que con la realización de prodigios no solo aumentase la multitud de los fieles, sino también se robusteciese la fe de los creyentes. Y fueron como ciertos instrumentos y herramientas con los que se forman para su composición, ajuste y engarce joyas de oro y plata como collares, gargantillas y diademas reales.

8. Así pues, vemos que, en los principios de la fe católica, para que ésta se consolidase, se manifestó una gran profusión de prodigios y milagros con la colaboración de Cristo, y por ello los milagros no preceden a la fe o la fe cede ante los milagros, a cuyo efecto no se llega si no es mediante la fe. Así fue como el santo legislador Moisés, grande en fe, se hizo digno de conversar con Dios. Así fue como Abraham, que creía en Dios, mereció santificarse según dice la Escritura: "Creyó Abraham en Dios y le fue reputado como justicia y fue llamado amigo de Dios". Así es como los justos viven según la fe y todos los santos gracias a la fe "vencieron reinos, hicieron justicia, alcanzaron las promesas, cerraron las bocas a los leones, extinguieron la violencia del fuego, ahuyentaron al filo de la espada, curaron de sus enfermedades, se hicieron valientes en la guerra".

10. En efecto, tanto si los mártires de Dios brillan con milagros, como si libran su santo combate sin prodigios, nada importa, puesto que el Creador celestial solo les reclama esto, que, sin abandonar hasta el final su constancia y esperanza, consumen su lucha valerosamente, a fin de que, unidos eternamente a los catálogos de los santos, se regocijen por la perpetuidad de su salvación, pues dice el Señor: "El que PERSEVERE HASTA EL FIN, ése SE SALVARÁ".

12. Y: "Habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios o le dieron gracias, sino que se ofuscaron en sus pensamientos y su ignorante corazón se oscureció. En efecto, diciendo ser sabios, se volvieron estúpidos, ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y veneraron y sirvieron a su vanidad antes que al Creador, que es Dios bendito por los siglos. Por ello los entregó a su entendimiento réprobo para que hicieran lo que no conviene, repletos de toda iniquidad, perversidad, fornicación, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contienda, engaño, malignidad, chismosos, detractores, odiosos a Dios, afrentosos, altaneros, engreídos, inventores de males, rebeldes a sus padres, ignorantes, indisciplinados, sin amor, sin palabra, sin misericordia; ellos, aunque conocían la justicia de Dios, no comprendieron que quienes tales cosas hacen son DIGNOS DE MUERTE; no solo quienes las hacen, sino quienes consienten con los que las hacen".




APOLOGÉTICO DE LOS MÁRTIRES
San Eulogio de Córdoba
Año 850

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