octubre 21, 2015

EL RE-NACIMIENTO DEL SER

MIRAD-DECÍAN, TODO EL MUNDO SE VA CON ÉL
EL HOMBRE NAD/
SOPLADO POR DONDE QUIERE
¿Nacer del altísimo y de nuevo?
Así ocurre con el que tiene la Vida de Dios.
Es una especie de Hombre Nuevo muy superior al hombre ordinario.
Es imposible aferrar su Intimidad.
Lo mismo que es imposible aferrar el Viento.
El Espíritu sopla dondequiere.

Este re-nacimiento es más necesario por el hecho de que el ser humano en su estado natural es tentado por el mal y sucumbe ante él. Si con su inteligencia transforma la tierra y mejora la existencia, si por sus impulsos generosos y su amor fraternal pone alegría, felicidad y belleza en el mundo, también ocurre que, cuando usa mal de su libertad, se porta con egoísmo o con malicia, practica la astucia, la mentira, la violencia, explota y oprime a los demás, cae en la envidia y en el odio, en el culto al dinero o al cuerpo, utiliza su ingenio y sus fuerzas como armas de guerra, de destrucción y de muerte. Basta con ser leal para reconocer que uno no puede realmente, con solas sus fuerzas, librarse del mal. A los que eran conscientes de ello, el profeta Ezequiel, varios siglos antes de la llegada de Jesús, les decía: "Esto es lo que Dios me hace decir: pondré en vosotros un espíritu nuevo, os daré un corazón nuevo. Os daré mi Espíritu y viviréis".

Dios quiere así "germinar en la humanidad para divinizarla". Por eso tomó carne el Hijo de Dios. El discípulo de Jesús, bautizado por el agua y en el Espíritu Santo, nace verdaderamente a una vida nueva, franquea una nueva etapa en la evolución de los seres, queda divinizado por el Espíritu de Dios, si se deja inspirar por él y no reniega de él, pues de lo contrario volvería  la etapa humana sin más.

Pero hay algo que el mundo espera de él como testimonio característico: que a través de sus palabras y de su forma de vivir deje vislumbrar cómo lo anima de verdad el Espíritu de Dios.

Saberse amado de Dios, llamado a vivir en su amistad y a entrar en su familia, eso es lo que entusiasma al discípulo de Jesús y le causa un gozo sin igual; lo había dicho Jesús: "Os dejo dicho todo eso para que vuestra alegría sea completa. Y esa alegría vuestra no os la quitará nadie" (Jn 16, 22-24).

Del mismo modo, el nacido del espíritu es el más libre de todo los hombres No está sometido a ninguna ideología humana; no se deja seducir ni acaparar por ningún sistema económico, social o político con exclusión de lo demás. Vive del evangelio y juzga de todo a su luz. Escapa, lo mismo que Jesús, de todas las categorías en que se le quiere encerrar. Porque es una nueva criatura". Como el viento, su nueva vida sigue inaferrable para los que quedan en su estado natural y carnal, se complacen en él y se cierran a toda llamada del altísimo. Pero él es el que conoce en el fondo de su corazón la "verdadera libertad y el verdadero gozo de los hijos de Dios".

"Quien tenga sed, que se acerque a mí; quien crea en mí, que beba. Como dice la Escritura: de su entraña manarán ríos de agua viva" (Jn 7, 37-38).  Y el autor del evangelio hace entonces este comentario: "Decía esto refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él".

Jesús exclamó: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (Jn 8,12).

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