enero 15, 2010

PALIATIVOS A LA CRISIS

Las ocho horas de tarea absurda en los años más fértiles de nuestra existencia tienen como recompensa una jubilación. Valía la pena obedecer las órdenes déspotas si llegaba luego este merecido descanso antes del umbral de la vejez. Este esfuerzo continuado ya no asegura el Estado de bienestar y los ciudadanos vamos barriéndonos unos a otros por las calles en una lucha frenética por sobrevivir. Rendidos por las horas extras, que no nos pagan, tenemos que acostarnos pronto para que al día siguiente no nos las den todas en la cara. Nos toman por conflictivos si pedimos justicia cuando los jefes nos exigen posturas como el servilismo, cuando unos pocos altos magnates prepotentes nos imponen la genuflexión. Pues cuando a una persona le han quitado su dignidad todo le da igual.

(Cartas a YA, mayo 1996)

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