marzo 29, 2016

SOBRE LA FALSA VERGÜENZA Y APRENDER A DECIR NO DE PLUTARCO

El rostro se trastorna y se debilita junto con el alma.

No permite ni siquiera mirar de frente a los solícitos.

Adulando ella al sensible a la falsa vergüenza como si tuviera una mente amable, sociable y considerada hacia todos y no inflexible ni severa. Por eso los estoicos distinguieron desde siempre, incluso mediante el término, el avergonzarse y el sentir falsa vergüenza del sentir pudor, para no dejar siquiera a esta pasión un pretexto de hacer daño por su homonimia.

Pasión dañina, que nada dañino es conveniente y que ni siquiera, encantado por los elogios, debe gozarse con ser llamado amable y simpático en lugar de grave, grande y justo.

Entregarse y rebajarse ante los solicitantes por el temor de oírse motejar de "duro y cruel".

Y la falsa vergüenza al ponerse sobre los débiles y cobardes, sin dar fuerza para negar ni contradecir, aparta a los jueces de la justicia, cierra la boca a los que están en consejo y obliga a decir y hacer muchas cosas no deseadas.

Por eso, como un terreno llano y blando, la falsa vergüenza, al no poder rechazar ni apartar ninguna ocasión, es accesible a las peores acciones y pasiones.

Pues es ésa un mala guardiana de los años infantiles, como decía Bruto,  quien no le parecía haber pasado bien esta etapa de la vida el que no se hubiera negado a nada; es mala administradora de la alcoba y de las habitaciones de las mujeres (me persuadiste, me sedujiste con tus halagos).

De tal modo la falsa vergüenza, corrompiendo por añadidura la intemperancia, entrega sin resistencia a los sitiadores la plaza sin fortificar, abierta y accesible.

Y omito los perjuicios producidos en las fortunas por obra de la falsa vergüenza, cuando prestan a aquellos en quienes no confían, dan fianza contra su voluntad, y alabando el proverbio "La fianza es una desgracia".

No sientas falsa vergüenza ante quien te odia ni le lisonjees si parece confiar en ti. Pues cuando le convides, te convidará y cenarás con él, si él ha cenado ya contigo, por haber renunciado a la vigilante desconfianza, temple ablandado por la vergüenza (serás degollado).

Huye, escapa ante los intimidadores y violentos, y cierra los oídos a las lisonjas (te veré en otra ocasión porque ahora no tengo tiempo)

No creo en absoluto difícil ni poco amable escuchar en silencio en lugar de hacer indignamente alabanzas en contra de lo evidente (que no te gusta, que no es correcto)

(por falsa modestia buscamos familiares y amiguetes para resolver nuestros asuntos en vez de ir a los expertos, debemos desechar a los que no valen pero que nos intimidan y se entrometen)

(alojarnos en una mala fonda porque nos han saludado muchas veces... cuando debemos elegir lo mejor)

Y le sucede a la falsa vergüenza el caer en el fuego por huir simplemente un humo de mala reputación. Pues, por reparo de oponerse a quienes les causan sin razón falsa vergüenza, la siente verdadera después ante los que hacen reproches con justicia, y por temor a un ligera censura soportan con frecuencia una vergüenza manifiesta)

(aprender a decir no y persuadir a los necios con frases ilustres y honestas)

En efecto, no es vergonzoso el no ser omnipotente. En cambio, el meterse en tales empresas e intentar forzar las cosas, cuando uno no puede o no tiene aptitudes de nacimiento, añade la mayor pena a lo vergonzoso.

¿Qué dices, insensato?¿Ése, aunque obra contigo desconsiderada e injustamente, no siente temor ni se avergüenza, y tú, sin embargo, no te atreves a plantarle cara a favor de la justicia? (con el malvado arma útil es la maldad)

La envidia sigue al poder... (acierta el que incurre en la envidia por los fines más altos)... aceptamos la animosidad para no caer en su envidia y nos rebajamos de valor y de dignidad y no respetamos a nuestra persona, y no somos asertivos)

Con tal de ser llamados misericordiosos, humanos y complacientes... tomamos contacto con hombres viles que no son gente de bien.

Guárdate de semejantes (con arrepentimiento y remordimientos) como los caminantes que tropezaron con una piedra o los timoneles que han zozobrado en un bajío si mantienen el recuerdo.



Sobre la falsa vergüenza, Plutarco

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