julio 22, 2011

EL AMANECER DE IRLANDA

Dios quiere amarme, Dios quiere que ame a las mujeres, que extienda mis manos con gracia sobre ellas y que me regodee besándolas y abrazándolas y enrollando las piernas, la mujer bella es la que es madre gentil en su corazón desde su más tierna infancia y el varón que ama a Dios lo demuestra amando en sus criaturas a la zagala que es su estrella matutina y el ocultamiento de nuestros placeres en el campo verde de Irlanda.

No debo desconfiar de ella y ella no debe temer que yo no la ame, debemos reírnos porque la puerta es más abierta como nuestros ojos golosos que cerrada, nuestras bocas están dispuestas para los besos, nuestras mejillas se deslizarán como en suaves sueños, la carne está preparada para el cielo que sostenemos, somos libres y de hermosura demostrada y a nadie hacemos daño si nuestras almas se ligan para llegar mejor a Dios.

Mi corazón y mi carne se gozaron en Dios vivo.

Los cuerpos hinchables y la carne hinchada,
Los bultos sospechosos de amor
La lengua carnosa insaciable
el musmo balanzeándose en montarte
los brazos tapando los pechos, y queriendo agarrar los tuyos
la llama en la punta del pene
el ardor de los sexos que se juntan
el ardor de la pasión de los ojos restregada
el restriego de un cuerpo con otro
la libertad de la locura divina
dos seres desnudos de ropa queriéndose mucho
beso mucho, mano tuya, beso mucho, mano mía

La maravillosa magnificencia de la mujer de poder ser madre, con todo el placer a resultas del amor oculto, que da como fruto los hijos tan amados de ver por Dios y la aseveración de mantener la llama sexual en candelero, desnuda y cubierta de cera y llama, de velón y aguamanil íntimo y fiel a él.

Los nacidos andan libres clamando en este valle de lágrimas porque nada les da el descanso eterno y porque nada les lleva a remansos de paz, porque todo se empeña en ahogar la poca y encerrada vida que se muestra en nuestros días y porque nada merece alegría feliz que nos haga reír y alcanzar la dicha con la amada que se nos alza en el venir y que se nos arrejunta en lo que se parece a nosotros y demuestra querer ir por todas y más allá de nuestros placeres secretos y sagrados.

Qué quieres gozar, codicias los bienes ajenos, piensas que en las riquezas está el poder de creerte superior a todos, alma floripondia, quieres verme caer, te gozarías en verme caer, y tú me quieres a mí para deshacer, yo paso de ti, y quiero a Dios para facer y eres bicha para mi sosiego y mis propósitos de mejorar en los demás, como doctor de cuerpos y de almas, siento cátedra si te alejas y si te pierdes mejor para todos.

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