marzo 09, 2016

POR QUÉ VAMOS A LAS QUEDADAS DE SINGLESMADRID

"Pues bien, por la mañana Timoteo, percatándose de la diferencia, dijo que los que cenaban en casa de Platón se encontraban bien incluso al día siguiente; pues, en verdad, gran viático de bienestar es la armonía de un cuerpo no empapado en vino, ágil y dispuesto sin temor para cualquier actividad; pero esto otro nada inferior les ocurría a los que cenaban en casa de Platón, la reconsideración de lo que se dijo durante la bebida, pues mientras los placeres de la bebida o comida conservan un recuerdo mezquino , sobre todo pasajero, como un olor trasnochado o el tufillo del asado que sobró, en cambio, el planteamiento de problemas y conversaciones filosóficas deleitan a los que las recuerdan, porque están ahí siempre frescas y ofrecen la oportunidad de agasajar con las mismas a los rezagados que las escuchan y participan no menos de ellas.

Y, dicho esto, al punto se investigaba sobre la estrechez al principio y el posterior desahogo entre los recostados. Sería natural que ocurriera lo contrario por la saturación tras la cena. Pues bien algunos de nosotros lo achacábamos a la forma de recostarse, pues por lo general la gente cena recostada boca abajo, ya que, en efecto, tiene la diestra a la mesa, pero, ya cenados, se vuelven más bien de costado, dándole a su cuerpo un inclinación lateral y si tocar, por así decierlo, al sitio en un plano, sino en una linea. Así pues como las tabas ocupan menos sitio cuando caen de pie que de lado, igualmente cada uno de nosotros al principio se inclina de cara mirando a la mesa, pero después, se cambia la forma de recostarse de una posición prona a una postura de lado

La mayoría, sin embargo, lo atribuía al hundimiento del lecho, pues, oprimido en la acción de recostarse, se ensancha y dilata, como el calzado desgastado, que, al dar de sí poco a poco y abrirse en sus poros, ofrece al pie holgura y movilidad. Y el viejo, bromeando, dijo que el banquete en sí tenía dos parientes y jefes desiguales, al principio el hambre que no participa de la táctica y después a Dioniso, quien todos reconocen que fue un general excelente. Así  nosotros, arrastrados al principio por el hambre como perros, hace poco acogiéndonos el dios liberador y Maestro de Coros nos restablece a la formación alegre y afable.

Eveno en efecto, decía que el fuego era el más agradable de los condimentos y Homero llama a la sal "divina", en tanto que la mayoría de la gente "gracias" porque al mezclarse con la mayoría de las cosas, las hace adecuadas al gusto, agradables y gratas; y, en verdad, el condimento más divino de la cena y la mesa es la presencia de un amigo, un familiar o un conocido, no por el hecho de comer o beber acompañado, sino porque participa en nuestra conversación y nos hace partícipes de la suya; al menos, desde luego, si es que hay algo útil, creíble y apropiado en sus palabras, porque a la mayoría de la gente a veces, como desbarran, sus charlas les empujan a las pasiones y los depravan. De ahí que es justo aceptar en las cenas conversaciones no menos probadas que amigos, pensando y diciendo lo contrario que los lacedemonios. Éstos (espartanos), en efecto, cuando admiten a su comida común a un joven o forastero, señalando a las puertas dicen: "Por aquí no sale palabra". Nosotros, en cambio, acostumbrémonos a mantener conversaciones, cuya difusión sea posible a todos y con todos, porque sus temas no contengan nada irreprensible, ni malsonante, ni malicioso, ni innoble, y se puede juzgar por los ejemplos, de los que este séptimo libro contiene diez.

Al foro, en efecto, la gente acude por negocios y otras necesidades; al banquete, en cambio, al menos lo que son inteligentes van para ganar amigos, no menos que para alegrar a los que ya lo son, porque pretender arramblar con otras cosas sería de esclavos y cargadores; en cambio, el marcharse teniendo más amigos es agradable y digno. Y al contrario el que descuida esto consigue que la reunión sea para él desafortunada e improductiva y se marcha habiendo sido comensal con el vientre, no con el alma, pues el comensal viene a participar no solo de manjares, vino y golosinas, sino también de conversaciones, esparcimientos y afabilidad que acaba en estima, pues las llaves y tirones de los luchadores precisan de polvo, y a las presas de la amistad el vino mezclado con la conversación les da ese polvo, pues la conversación transporta y transmite con él desde el cuerpo al alma lo que humaniza y forma el carácter, pero si no, circulando por el cuerpo no proporciona ninguna otra cosa de valor más que el hartazgo. De ahí que, como el mármol, al quitarle al hierro fundido, o enfriarlo, su liquidez y fluidez excesivas, le da resistencia a su temple y conformación, así la conversación convival no deja que los bebedores se relajen totalmente por el vino, sino que los refrena y hace que con su aflojamiento se mezclen y sean gratas la alegría y humanidad, si se ajustan armoniosamente, ya que por el vino se vuelven como por el sello de la amistad, moldeables y suaves".



Moralia Libro IV a VII, Plutarco

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