junio 04, 2017

CÍNICOS, ESTOICOS Y EPICÚREOS

No he leído nada sobre los cínicos, ni sobre los epicúreos. Pero sí sobre los estoicos, y más concretamente sobre el estoicismo. Éste ha evolucionado y no es ya el de la antigua Stoa, ni el del Santo Job de las Escrituras Sagradas sino que si leemos a dos hispánicos como Séneca y Quevedo en sus sentencias y máximas, a un Spinoza en su Ética, nos daremos cuenta de que bien vale para tomarles en cuenta.

No al hedonismo. No al hedonismo del sujeto deseante  consumidor. No al hedonismo nihilista nietzscheano. El estoicismo no es hedonismo.

El estoicismo tiene que ver con el dolor. Y más concretamente con el dolor propio. Éste diferencia el producido por causas externas (accidente, desgracias, muerte, vejez) y causas internas (opiniones, elecciones, deseos, pasiones). Si el dolor es producido por una causa externa no debemos amargarnos, ni sufrir, ni hacernos culpables; ahora bien, si es por causa nuestra, entonces sí debemos pagar por ello y de ahí el justo remordimiento.

Bien vale aceptar a los estoicos en la humanidad aunque solo sea en la retaguardia. Recordemos que mientras Marco Antonio tras el asesinato de César y para atraerse a las legiones quiso para sí solo a los partidarios de su causa, Octavio fijó que los que no le apoyaban, pero no eran contrarios ni traidores, sería bien acogidos en su mandato. Por lo que aquél fracasó. Así nos puede pasar si echamos por la borda a los estoicos.


CARTAS AL BIS/ Librería El BUSCÓN
Abril 1993

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