agosto 20, 2012

EL CASTILLO DE LA DEUDA SOBERANA ALEMANA

El haber sido despertado, el interrogatorio, la amenaza -conforme al deber- de expulsión del condado, todo esto lo había recibido  K. con gran indignación

¿Hay que tener permiso para dormir aquí?¿acaso no hay que tener permiso?

en su mezcla de malicia y cautela, le dio una idea de la preparación... diplomática de que sin más ni más hacían gala en el castillo hasta gentes insignificantes como El Negro Schwarzer.

Tampoco fallaban allí en cuanto a diligencia

¿que si no me gusta el castillo? Entre los paisanos y el castillo no hay diferencia

esa calle principal de la aldea, no conducía hacia el cerro del castillo, tan solo acercaba a él, y luego, como si lo hiciese adrede, doblaba, y si bien no se alejaba del castillo, tampoco llegaba a aproximársele

no cesó de esperar que finalmente el camino se desviase necesariamente hacia el castillo, y siguió caminando tan solo porque esperaba eso

pero la hospitalidad no es costumbre entre nosotros; no necesitamos huéspedes... fue arrastrado, calladamente, pero a la fuerza, hasta la puerta

por aquí no hay tránsito... 
Un mal camino, dijo K.

pero viendo esa figura gacha, en cierto modo ultrajada, la cara roja, fatigada, angosta, con mejillas que de alguna extraña manera diferían entre sí...


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NOTAS

Los rusos como ratas se hicieron mejores funcionarios que los alemanes, y desviaban la cara para no ser reconocidos y el oprimido nunca se llevaría nada a casa...

¿Qué otra cosa podemos construir con las torres protestantes de nuestras ciudades?

los paisanos eran alemanes

la cara roja de los alemanes

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