septiembre 06, 2011

LA ARAÑA DE LA URSS: MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN

Gide viaja por la URSS y a su vuelta publica Retour de l´URSS, que escandaliza a la izquierda y le obliga a contestar a los ataques con un Retouches a mon “Retour de l´URSS”, libros ausentes de la cultura española hasta la edición de Mushnik Editores de 1982.

¿Qué cuenta Gide a su regreso de la URSS para provocar tanto escándalo? Estamos en 1936, ya han empezado las purgas derivadas del asesinato de Kirov, pero en el resto del mundo o se contemplan como un “ajuste de cuentas entre bandidos bolcheviques” o se interpretan como un inevitable proceso de depuración revolucionaria dura, pero magistralmente conducido por Stalin.

Han sido médicos, ingenieros los ejecutados
Muerte a los que ponen en peligro las conquistas de Octubre.
Muerte a los saboteadores del plan quinquenal.
A vosotros, Juventudes Comunistas,
Barred el detritus humano donde se refugia
La araña encantadora del signo de la cruz.

Louis Aragon firmaba este poema en 1931 tras el conocimiento de las depuraciones del llamado “partido industrial” y, cuando matan a Kirov, Aragon le llora de tal manera que con sus lágrimas poéticas contribuye a regar la planta de la represión. Veinte años después, tras las revelaciones del XX Congreso, Aragon poetizaba la amargura que le causaban sus palabras corresponsables con el stalinismo: “Es como si las palabras pensadas y pronunciadas/ ejercieran para siempre un poder de chantaje”. Gide no ha necesitado esperar tanto tiempo para ver con sus dos ojos de “burgués individualista”. Escribiría Gide en 1936: “La URSS está “en construcción”, es importante repetirlo constantemente. De ahí nace el interés excepcional de una estancia en esa inmensa tierra en gestación: pareciera que uno contempla allí el alumbramiento del mundo. Lo bueno y lo malo se mezclan en este país; debería decir: lo excelente y lo peor. Lo excelente se consigue a menudo al precio de un esfuerzo inmenso. No siempre ni en todas partes ha conseguido este esfuerzo aquello que pretendía: aún no. A veces lo peor acompaña y se adelanta, a lo mejor; casi diríase que es su consecuencia. Se pasa así de la luz más intensa a la sombra más oscura con una brusquedad desconcertante. Suele ocurrir que el viajero, siguiendo convicciones preestablecidas, se muestre sensible únicamente a una u otra cosa. Ocurre demasiadas veces que los amigos de la URSS se nieguen a ver lo malo, o cuando menos a reconocerlo, de ahí que, con excesiva frecuencia, la verdad sobre la URSS se diga con odio y la mentira con amor”.

Se cura así en salud para empezar el relato del viaje. Se entusiasma ante el fervor constructivo de los trabajadores, se emociona ante el esfuerzo del estado por educar a las nuevas generaciones, valora las construcciones, aunque no puede ocultar su disgusto por la nueva arquitectura de Moscú, definitivamente dirigida por el gusto staliniano. Es consciente de que “lo pasean” ante las mejores realizaciones, a la manera del “potemkinismo” tradicional, pero cuando entra en contacto directo con la juventud revolucionaria, capta su entusiasmo y una desmedida confianza en el potencial soviético, unida a un menosprecio hacia lo exterior casi tan grande como el desconocimiento. “Al volver de Leningrado resulta más impresionante todavía el desgaire de Moscú. Ejerce también su acción oprimente y deprimente sobre el espíritu. Los edificios, salvo raras excepciones, son feos (no sólo los más modernos) y no mantienen congruencia alguna los unos con los otros... Aun así Moscú sigue siendo, pese a su fealdad, de lo más entrañable. Vive poderosamente. Dejemos de mirar las cosas. Lo que me interesa aquí es la gente”. La gente hace colas. Gide trata de comprar algunos regalos y todo lo encuentra horrible, pero espera que de la cantidad nacerá la calidad. Lo que le parece más grave es la abulia general, en contradicción con el entusiasmo productivo del stajanovismo. “El stajanovismo resultaría inútil en un país donde los obreros trabajaran”. Le molesta que se tienda a tener sólo una opinión sobre cualquier cosa y que “estar en línea”, no disentir, signifique estar de acuerdo con lo que dicta Pravda. “¿Es ésta la gente que hizo la revolución? No, es la que se beneficia de ella. Cada mañana Pravda los alecciona sobre lo que es necesario saber, pensar y creer”. Sobre la prepotencia del “saber revolucionario” aporta distintos ejemplos, pero ninguno como el razonamiento que le ofrece un joven estudiante para desdeñar todo el saber extrasoviético: “Unos años atrás, Alemania y los Estados Unidos podían todavía enseñarnos algo. Pero hoy en día ya no nos queda nada por aprender de los extranjeros. ¿De qué sirve entonces hablar su idioma?”


(Del libro Moscú de la Revolución)

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