octubre 31, 2010

LA INTRAHISTORIA DE UNAMUNO: JON JUARISTI

Pero, ¿cómo saber en qué consiste ese orden? Según el novelista ruso, el conocimiento de ese orden nunca podrá ser el resultado de una investigación y de un descubrimiento. No se encuentra en la “superficie”, en el universo de los datos perceptibles y mensurables, sino en las “profundidades”, en el corazón del mundo: es el orden que rige y determina nuestras formas de experiencia del conocer. Se hurta, pues, a cualquier forma de conocimiento objetivo. Pero cabe una paradójica consciencia inconsciente de ese orden: la poseen quienes viven inmersos en el monótono transcurrir de los trabajos y los días, aceptando humilde y resignadamente su destino, sin hacerse graves preguntas sobre las arcanas causas de sus alegrías y tribulaciones.

Y esto es también lo que la lectura de Tolstoi reveló a Unamuno: la necesidad de una aceptación plena y voluntaria del orden permanente e inmutable de la vida. Unamuno transforma el concepto tolstoniano de libertad –mera sumisión a la necesidad– en impulso volitivo. Para Tolstoi, la raíz del sufrimiento humano está precisamente en la volición. El deseo, la ambición que parte de una sobrestima de las propias capacidades, engendra dolor, de ahí, el recurso a la resignación como lenitivo de la existencia. Unamuno propone una añagaza magistral: hacer coincidir el deseo con lo ya dado, ambicionar lo disponible. Como dirá más tarde el Pachico Zabalbide de “Paz en la guerra” a su amigo Ignacio Iturriondo, “las cosas son como son, sin que haya más que una manera de conseguir lo que se quiera, y es querer todo lo que suceda...”

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