May 13, 2017

EL OBITUARIO DE TANTO TODO PENDIENTE DE TODAS LAS INFORMACIONES

Bajé el nivel de presencia y de ruido personal. Bajé el nivel de la música para que no me oyera mi vecina. Disminuí el número de salidas del whatsapp. Salí menos a la calle y cogí menos autobuses y metro. Dejé de asistir a los oficios religiosos en que iba a diario. Dejé de mezclarme con la gente e hice la compra al amanecer y en la hora de la siesta. Dejaron de tener noticias de mí y me dediqué a dormir como la Gata Jifa. ¡Dije Adiós a tanto estúpido metomentodo pendiente de todas las informaciones y los shows!

El mundo iba para abajo. Todo eran separaciones, crímenes y desgracias. No tenía sentido poner la tele para angustiarme con las noticias. Se daba la saturación en todo. Todo con colas en la calle. Y se suponía que trabajabas para esta gente. Millones de individuos como una carne correosa en los transportes públicos de un lado para otro sin atisbos de belleza ni de bondad. ¡Los niños estaban resabiados sabiendo ya de todo menos de valores de dignidad!

Nadie podía mantener el tipo. Nadie se sentía bien. Nadie recordaba su transcurrir grácil y regordete amoroso sin hinchazón de grasa por la vida. Parecía que había cristalitos en un suelo movido y empujado por la gente. ¡Echaba en falta la estatua del monje budista ausente de todo esto!

Por si fuera poco me llamaban a casa los de la publicidad mordedora de ofertas de dinero. Querían introducirse dentro de tu casa. Empecé a bajar persianas y cayeron del cielo las murallas de mis lares. Bajé aún más el nivel de la radio e hice el silencio y así reflexioné mejor. ¡Todos estaban metidos en interferencias de los enchufes de la casa!

No te signifiques y toma distancia de ellos me decía en mi interior teresiano. Haz la compra de cosas buenas y aliméntate bien. No acabes en lobo estepario para regocijo de las de la oficina. Mantén en perpetuo estado de orden y limpieza tu hogar. ¡Vives con tu fémina la oscense Maria Mercedes!

Baila y corre todos los días cinco minutos sobre la baldosa del salón. Recoge la pelotita cincuenta veces para disminuir el abdomen. Escucha sin pavor los golpecitos externos y los gritos urgentes de los vecinos en tus paredes. Pero sal como flecha a la calle a hacer algún recado que edifique tu perfecta armonía. Todo esto que pensaste cuando al cruzar la calle te topabas con veintitrés ciudadanos sucedió en un día plomizo blanco sobre Madrid con el público de mente cerrada en la estacada de la acera. ¡Decidiste concentrar tu mente en la esencia de un madridista harto de la corrupción del término persona que iba a visitar por primera vez el cementerio de la Sacramental de San Isidro!

Decidiste no hacer uso de términos religiosos para aclarar la situación. Te tapaste los oídos con pelotillas de algodón, te pusiste gafas oscuras de sol y mucha gente quedaría excluida de tu esquema global que llevarías en análisis al terminar la jornada para la cama donde reclinar la cabecita cansada con tu compañera de penas, de corrientes de aires y rincones del frío del Madrid el del Sol. ¡Además te esperabas el Apocalipsis de la ciudad empobrecida y envejecida y la gente del hambre ya a las puertas!

Ningunas drogas, ni bebidas espirituosas ni estimulantes para afrontar la situación. Los dabas a todos por perdidos y de almas desasistidas de la paz necesaria para no molestar ni hacer daño al prójimo. Tú que sufrías con todos, que te dolía en mundo e ibas para misántropo. No decidiste arrancarte los ojos pero sigiloso te encaminaste a tu madriguera familiar kafkiana y pessoana. ¡No más contactos externos ni intromisiones en casa!

Tú mismo habías participado de los despojos de esta lucha a brazo partido en los últimos coletazos de la crisis. Apaga la radio y sé tú mismo es el final. Sal a la calle para hacer cosas objetivas pero olvídate del ocio. Trata de mantener tu inteligencia y de huir de los estúpidos por todas partes como zombis y marcianos. Desconecta el ordenador y ahórrate la luz. ¡Ningún gurú se erige como modelo a seguir en los pasos metálicos y compartimentados de la gran ciudad ni los políticos resultan creíbles más que como técnicos de iluminación del Circo Mundial!

La gatita Jifa pedía caricias y darte mordisquitos en la palma de tu mano. Había que abrir las ventanas de vez en cuando a que entrara la brisa del día. Observaba el árbol frondoso de verde enfrente de mi ventanal esperando que al pobrecito no lo podaran pasado el mes de marzo. Los coches apestosos metiéndose por todos los recovecos de la carretera de la Comunidad de Madrid. Las bicis asaltando a los peatones inadvertidos de sus dos ruedas y mucho rodar que eran el signo de la evolución del hombre. Oí que había un estado del Tao y del Zen para quedarse tranquilo de los avatares y múltiples necesidades de la vida moderna. ¡Me fabriqué un búnker y una bandera de papel con la estampa de la Virgen de Lourdes para ponerla en la estantería de los muchos libros releídos sin dar con la solución a este problema entre Alcalá y la Gran Vía! ¡Y sin pausas de meditaciones a rastras con la alcaldesa Carmena y la presidente comunitaria Cifuentes!

Demasiado feriante, demasiado artista y demasiados golpes en mi vida. Voy a soltar lastre de protagonismo y escenificación que no sé de qué mal ejemplo imité en mi juventud. Mayor concentración para los asuntos de mi vida y las corrientes de las cloacas del Manzanares de todos los quisquis. Aunque parezca poseído por un demonio terso e hierático no voy a mover un dedo por los fuegos artificiales de la plaza del Cascorro. ¡Me veo más solitario en esta mi decisión de destino final y de aislarme de los medios sociales y de la gente, que hace bulto de cómo no unos oscuros intereses!

Todo es transitorio
Nada se sostiene.
¡Me sostendré yo!

Dicen que parezco gilipoyas. Pero yo creo que Dios existe y me ha hecho tener que ver algo con la gente que ha rozado mi destino. Gente que se ha dedicado a sablear a toda la gente de alrededor y otra que ha ido a la deriva y se ha quedado varada en los acontecimientos y hasta el tiempo parece rodeado de laxitud. Dios quiere que esté en un sinvivir clamando socorro y auxilio para así aparecer en mi vida. Al igual que me encuentro con la cabeza más hecha al tomar pescado al horno con limón. Lo que busco es tener un buen tono de salud. ¡Mira por donde sale el Jorge!

Cuando haces cosas demasiado inútiles en la vida la Muerte te da caza en el paseo de la mañana. Hay un hombre de lluvia y un hombre del paraguas que pasan de todos menos de perder el dinero y la pensión. ¡Echan el freno y la marcha atrás a los acontecimientos de masas que se perpetúan en el mundo!

Siempre me he sentido como un borderline fuera de la circunferencia donde están en bolsa plácida todos. No me siento madrileño pero estoy como Goya delineando la conciencia de esta ciudad. Que se pueda convivir. Que nadie ni nada altere la tranquilidad de este Purgatorio para que no ceda el piso y caigan más al Infierno.








[continuará]


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