julio 10, 2011

EL ROSTRO DE DIOS II








La neblina que nos bloquea y nos hace cambiar de pareceres e incluso ir contra lo antes propuesto pero así se va avanzando en el proyecto hasta llegar a la meta que nos pide nuestra entelequia intelectual y que no es sino comunicar a los demás los conocimientos que les puedan ser útiles para no bloquearse y salir al paso de los pequeños y grandes problemas materiales, sociales, metafísicos y religiosos, en el cauce de la libertad de opinión y su contraste con el sentir general para evitar las caídas y su retroceso.

Puedo morir sin llegar al ángel que me hubiera comunicado con Dios porque el cuerpo es demasiado pesado y es una rémora de asuntos de sus necesidades para llegar a Él, pero si espabilo el entendimiento le puedo tener sujeto con cadenas y bien atado tente tieso que no se mueva en sus caprichos, y así poder penetrar en el conocimiento y más próximo avistamiento de Dios.

No tengo conciencia de mí ni si tengo altos vuelos, pero Dios me quiere eso lo sé, y no me importa lo que los demás opinen de mis acciones, si hago lo que manda la ley interna cristiana, decir lo que está bien y lo que está mal y hacer lo que está bien en todo momento y más allá del mal con el bien y más allá del bien con mucho más bien y así vivir en paz en todo lugar donde esté.

Muchas personas piadosas no tienen el aire fresco del amor y la frescura de la sonrisa, sus movimientos no son alegres sino inertes, encerrados y cansados en su icono de subida autoestima que no ve en el otro un hombre de carne y hueso que como sufre también se alegra con los pequeños placeres que le da al cuerpo, y ya no digo si es deportista y joven y su oración es ser buen estudiante.

Las personas religiosas y comedidas en amor a Dios dejan un halo de satisfacción en su casa y en los lugares por donde pasan como si la atmósfera se transformase y sus buenos espíritus insustanciales florecieran así esa fragancia feliz impregna las formas de los que conviven con estos seres felices porque aman mucho a Dios y por nada dejarán de amarlo y Dios entra por la puerta y ventanas y acompaña a los de esa casa.

Dios es una cosa admirable de ver, que se puede intuir en el efecto que deja en nuestras almas, porque no queremos convivir más que con Él, porque se nos refleja con eterno amor, porque habita en los rincones más insospechados, porque nos puede cegar desde una nube, y no le demos tanta importancia a nuestra mente sino a sus designios pacientes que debemos distinguir de las tentaciones del demonio a las que hay que poner cerco y hacer guerra para estar más con Él.

Si yo recuerdo a Dios, si recuerdo todo lo que me ha dado, si no le olvido ni lo dejo de lado, si me entretengo en saber que existo con su compañía, y si me mantengo limpio haciendo el bien, por qué Él no desde lejos va a procurarme lo mejor para mí y para mi familia, y por qué desde cerca no va a estar dentro de mi casa en las distintas moradas de nuestros quehaceres y no va a estar en todas nuestras pequeñas partes de andanzas.

Hay un momento en tu vida en que llegas y si no estás unido a Dios todo se derrumba y es imposible levantar la vida porque todo lo nuestro y lo que habíamos adquirido gracias a Él ahora en su ausencia en nuestra vida sabe a amargo y las fuerzas que nos daba la fe y la esperanza huyen de nuestro cuerpo que se está desustanciando y solo más oración puede llenarlo de Dios y de su vida viva.

Dios está triste, Dios llora mucho,/ quiere la amistad con nosotros pero no le gusta vernos desapegados y locos por las cosas con las que jugamos olvidándonos de su Creador,/ Dios guarda el tiempo en la manga pero lo hace salir en la velada oportuna de cambio/ y viene a nosotros los que estamos desocupados de todo pensamiento que se goce en la materia/ porque Él debe ser primero en nuestras mentes para salir airosos.

No quieres rezar porque no quieres estar junto a Dios, de un manotazo cierras la puerta de la comunicación con Él y haces huelga de oración, parece que otra música celestial suena en tu cabeza que no es la de Él, que como siempre es calma, justa, atemperada y silenciosa.

Oigo los cascanueces y no me entero de los que derriban templos y lápidas, Dios ensordece mis oídos con esta melodía para que no sufra el derrumbe de las casas y familias, para que no oiga el masticar de los animales que le disgustan, para que en mi interior haya el silencio de Dios que escucha sus pequeños misterios y juicios que hacen cavernas en mi mente y yo pueda no salirme del carril de los perfectos que prosperan y reparten sus bendiciones.

Si me dijeres que todo lo leído no valió para nada, que no valió la pena todas nuestras conversaciones y todos nuestros trasiegos, que la linterna de la mente se detuvo ante el hecho de otorgar el premio honroso del reconocimiento al que tenía la verdad te llamaría falso y anticristiano militante Judas Marxista tan a gusto en tu puesto del Estado.

Hay algo que estaremos haciendo mal para encontrarnos así, los parados, los insultos nacionalistas, las hipotecas de los bancos, los inmigrantes, la malaeducación, la ausencia de Dios en la ciudad, el excesivo calor, la mala alimentación, la casa sin barrer, el coche roto, la cartera sin consumo, la general animadversión y los socialistas en el poder perdiendo el tiempo precioso para recuperarnos y ponernos en marcha.

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