agosto 28, 2012

SUBIDA DEL MONTE CARMELO DE SAN JUAN DE LA CRUZ

El uso y juntura de la vanidad y burla oscurece los bienes, y la instancia del apetito trastorna y pervierte el sentido y juicio con la malicia; donde da a entender el Espíritu Santo que, aunque no haya malicia concebida en el entendimiento del alma, solo la concupiscencia y gozo déstas basta para hacer en ella este primer grado de este daño que es el embotamiento de la mente y la oscuridad del juicio para entender la verdad y juzgar bien de cada cosa como es.

Olvidándose de Él como si no fuese su Dios; lo cual es porque ha hecho para si dios del dinero y bienes temporales, como dice san Pablo, diciendo que la avaricia es servidumbre de ídolos (Col 3,5), porque este cuarto grado llega hasta olvidar a Dios y poner el corazón que formalmente debía poner en Dios, formalmente en el dinero, como si no tuviese otro dios.

"aunque abunden las riquezas, no les apliquemos el corazón (Ps 61,11)... cuando acabare, no llevará nada, ni su gloria y gozo bajarán con él (Ps 48,17-18)"

CAPÍTULO 22

El daño de la tibieza del espíritu de todo y de cualquier género de gozo se causa directamente, y así este daño es a todos estos seis géneros general; pero el fornicio es daño particular, que sólo derechamente sigue el gozo de los bienes naturales que vamos diciendo.

Los daños, pues, espirituales y corporales que derecha y efectivamente se siguen al alma cuando pone el gozo en los bienes naturales, se reducen a seis daños principales. El primero es vanagloria, presunción, soberbia y desestima del prójimo; porque no puede uno poner los ojos de la estimación en una cosa que no los quite de las demás; de lo cual se sigue por lo menos desestima real de las demás cosas, porque, naturalmente, poniendo la estimación en una cosa, se recoge el corazón de las demás cosas en aquella que estima, y deste desprecio real es muy fácil caer en el intencional y voluntario de algunas cosas de esotras, en particular o en general, no solo en el corazón, sino mostrándolo con la lengua, diciendo: tal o tal cosa, tal o tal persona no es como tal o tal. El segundo daño es que mueve el sentido a complacencia y deleite sensual y lujuria. El tercer daño es hacer caer en adulación y alabanzas vanas, en que hay engaño y vanidad, como dice Isaías, diciendo: "Pueblo mío, el que te alaba te engaña"; y la razón es porque, aunque algunas veces dicen verdad alabando gracias y hermosura, todavía por maravilla deja de ir allí envuelto algún daño, o haciendo caer al otro en vana complacencia y gozo, y llevando allí sus afectos e intenciones imperfectas. El cuarto daño es general, porque se embota mucho la razón y el sentido del espíritu también como en el gozo de los bienes temporales, y aun en cierta manera mucho más, porque como los bienes naturales son más conjuntos al hombre que los temporales; con más eficacia y presteza hace el gozo de los tales impresión y huella en el sentido y más fuertemente le embelesa; y así la razón y juicio no quedan libres, sino anublados con aquella afección de gozo muy conjunto. Y de aquí nace el quinto daño, que es distracción de la mente en criaturas. Y de aquí nace y se sigue la tibieza y flojedad de espíritu, que es el sexto daño, también general, que suele llegar a tanto, que tenga tedio grande y tristeza en las cosas de Dios hasta venirlas a aborrecer. Piérdese en este gozo infaliblemente el espíritu puro, por lo menos al principio, porque si algún espíritu se siente, será muy sensible y grosero, poco espiritual y poco interior y recogido, consistiendo más en gusto sensitivo que en fuerza de espíritu, porque, pues el espíritu está tan bajo y flaco, que así no apaga el hábito de tal gozo (porque, para no tener el espíritu puro, basta tener este hábito imperfecto, aunque, cuando se ofrezca, no consienta en los actos del gozo), más debe vivir, en cierta manera, en la flaqueza del sentido que en la fuerza del espíritu; si no, en la fortaleza y perfección que tuviere en las ocasiones lo verá. Aunque no niego que puede habar muchas virtudes con hartas imperfecciones, mas con estos gozos no apagados, no puro ni sabroso espíritu interior, porque reina "la carne, que milita contra el espíritu (Gal 5,17), y, aunque no sienta el daño el espíritu, por lo menos se le causa oculta distracción.

Pero volviendo a hablar en aquel segundo daño, que contiene en sí daños innumerables, aunque no se pueden comprender con la pluma ni significar con palabras, no es oscuro ni oculto hasta dónde llegue y cuánta sea esta desventura nacida del gozo puesto en las gracias y hermosura natural, pues que cada día por esta causa se ven tantas muertes de hombres, tantas honras perdidas, tantos insultos hechos, tantas haciendas disipadas, tantas emulaciones y contiendas, tantos adulterios, estupros y fornicios cometidos y tantos santos caídos en el suelo, que se comparen "a la tercera parte de las estrellas del cielo derribadas con la cola de aquella serpiente en la tierra (Apoc 12,4); el oro fino, perdido su primor y lustre, en el cieno; y los ínclitos y nobles de Sión que se vestían de oro primo, estimados en vasos de barro quebrados, hechos tiestos (Thren 4,1-2).

¿Hasta dónde no llega la ponzoña deste daño?¿Y quién no bebe poco o mucho deste cáliz dorado de la mujer babilónica del Apocalipsis? (17,4). Que en sentarse ella sobre aquella gran bestia que tenía siete cabezas y diez coronas da a entender que apenas hay alto ni bajo, ni santo ni pecador a quien no dé a beber de su vino, "fueron embriagados todos los reyes de la tierra del vino de su prostitución" (17,2); y a todos los estados coge, hasta el supremo e ínclito santuario y divino sacerdocio, asentando su abominable vaso, como dice Daniel, "en el lugar santo" (9,27), apenas dejando fuerte que poco o mucho no le dé de beber del vino deste cáliz, que es este vano gozo; que por eso dice que todos los reyes de la tierra fueron embriagados de este vino, pues tan pocos se hallarán que, por santos que hayan sido, no les haya embelesado y trastornado algo esta bebida del gozo y gusto de la hermosura y gracias naturales.

Donde es de notar el decir que se "embriagaron", porque, por poco, que se beba el vino de ese gozo, luego al punto se ase al corazón, y embelesa y hace el daño de oscurecer la razón, como a los asidos del vino. Y es de manera que, si luego no se toma alguna triaca contra este veneno con que se eche fuera presto, peligro corre la vida del alma, porque tomando fuerzas la flaqueza espiritual, le traerá a tanto mal, que, como Sansón, sacados los ojos de su vista y cortados los cabellos de su primera fortaleza, se verá moler en las atahonas cautivo entre sus enemigos, y después, por ventura, morir la segunda muerte, como él con ellos; causándole todos estos daños la bebida de este gozo espiritualmente, como a él corporalmente se los causó y causa hoy a muchos; y después le vengan a decir sus enemigos, no sin grande confusión suya: "¿Eres tú el que rompías los lazos doblados, desquijarabas los leones, matabas los mil filisteos, y arrancabas los postigos, y te librabas de todos tus enemigos?" (Iud 16,19)

Concluyamos, pues, poniendo el documento necesario contra esta ponzoña, y sea que, luego que el corazón se sienta mover de este vano gozo de bienes naturales, se acuerde cuán vana cosa es gozarse de otra que de servir a Dios y cuán vana cosa es gozarse de otra que de servir a Dios y cuán peligrosa y perniciosa; considerando cuánto daño fue para los ángeles gozarse y complacerse de su hermosura y bienes naturales, pues por esto cayeron en los abismos feos, y cuántos males siguen a los hombres cada día por esa misma vanidad; y por eso se animen con tiempo a tomar el remedio que dice el poeta a los que comienzan a aficionarse a lo tal: "Date prisa ahora al principio a poner remedio, porque cuando los males han tenido tiempo de crecer en el corazón, tarde viene el remedio y la medicina". "No mires al vino -dice el Sabio- cuando su color está rubicundo y resplandece en el vidrio; entra blandamente, y al fin muerde como culebra y derrama veneno como el régulo" (Prov 23,31-32).

Pero el tercero provecho es que con grande exceso se le aumentan los gustos y el gozo de la voluntad temporalmente; pues, como dice el Salvador, "en esta vida por uno le dan ciento" (Mt 19,29); de manera que, si un gozo niegas, ciento tanto te dará el Señor en esta vida temporal y espiritualmente, como también por un gozo que de esas cosas sensibles tengas te nacerá ciento tanto de pesar y sinsabor; porque de parte del ojo ya purgado en los gozos de ver se le sigue al alma gozo espiritual, enderezado a Dios en todo cuanto ve, ahora sea divino, ahora profano lo que ve; de parte del oído purgado en el gozo de oír se le sigue al alma ciento tanto de gozo muy espiritual y enderezado a Dios en todo cuanto oye, ahora sea divino, ahora profano lo que oye; y así en los demás sentidos ya purgados. Porque, así como en el estado de la inocencia a nuestros primeros padres todo cuanto veían y hablaban y comían en el paraíso les servía para mayor sabor de contemplación, por tener ellos bien sujeta y ordenada la parte sensitiva a la razón, así el que tiene purgado y sujeto al espíritu de todas las cosas sensibles desde el primer movimiento saca deleite de sabrosa advertencia y contemplación de Dios.

que ninguno merece amor si no es por la virtud que hay en él

Porque guardando las puertas del alma que son los sentidos, mucho se guarda y aumenta la tranquilidad y pureza de ella.

y por eso la negación y mortificación de este gozo se le sigue la espiritual limpieza de alma y cuerpo, esto es, de espíritu y de sentido, y va teniendo conveniencia angelical con Dios, haciendo a su alma y cuerpo digno templo del Espíritu Santo. Lo cual no puede ser así si su corazón se goza en los bienes y gracias naturales... pues aquel gozo basta para la impureza del alma y sentido con la noticia de lo tal, pues que dice el Sabio que "el Espíritu Santo se apartará de los pensamientos que no son de entendimiento, esto es, de la razón superior en orden a Dios (Sap 1,5).

De los dichos provechos se sigue el último, que es un generoso bien del alma, tan necesario para servir a Dios como es la LIBERTAD DE ESPÍRITU, con que fácilmente se vencen las tentaciones y se pasan bien los trabajos, y crecen prósperamente las virtudes.



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