enero 31, 2010

HOMENAJE A JUAN BLANCO DE SEDAS


El Maestro andaba con su bastón,
y en cada empuñadura en el suelo,
el discípulo impedía el paso del bastón.

Hizo retroceder al maestro tres veces
y la mirada de ambos se cruzó.

Y dentro del Ágora,
el maestro jugaba a aplastarle el pie al discípulo
con su bastón, pero sin darle,
aunque él retiraba el pie asustado,
pues con vergüenza de no merecer tal confianza,
retiraba el pie.

El maestro se asustó al ver su paso interrumpido
por el pie del alumno, y el alumno,
ante verse tocado por el bastón del maestro, su sostén.

En lo distraído del maestro, el alumno le avasallaba.
En lo fijo y meditativo, el alumno huía.

Y sentía haberle ofendido.

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