noviembre 09, 2015

LA ELISA BELLA DE LOPE DE VEGA

FILENO ¡Elisa de mis ojos,
Elisa celestial, Elisa bella,
que ya de lo enojos
deste mar de mi amor eres estrella!
Más que el lucero hermosa,
"Elisa, para mí dulce y sabrosa";
más que la llena mesa
del espléndido príncipe admirable,
y más que en la dehesa
al ganado la hierba saludable,
y a mí, que por ti peno,
"más que la fruta del cercado ajeno";
más limpia que esta fuente
nos muestra con su risa el cristal puro
de su clara corriente,
a quien estas pizarras hacen muro;
más roja que las rosas,
"más blanca que la leche, y más hermosa";
más blanda que la pluma
del más cándido cisne regalada,
y, por decirlo en suma,
más rica, más florida y esmaltada,
desde el cabello al seno,
"que el prado por abril de flores lleno":
hoy cesan mis tormentos,
hoy merezco tus manos y tu brazos,
y mi fe en sus cimientos,
de tu yedra merece eternos lazos;
hoy has de ser mi esposa
"si tú respondes pura y amorosa".
Y de tu amor lo fío,
y de esos ojos con que amarte mueves,
o a lo menos del mío,
que no ha tenido igual; que eso y más debes
si miras lo que peno,
"al verdadero amor de tu Fileno".
Pensábase aquel loco
de Danteo, mi Elisa, merecerte,
amándote tan poco,
y aún hoy pensaba en su cabaña verte;
engañóse el grosero;
"a mi majada arribarás primero".
Ven, pues, Elisa mía,
conoce este mi amor, no te acobardes;
ven, que se pasa el día;
ven, luz de aquestos ojos, y no aguardes,
pus sabes que te espero,
"que el cielo nos demuestre su lucero".



El príncipe despeñado, Lope de Vega

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