julio 09, 2011

EL ROSTRO DE DIOS I








Como una tela sobre nuestras cabezas igual que una Musa Medusa, así Dios nos envuelve y está esperando nuestros días, a que pase el oleaje de nuestras vicisitudes y volvamos a Él, así con sus tentáculos nos va urticando y avisando, que aunque sea el mismo agua de la vida debemos protegernos del Cielo, y que si jugamos en las orillas de sus terrenos, debemos pensar que Él nos considera como algo muy querido suyo, y que por ninguna marejada nos libraremos de sus procederes.

El hombre de la máscara encerrado en París, qué oscuro secreto guardaba sino el poder sustituir a alguien con poder, así todas las máscaras de la tragedia griega vienen a personarse ante Europa con la risa de Esténtor de sus vicios y virtudes, de su epicureismo y de su falso estoicismo, de su cinismo y el sofismo del capital y del cristianismo que abandonó en su Carta Magna y así cómo pretende salvarse de la invasión de la barbarie.

Estamos reacios a estar con Dios, nos pesa la preocupación nuestra de estar perdiéndonos las cosas, además queremos una satisfacción inmediata de nuestros afanes más básicos y de nuestros deseos más externos, pero nuestro yo interior no quiere asumir que si Dios hizo grande a América puede hacernos grandes de gracia si pasamos más tiempo con Él en la oración continuada hasta el desmayo y el aturdimiento de tenerlo dentro inflando la vida con los demás y que nos guía con vigorosidad que rezar no es estar haciendo nada sino todo lo contrario es estar paginando las tareas, recados y labores del curso.

La boca de Dios está perforada de tantos abandonos, los ojos de Dios están arrancados de contemplar tanto dolor, como si del Vate Homero se tratase sigue construyendo el hilo narrativo de nuestras vidas y a pesar de todo como un Sócrates Burlón le gusta reír con nosotros cuando sabe que tenemos familia y traemos nuevos hijos al mundo.

Si nadie puede ver a Dios, Dios no necesita verse en el Espejo de su Creación y es ciego, pero no es así porque Él disfruta de su belleza y los humanos frentes claras participan de su lumbre, Dios no tiene el rostro desfigurado de la Duquesa de Alba, no así los verracos sociatas que no tienen rostro de la impiedad, la Luz Gaditana tampoco es el brillar de Él, pero quizá sí Dios sea muy Andaluz y resida en Granada.

Cuando estás en apuros un Padre acude, cuando la soledad y la angustia te aprieta un Padre acude, cuando eres insoportablemente malo un Padre castiga, hay cosas que Él castiga inmediatamente, pero un Padre amoroso está a la procura de que no te pase nada y de que no corras peligro, y en lo que no pueda estar se lo confía a los ángeles, y este Padre te ama cuando más inocente y bueno seas aunque recele de tu inteligencia y perdona si aprendiste la lección pero nunca más te dará lo que le pediste y te hizo daño.

Dios es paciente,/ es benigno,/ no es envidioso,/ no hace mal,/ no se ensoberbece con rayos y truenos y desgracias,/ no es ambicioso,/ acierta a pensar,/ pensando crea,/ no se huelga sobre la maldad como nuestro demonio particular,/ gózase en la verdad,/ todas las cosas sufre si son de sufrir,/ cree en las cosas que se deben creer,/ todas las cosas espera y todas las cosas sustenta,/ es a saber,/ la misma Caridad,/ y en estas obras está su cara/ y demás ciencia.

Dios siempre está con nosotros, y si no estuviera con nosotros no existiríamos, en las buenas y en las malas situaciones está con nosotros, no se puede ir humilde, hay que ir elegantemente vestido con la aureola de la limpieza e importancia como el lumbroso Papa con la ropa limpia e impecable.

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