enero 12, 2017

LOS PRIMEROS GUÍAS DE SANTA TERESA DE JESÚS (1482-1562)

FRANCISCO DE OSUNA (1492-1540)

Es autor del Tercer abecedario espiritual (Toledo, 1527) que fue la primera guía mística de Santa Teresa.

Hasta tal punto llega esta influencia que el estudio más importante sobre este autor lo califica de "maestro" de la Santa. Lo que más vivamente fue su exposición acerca del recogimiento. Osuna distingue entre el pasivo (el alma se adentra en sí misma por medio de la acción de Dios) y el activo (que depende de la voluntad humana).

Es el Primer Tratado de Mística escrito en español con huellas de SAN AGUSTÍN y SAN BUENAVENTURA. También sigue a los místicos alemanes.

El recogimiento conduce al conocimiento de Dios. Un conocimiento esencialmente amoroso del alma que está purificada por las virtudes morales, alumbrada por las virtudes teologales y perfeccionadas por los dones del Espíritu Santo y las bienaventuranzas evangélicas.

Bataillon habla de las posibles conexiones de esta mística de recogimiento con la corriente de los alumbrados que profesan el dejamiento. El motivo por el que la primera no fue objeto de la censura inquisitorial es que la profesaban religiosos muy imbuidos de la tradición cristiana que no se dejaban arrastrar hacia la doctrina quietista y procuraban distinguirse cada vez más de los dejados que iban mucho más lejos al considerar que lo único que hay que hacer es "dejarse" al amor divino, de forma que se está exento de todo pecado, mortal o venial. Esta creencia de la impecabilidad que da el amor es sumamente peligrosa.

Osuna no considera que la vía espiritual sea exclusiva de los religiosos por eso dirige sus enseñanzas a las gentes del siglo XVI. Se basa en un ascetismo moderado. La penitencia y mortificación es necesaria en toda vida espiritual pero en exceso puede resultar más perjudical que favorable.

En varios aspectos la mística de Osuna diverge de la carmelitana. Para un estudio detallado de los puntos de fricción, así como de las huellas concretas que, a pesar de todo, deja el franciscano en la obra de Santa Teresa y San Juan de la Cruz, aconsejamos el trabajo de Cilveti (Ime, 158 y ss.).

En lo tocante al estilo hay que destacar la exuberancia de pensamientos que brotan atropelladamente sin someterse a un orden. Peers señala [Me, 26] que carece de dotes de exposición ordenada. No solo se extiende excesivamente antes de llegar al tema principal sino que después lo deja de lado y va volviendo a él continuamente. A pesar de ello, no sería justo calificarlo de estilo confuso, sino simplemente desordenado.

Hay un intento en su prosa de acercarse al receptor, para lo cual evita hacer ostentación de sus muchos conocimientos. Antes bien al contrario, a guisa de buen predicador, utiliza metáforas comunes y ejemplos tomados de la experiencia que puedan ser comprendidos por todos. Siente una especial inclinación por las imágenes de contenido afectivo.

Este libro es una guía de gran utilidad para aquéllos que desean iniciarse en el camino de la mística. El autor muestra su vocación de director de almas y su espíritu contemplativo a un tiempo.

Aunque el Tercer abecedario es su obra fundamental tiene un total de cinco abecedarios e incluso se le ha atribuido un sexto que algunos, entre ellos Cilveti [Ime, 157], consideran apócrifo.

Ley de amor santo (1530) es el compendio de toda su doctrina. Revela un profundísimo saber teológico expresado por medio de un estilo elocuente y lógicamente sistematizado. La idea base de la obra es la superioridad del amor a Dios sobre todas las demás virtudes.



BERNARDINO DE LAREDO (1482-1540)

Es otro de los primeros guías de Santa Teresa de Jesús y, al igual que la obra de Osuna, su Subida al Monte Sión por la víacontemplativa (Sevilla, 1535) es un libro clave para entender la mística española. El concepto esencial que se encierra en él es el de la "contemplación quieta", el no pensar en nada para lograr la auténtica unión con Dios. Es un contemplativo genuino.

Ya hemos hablado del problema que plantea Bataillon acerca de las conexiones de estos autores con las doctrinas quietistas. Concretamente el libro de Laredo fue considerado culpable del movimiento de alumbrados que se desencadenó en Llerena y Jaén.

El libro está dividido en tres partes dedicadas a las tres vías tradicionales, que representan diversos grados del amor divino. Laredo aporta a la mística española dos conceptos tomados de HERP: la Humanidad de Cristo como tema de contemplación y el rechazo de toda consolación al margen de Dios.

Desde el punto de vista literario adolece de algunos defectos: es reiterativo, cae con frecuencia en la monotonía al insistir demasiado en las comparaciones bíblicas; a veces el estilo se vuelve confuso, a lo que contribuye en buena medida el abuso en las digresiones. No obstante, no se le pueden negar algunos momentos de extraordinaria fuerza expresiva y que, como apunta Peers, a pesar de que acude con frecuencia a los Santos Padres, "habla con su propia voz y con la tranquila autoridad de la experiencia". Coincide esta apreciación con la que hace Cilveti de que "el lenguaje de Laredo tiene la cualidad de transmitir al lector su personalidad sinceramente humilde".



SAN PEDRO DE ALCÁNTARA (1499-1562)

Es quien deja una huella más profunda en Santa Teresa pero no tanto por su obra literaria como por la ejemplaridad de sus costumbres. En el Libro de la vida de la santa hay constantes alusiones a él. Su existencia es un verdadero modelo de austeridad y santidad. Escribe el Tratado de la oración y la meditación (Lisboa, hacia 1560), un libro concebido para el pueblo por la gran claridad con que está escrito. Fue muy leído en su tiempo por su brevedad y por el sencillo fervor que trasciende de sus páginas. Sabemos, porque ella misma nos lo dice, que Santa Teresa recomendaba a sus monjas la lectura de este libro.

Es en realidad una adaptación de la obra del mismo título de FRAY LUIS DE GRANADA para cubrir las necesidades de las almas devotas y sencillas que aún no han alcanzado la perfección. A diferencia de los de Osuna y Laredo, es modélica por su orden, concisión y claridad.

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