diciembre 20, 2016

ATESORAD MÁS BIEN EN EL AMOR

Yo ya era feliz desde hace muchos años.
Ahora me dedicaba a extender el Amor.
La bondad es dulce, amable y paciente.

La bondad es amor
y el amor lo vence todo.
El amor lo es todo.
El amor es la base de la civilización.
El amor es el sustento de cuanto Cristo ha predicado al mundo.
(Juan XXIII)

Todos los sábados me confesaba al P.Mariano de la iglesia de San Lesmes de mis faltas de amor. De mirarme mucho al ombligo y de no estar al servicio del Espíritu Santo en los demás. De no amar a los que me aman ni a los que me odian como criaturas mismas de Dios.

Desconfiad de los programas políticos que no tienen amor ni lo anuncian.

Mi dolor más profundo es que me costaba amar así que voy a darle mucho redoble de tambor a la oración para romper este enquistamiento interior.

Para ser santo y hacer milagros no hace falta mucho ruido sino traer mucha paz a un mundo que apenas tiene treguas de guerra.

Cómo pasar desapercibido si molestas, si traes vanidad-soberbia-orgullo y no traes el amor de la unidad. Cómo ver tus propios pecados lo primero y luego fraternalmente hacerle ver al prójimo los suyos para corregirlos.

Se da más valor al Dinero que al Amor.
Se da más valor al Dinero que a la Vida.
Se da más valor al Dinero que a la Verdad.
Se da más valor al Dinero que al Hogar.

LA LLAVE DEL PERDÓN
El cristiano es esencialmente amor, porque Dios es esencialmente caridad, y de eso se debe enseñar y hacer práctica.

La bondad y la afabilidad es una virtud importante porque exige autodominio, desinterés personal, búsqueda afanosa de la justicia, expresión y manifestación de la caridad fraterna, es el toque de la perfección humana y divina en la gracia de Cristo.
(Juan XXIII)

Vivir es moverse, es encontrarse, es luchar todos juntamente por la alegría y la prosperidad de este mundo, aunque la desidia y el abandonismo sea un sentir general de una sociedad conformada en la comodidad y la desconfianza. No miramos más que por lo que nos toca y no hay buenos corazones de Jesús sino egoísmos muy particulares y pequeñas agrupaciones de intereses cerrados.

Por desgracia, aunque el precepto es grande -praeceptum magnum-, no es segura su realización práctica, confiada como está a la débil voluntad del hombre que es libre, absolutamente libre, pero que no dispone de alas resistentes que le animen a altos vuelos.
Pobre libertad humana, acechada por heridas ocultas que no dejan de desangrarla y debilitarla: distraída y aturdida por vagas y falsas insinuaciones que la rodean por todas partes, por abajo, por arriba y con incontables e indecibles seducciones, llamados todos al servicio del gran señor del que agrada poco hablar, ni siquiera en voz baja, aun entre los buenos, pero al que el divino Rabí, nuestro Señor, llamó y calificó con el tenebroso nombre del príncipe de este mundo: princeps huius mundi.
Es verdad que, en esta terrible lucha, este príncipe no obtendrá la victoria final: y que la gracia, sobreponiéndose, vencerá a la naturaleza.
El contraste de las fuerzas adversas no terminará jamás, como tampoco detendrá su curso la misericordia de Dios.
(Juan XXIII)

Saber perdonar y perdonar de corazón es un gran secreto de la oración en dulzura y en paz.

El Amor es el Cielo en la tierra. Este es el Cielo que deseamos. "Atesorad, más bien, en el amor, donde ni la polilla ni el orín corroen".

Veamos más al Jesús amoroso que al Jesús político de un reino de Dios y del Cielo. El amor quede y se dé entre nosotros y la inmortalidad quede entre los dioses.

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