septiembre 06, 2011

EL ÁNGEL DEL PUENTE CARLOS: GUSTAV JANOUCH

Paseo por el puente Carlos, paso por delante de la torre del puente Judith y, a lo largo de la calle Saská, llego hasta la plaza del Gran Priorato. Desde allí, atravesando la calle Prokopská, llego al Mercado de Huevos, hoy llamado plaza Trzisté. Recorro después la calle Bfetislavova y, subiendo los anchos escalones de Jánsky Ursek, llego a la calle Sporkova. Bajo por ésta hasta la calle Trzisté y llego al tranvía.

Durante el paseo, Kafka me explicó el significado de las estatuas que flanquean el puente, me llamó la atención sobre varios detalles y me mostró los antiguos blasones de las casas, sus puertas, ventanas esculpidas y obras de forja. En el puente Carlos me señaló con la mano derecha un pequeño ángel de arenisca que se tapaba la nariz con los dedos detrás de una estatua de la Virgen María.

- Hace como si el Cielo apestara -dijo Kafka-. En cualquier caso, para un ser celestial como un ángel todo lo terrenal debe de tener un olor muy malo.
- Sin embargo, la estatua a cuyos pies se acuclilla el ángel -dije- es una imagen de la Madre de Dios.
- ¡Precisamente! -exclamó Kafka-. No hay nada más terrenal y al mismo tiempo más supraterreno que la maternidad. Con el dolor del parto se planta en el polvo de la Tierra un nuevo destello de esperanza y con él una nueva posibilidad de felicidad.

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