Haremos una reforma laboral a la inglesa en Iberoamérica cuando se desoriente la mentalidad jurídica americana como en España y el Europa y ya no se atenga la nación a la comunidad jurídica y espiritual sino a la libertad de la real gana.
Nos están haciendo un proceso inquisitorio en los puestos de trabajo donde pocos han pasado y superado las ordalías laborales ahora solo queda que nos mantengan en la celda a pan y agua antes de ajusticiarnos que nos lo harán seguro en cuanto que no tengamos en orden el petate y la escudilla y dejemos de afeitarnos y ya estamos como el Conde de Montecristo haciéndonos con el saco de un despedido que perdió la vitalidad.
El jefe no me hace la imposición de manos o semiká deseándome la bendición y el reconocimiento de la labor sino que me da con una regla en las manos como el padre Escurra de la guardería aquella de los curas y no sé qué hacer para que mi vida interior en este trullo de cadenas se limite a las tareas carcelarias que son las que cotizan en el mercado con sus bambalinas tortuosas.
December 21, 2013
December 19, 2013
EN HORA A LAS 7:04
Esta mañana llueve por fin y la ciudad está a oscuras lo que es un peligro para los pasos de los peatones.
El día 19 de Diciembre se me paró el reloj a las 6:33 cuando eran las 7:03 para que no me olvidara de que era un hombre-reloj y que debía llevar un minuto por delante.
También desde el plenilunio del 17 de Diciembre en la celebración colegial de mi hijo Javier a las 18:33 aproximadamente, todo el día de ayer y hasta hoy me he quedado por un extraño virus sin voz o voz de flauta pero era divertida la resultante que me quedaba de maricusi, tartaja o repensada voz con humor (al tardar en hablar podía acertar mejor en vez de decir lo impulsivo con una concreción humorística en la palabra clave). He estado muy mudo tomando aceite, almíbar y mermelada (?)...como fogarazas de la garganta.
Las preocupaciones del hombre-reloj de estos dos días han sido tener consideración cristiana con el prójimo pero finalmente me imaginé que en Estados Unidos lo tienen crudo con que cada uno lleva una pistola.
Eso sí; tu pena cura
y deja la de tu hermano.
Y como se ve está llano
que es un ramo de locura,
y aqueso se acabará
mañana o esotro día,
que el amor luego resfría
si remedio no se da;
en tu contento repara
y no busques otro gusto.
(El príncipe melancólico, Lope de Vega)
Vuelve mi odio en ristre a todo lo que se mueve como un demonio (con espíritu de fin del mundo, qué tienes Tierra, cerdita y quién te atiborra, tu culo mierda, esto ya es una guerra...) en la soledad de Madrid (solo el paracetamol me produce este efecto, un asturiano de manotazos a lo Cascos y los empleados y la clientela del supermercado Carrefour de Alcobendas).
Lo que más me gusta de esa cajera es la naturalidad con la que trata el dinero, y olé tus güevos el vendedor mutilado de la ONCE de la plaza del Santiago Bernabéu junto a la estatua de la llama de LIma, por qué les cuesta tanto soltar el dinero a las empresas a los de Bankia de la Torre Europa, todos los amigos se olvidan con el tiempo, y el pueblo se tapona en los lugares de pobre porque da mucho valor al dinero.
Me daban calentones rezando los sábados ante el sagrario de la iglesia de San Fernando y me acordé de esto en esta semana navideña en que se reparten los regalos a las empresas, la ambulancia de la Paz se mete con la cuña de la Macumba en el nudo de Manoteras, y con qué vergüenza nuestra nos vamos a encontrar en la Nochebuena.
MS/MCH
(ME SUENA/ ME CHOCA)
Días de "eventos".
PERO QUÉ GUASÓN
Madderakka, Uksakka y Juksakka me la liaron parda esta noche.
Tras el balance anual que te han hecho le tienes que decir a tu jefe de parte de tu marido que se meta un espetec por el culo, está la gente muy mal como para preguntar si la escobilla del baño que venden en el Carrefour está usada.
Y con todo sigue la suerte de los pulsares del reloj, me dirigí a coger una bolsa de limones y en la redecilla estaba atrapada una mandarina con su tallo y hoja y todo. M(16,30)
(¡QUÉ TIENES ESPAÑA!)
El día 19 de Diciembre se me paró el reloj a las 6:33 cuando eran las 7:03 para que no me olvidara de que era un hombre-reloj y que debía llevar un minuto por delante.
También desde el plenilunio del 17 de Diciembre en la celebración colegial de mi hijo Javier a las 18:33 aproximadamente, todo el día de ayer y hasta hoy me he quedado por un extraño virus sin voz o voz de flauta pero era divertida la resultante que me quedaba de maricusi, tartaja o repensada voz con humor (al tardar en hablar podía acertar mejor en vez de decir lo impulsivo con una concreción humorística en la palabra clave). He estado muy mudo tomando aceite, almíbar y mermelada (?)...como fogarazas de la garganta.
Las preocupaciones del hombre-reloj de estos dos días han sido tener consideración cristiana con el prójimo pero finalmente me imaginé que en Estados Unidos lo tienen crudo con que cada uno lleva una pistola.
Eso sí; tu pena cura
y deja la de tu hermano.
Y como se ve está llano
que es un ramo de locura,
y aqueso se acabará
mañana o esotro día,
que el amor luego resfría
si remedio no se da;
en tu contento repara
y no busques otro gusto.
(El príncipe melancólico, Lope de Vega)
Vuelve mi odio en ristre a todo lo que se mueve como un demonio (con espíritu de fin del mundo, qué tienes Tierra, cerdita y quién te atiborra, tu culo mierda, esto ya es una guerra...) en la soledad de Madrid (solo el paracetamol me produce este efecto, un asturiano de manotazos a lo Cascos y los empleados y la clientela del supermercado Carrefour de Alcobendas).
Lo que más me gusta de esa cajera es la naturalidad con la que trata el dinero, y olé tus güevos el vendedor mutilado de la ONCE de la plaza del Santiago Bernabéu junto a la estatua de la llama de LIma, por qué les cuesta tanto soltar el dinero a las empresas a los de Bankia de la Torre Europa, todos los amigos se olvidan con el tiempo, y el pueblo se tapona en los lugares de pobre porque da mucho valor al dinero.
Me daban calentones rezando los sábados ante el sagrario de la iglesia de San Fernando y me acordé de esto en esta semana navideña en que se reparten los regalos a las empresas, la ambulancia de la Paz se mete con la cuña de la Macumba en el nudo de Manoteras, y con qué vergüenza nuestra nos vamos a encontrar en la Nochebuena.
MS/MCH
(ME SUENA/ ME CHOCA)
Días de "eventos".
PERO QUÉ GUASÓN
Madderakka, Uksakka y Juksakka me la liaron parda esta noche.
Tras el balance anual que te han hecho le tienes que decir a tu jefe de parte de tu marido que se meta un espetec por el culo, está la gente muy mal como para preguntar si la escobilla del baño que venden en el Carrefour está usada.
Y con todo sigue la suerte de los pulsares del reloj, me dirigí a coger una bolsa de limones y en la redecilla estaba atrapada una mandarina con su tallo y hoja y todo. M(16,30)
(¡QUÉ TIENES ESPAÑA!)
December 18, 2013
PEDRO LÓPEZ DE AYALA (1407)
Poet and court chronicler who was in an excellent position to observe firsthand the happenings of his time which unlike earlier chroniclers he recorded without unnecessary subjectivity; his Crónicas are marked by implacable observation and vivid expression making them among the forst great Spanish histories.
López de Ayala had a long and distinguished civil career under four Castilian monarchs Peter I the Cruel, Henry II, John I and Henry III.
Holding such posts as captain of the Castilian fleet (1359), ambassador to France (1379-80 and 1395-96) and royal chancellor of Castile (1398 until his death at Calahorra in 1407), he spent his lifetime in close association with leading men and events.
As a poet he is chiefly remembered for his Rimado de palacio (c. 1400) one of the last works in cuaderna vía (Spanish narrative verse form consisting of 4-line stanzas, each line having 14 syllables and identical rhyme) an autobiographical satire on contemporary society.
He had a somewhat modern outlook and his translation from Livy, Boccaccio and others gave him a reputation as the first Castilian Humanist.
López de Ayala had a long and distinguished civil career under four Castilian monarchs Peter I the Cruel, Henry II, John I and Henry III.
Holding such posts as captain of the Castilian fleet (1359), ambassador to France (1379-80 and 1395-96) and royal chancellor of Castile (1398 until his death at Calahorra in 1407), he spent his lifetime in close association with leading men and events.
As a poet he is chiefly remembered for his Rimado de palacio (c. 1400) one of the last works in cuaderna vía (Spanish narrative verse form consisting of 4-line stanzas, each line having 14 syllables and identical rhyme) an autobiographical satire on contemporary society.
He had a somewhat modern outlook and his translation from Livy, Boccaccio and others gave him a reputation as the first Castilian Humanist.
FRANCISCO SOLANO LÓPEZ IN PARAGUAY (1847)
Dictator of Paraguay responsible for the Paraguayan War (also known as the War of the Triple Alliance) in which Paraguay was practically destroyed by Brazil, Argentina and Uruguay.
The eldest son of the dictator Carlos Antonio López seized power upon his father´s death (Sept. 10, 1862) and quickly established his own supremacy with the help of the army. Showing little understanding of his country´s need to remain neutral in squabbles between the two South American giants, Brazil and Argentina, early in 1863 he allowed himself to be drawn into boundary disputes with both countries and to become entangled in a civil war raging in Uruguay in which Brazil and Argentina were involved.
He evindently hoped to play the role of arbitrator in the dispute and thereby take centre stage in Latin American politics. As a result of complicated diplomatic intriques López found himself at war with Brazil in December 1864. By demanding the right to place troops in the Argentine province of Corrientes he violated Argentina´s desire to remain neutral and provoked the alliance of Brazil, Argentina and Uruguay against Paraguay on May 1, 1865.
Although López had successfully invaded the Brazilian province of Mato Grosso in late 1864, his invasion of Uruguay in 1865 was a disaster. The allies defeated him at Turputi in May 1866, captured the fortress of Humaitá in July 1867 and forced López to withdraw into northern Paraguay where he was killed.
The eldest son of the dictator Carlos Antonio López seized power upon his father´s death (Sept. 10, 1862) and quickly established his own supremacy with the help of the army. Showing little understanding of his country´s need to remain neutral in squabbles between the two South American giants, Brazil and Argentina, early in 1863 he allowed himself to be drawn into boundary disputes with both countries and to become entangled in a civil war raging in Uruguay in which Brazil and Argentina were involved.
He evindently hoped to play the role of arbitrator in the dispute and thereby take centre stage in Latin American politics. As a result of complicated diplomatic intriques López found himself at war with Brazil in December 1864. By demanding the right to place troops in the Argentine province of Corrientes he violated Argentina´s desire to remain neutral and provoked the alliance of Brazil, Argentina and Uruguay against Paraguay on May 1, 1865.
Although López had successfully invaded the Brazilian province of Mato Grosso in late 1864, his invasion of Uruguay in 1865 was a disaster. The allies defeated him at Turputi in May 1866, captured the fortress of Humaitá in July 1867 and forced López to withdraw into northern Paraguay where he was killed.
JACK LONDON (1874)
Novelist and shortstory writer whose characteristic works deal romantically with elemental struggles for survival; he is one of the most extensively translated of U.S. authors.
Deserted by his father, a roving astrologer, he was raised in Oakland, California, by his spiritualist mother and his stepfather whose surname London he took.
At 14 he quit school to escape poverty and gain adventure.
He explored San Francisco Bay in his sloop alternately stealing oysters or working for the government fish patrol.
He went to Japan as a sailor and saw much of the U.S. as a hobo riding freight trains and as a member of Kelly´s industrial army (one of the many protest armies of unemployed born of the panic of 1893).
Observation of depression conditions fortified by a prison term for vagrancy turneds him in 1894 into a militant Marxist Socialist.
Rebelling against becoming a "work beast" London educated himself at public libraries where he studied usually in popularized forms the writings of Charles Darwin, Karl Marx and Friedrich Nietzsche and arrived at a philosphical amalgam of socialism and belief in the superiority of the white race.
At 19 he crammed a four-year high school course into one year.
He entered the University of California at Berkeley but after one year abandoned education to seek a fortune in the Klondike during the gold rush of 1897. Returning the next year still poor and unable to find work he decided to earn a living as a writer.
Jack London trained for his literary career with the courage and stamina of an athlete.
He studied "literature" magazines, then set himself a gruelling daily schedule of producing sonnets, ballads, jokes, anecdotes, adventure stories, or horror stories, steaddily increasing his output. The optimist and energy with which he attacked his task are best conveyed in his autobiographical novel Martin Eden (1909) perhaps his most enduring work.
Within two years stories of his Alaskan adventures though often crude began to win acceptance for their fresh subject matter and virile force. His first book The Son of the Wolf (1900) gained a wide audience.
During the remainder of his life he produced steadily completing 50 books in 17 years. Although he became the highest paid writer in the U.S., his earnings never matched his expenditures and he was never freed of the urgency of writing for money.
He sailed a ketch to the South Pacific telling of his adventures in The Cruise of the Snark (1911).
In 1910 he settled on a ranch near Glen Ellen, California, where he built his grandiose Wolf House. He protested his socialist beliefs almost to the end of his life and was a hero among revolutionaries long after he had lost interest in the class struggle. His death from an overdose of drugs is usually regarded as a suicide.
Jack London´s hastily written output is of uneven quality. His Alaskan stories Call of the Wild (1903), White Fang (1906) and Burning Daylight (1910) in which he dramatized in turn atavism, adaptability and the appeal of the wilderness are outstanding. In addition to Martin Eden he wrote two other autobiographical novels of considerable interest: The Road (1907) and John Barleycorn (1913). Other important works are The Sea Wolf (1904) which features a Nietzschean superman hero and The Iron Heel (1907) a fantasy of the future that is a terrifying anticipation of fascism.
His reputation declined in the U.S. in the 1920s when a brilliant new generation of postwar writers made the prewar writers seem lacking in sophistication but his popularity has remained high throughout the world, especially in the Soviet Union where a commemorative edition of his works published in 1956 was reported to be sold out in five hours.
Biographies of London include The Book of Jack London (1921) by Charmian London (his wife), Sailor on Horseback (1938) by Irving Stone, and Jack London and His Times by Joan London (a daughter).
Deserted by his father, a roving astrologer, he was raised in Oakland, California, by his spiritualist mother and his stepfather whose surname London he took.
At 14 he quit school to escape poverty and gain adventure.
He explored San Francisco Bay in his sloop alternately stealing oysters or working for the government fish patrol.
He went to Japan as a sailor and saw much of the U.S. as a hobo riding freight trains and as a member of Kelly´s industrial army (one of the many protest armies of unemployed born of the panic of 1893).
Observation of depression conditions fortified by a prison term for vagrancy turneds him in 1894 into a militant Marxist Socialist.
Rebelling against becoming a "work beast" London educated himself at public libraries where he studied usually in popularized forms the writings of Charles Darwin, Karl Marx and Friedrich Nietzsche and arrived at a philosphical amalgam of socialism and belief in the superiority of the white race.
At 19 he crammed a four-year high school course into one year.
He entered the University of California at Berkeley but after one year abandoned education to seek a fortune in the Klondike during the gold rush of 1897. Returning the next year still poor and unable to find work he decided to earn a living as a writer.
Jack London trained for his literary career with the courage and stamina of an athlete.
He studied "literature" magazines, then set himself a gruelling daily schedule of producing sonnets, ballads, jokes, anecdotes, adventure stories, or horror stories, steaddily increasing his output. The optimist and energy with which he attacked his task are best conveyed in his autobiographical novel Martin Eden (1909) perhaps his most enduring work.
Within two years stories of his Alaskan adventures though often crude began to win acceptance for their fresh subject matter and virile force. His first book The Son of the Wolf (1900) gained a wide audience.
During the remainder of his life he produced steadily completing 50 books in 17 years. Although he became the highest paid writer in the U.S., his earnings never matched his expenditures and he was never freed of the urgency of writing for money.
He sailed a ketch to the South Pacific telling of his adventures in The Cruise of the Snark (1911).
In 1910 he settled on a ranch near Glen Ellen, California, where he built his grandiose Wolf House. He protested his socialist beliefs almost to the end of his life and was a hero among revolutionaries long after he had lost interest in the class struggle. His death from an overdose of drugs is usually regarded as a suicide.
Jack London´s hastily written output is of uneven quality. His Alaskan stories Call of the Wild (1903), White Fang (1906) and Burning Daylight (1910) in which he dramatized in turn atavism, adaptability and the appeal of the wilderness are outstanding. In addition to Martin Eden he wrote two other autobiographical novels of considerable interest: The Road (1907) and John Barleycorn (1913). Other important works are The Sea Wolf (1904) which features a Nietzschean superman hero and The Iron Heel (1907) a fantasy of the future that is a terrifying anticipation of fascism.
His reputation declined in the U.S. in the 1920s when a brilliant new generation of postwar writers made the prewar writers seem lacking in sophistication but his popularity has remained high throughout the world, especially in the Soviet Union where a commemorative edition of his works published in 1956 was reported to be sold out in five hours.
Biographies of London include The Book of Jack London (1921) by Charmian London (his wife), Sailor on Horseback (1938) by Irving Stone, and Jack London and His Times by Joan London (a daughter).
JAMES LOGAN (1774)
Also called JOHN LOGAN or his Indian name TAH-GAH-JUTE.
Prominent Indian leader during the U.S. colonial period whose initial excellent relations with white settlers in Pennsylvania and the Ohio Territory deteriorated into a vendetta after the slaughter of his family in 1774.
Logan was technically a Cayuga Indian because his mother was a member of that tribe. His father Shikellamy was purportedly a White Frenchman who had been taken by the Oneida as a child and had in manhood become a chief. Chief Shikellamy became Iroquois representative at the Delaware Indian town of Shamokin and also a friend of the secretary of the colony James Logan whose name the chief´s son assumed.
Logan moved to the Ohio Valley after the French and Indian War (1754-63) and married a Shawnee.
He was never a chief but achieved renown among many Indian tribes, first because of his friendship with the white settlers and later by reason of his intense hatred of all white men.
In 1774 at the beginning of Lord Dunmore´s War against the Shawnee, Logan´s family was treacherously killed by a frontier trader named Daniel Greathouse. That was when Logan declared war on the whites with great eloquence and with a particular venom directed against Capt. Michael Cresap whom he blamed for the murder of his family in the Yellow Creek massacre (1774).
Even when the defeated Indians gathered at Chillicothe, Ohio, to make peace after the Battle of Point Pleasant (October 10), Logan refused to become reconciled although he was reported to have taken more than 30 white scalps. He continued to express his hatred of the Americans during the Revolution (1775-83) when he associated himself with the Mohawk auxiliaries of the British forces. He reportedly lost his own life at the hands of a relative.
Prominent Indian leader during the U.S. colonial period whose initial excellent relations with white settlers in Pennsylvania and the Ohio Territory deteriorated into a vendetta after the slaughter of his family in 1774.
Logan was technically a Cayuga Indian because his mother was a member of that tribe. His father Shikellamy was purportedly a White Frenchman who had been taken by the Oneida as a child and had in manhood become a chief. Chief Shikellamy became Iroquois representative at the Delaware Indian town of Shamokin and also a friend of the secretary of the colony James Logan whose name the chief´s son assumed.
Logan moved to the Ohio Valley after the French and Indian War (1754-63) and married a Shawnee.
He was never a chief but achieved renown among many Indian tribes, first because of his friendship with the white settlers and later by reason of his intense hatred of all white men.
In 1774 at the beginning of Lord Dunmore´s War against the Shawnee, Logan´s family was treacherously killed by a frontier trader named Daniel Greathouse. That was when Logan declared war on the whites with great eloquence and with a particular venom directed against Capt. Michael Cresap whom he blamed for the murder of his family in the Yellow Creek massacre (1774).
Even when the defeated Indians gathered at Chillicothe, Ohio, to make peace after the Battle of Point Pleasant (October 10), Logan refused to become reconciled although he was reported to have taken more than 30 white scalps. He continued to express his hatred of the Americans during the Revolution (1775-83) when he associated himself with the Mohawk auxiliaries of the British forces. He reportedly lost his own life at the hands of a relative.
LOS CELOS DE LOPE DE VEGA
Entra Silvero, pastor.
SILVERO Creciendo va mi dolor
por los puntos de la ira,
Belisa, de tu rigor.
¿Adónde huyes de mí?
LISENA ¿No la has hallado?
SILVERO No la hallo.
Lisena, ¿qué haces aquí?
LISENA Buscar, perdida y ajena,
aquél por quien me perdí,
que al fin tiene dueño ajeno.
SILVERO Y el que lo es de mi vida.
LISENA Al fin, penas como peno.
SILVERO sí que en aquesta bebida
nos dan un propio veneno.
Belisa quiere a Belardo,
tú a Belardo, yo a Belisa;
no sé qué remedio aguardo,
que todo el mal viene aprisa
y el bien, perezoso y tardo.
¡Ah, Lisena, y quién pudiera
hacer que yo te quisiera!,
y porque esto fuera así
que me quisieras a mí,
al fin, que una cosa fuera;
pues quieres a quien te olvida
y yo a quien me olvida quiero.
LISENA Mal puede un hombre, Silvero,
forzar su dicha perdida.
Por quien me aborrece, muero.
SILVERO ¿Quieres que nos esforcemos
a amarnos los dos? Quizá
que porfiando podremos.
LISENA ¿Quién al amor forzará?
Pero, Silvero, probemos;
que, cuando no sirva más
que dar a entender al valle
que por mí penando estás
y que me abrasa tu talle,
doy celos y celos das.
SILVERO ¿Qué más bien que dar fatiga
tan celosa a mi enemiga?
LISENA ¿Qué más bien que a mi enemigo
dalle un celoso castigo
de cuanto a mí me castiga?
Yo sé que lo sentirá,
que a Pradelo sabes ya
le aborrezco, y este día,
si otra amase, me daría
la pena que no me da.
SILVERO Brava pena da, Lisena,
ver que quien nos ha querido
ya quiera persona ajena;
que quizá de igual olvido
tomó principio mi pena.
Por lo menos, les daremos
a entender que nos amamos,
y a fe que pena les demos
viendo que no nos lloramos
las lágrimas que solemos.
Ahora bien, quiero empezar.
LISENA ¿A qué, Silvero?
SILVERO A probar
a decirte alguna cosa:
¡A fe, que vienes hermosa!
LISENA Bien dices para burlar.
¡Qué gentil hombre que estás!
SILVERO Para burlarte bien dices.
¿Ámasme, mi bien?
LISENA Bien vas.
Como el agua a las raíces
de verde trigo, y aun más.
Y aun es mayor mi deseo
de que te juntes conmigo.
SILVERO No es posible, no lo creo;
pongo al cielo por testigo
de que a la muerte me veo.
LISENA ¿De qué enfermedad?
SILVERO De amarte,
porque en mi cuerpo no hay parte
donde no tenga su herida.
LISENA Pues ¿qué soy yo?
SILVERO ¿Tú? Mi vida.
LISENA Quiero en mis brazos curarte.
SILVERO Tomarélos, no hay que hablar.
LISENA Tente afuera; aqueso no.
SILVERO ¿No ves que todo es burlar?
LISENA Sí; mas no se concertó
que me habías de abrazar.
Las burlas, burlas, Silvero;
que eso de los brazos es
prendas de amor verdadero.
SILVERO Así, pues, háblame, pues.
¡Qué me dices?
LISENA Que te quiero.
SILVERO Y yo sin comparación.
Por justa satisfacción,
te ofrezco mi voluntad.
LISENA ¿Qué más tiene la verdad,
Silvero, que esa afación?
¡Oh, malhaya la mujer
que pone su fe en vosotros!
SILVERO Mejor se puede poner,
cuando la hubiese, en nosotros;
pero no la puede haber.
Oye, que Belisa es ésta.
A fe que tenemos fiesta.
Hazme favor, por tu vida.
Entra Belisa haciendo una trenza de cabellos de seda azul y verde.
BELISA Vaya la esperanza asida
entre amor y celos puesta,
aunque lo azul con lo verde
no diga bien
LISENA ¡Ah, mis ojos!
SILVERO ¿Qué, mi bien?
LISENA Que se os acuerde
que soy yo vuestros despojos.
BELISA ¡Oh, cuánto la cinta pierde
en llevar aquestos celos!
Mas yo diré que el turquí
era color de los cielos.
SILVERO ¿Qué?¿Al fin me quieres a mí?
BELISA ¿Pondrélos, o quitarélos?
SILVERO Alza más la voz, Lisena,
que, en la trenza embebecida,
viene de sentido ajena.
LISENA ¿Quiéresme?
SILVERO Como a mi vida.
LISENA ¿Qué tienes?
SILVERO Amor y pena.
Dire más.
LISENA No puedo más,
que si de acá no me sale
cánsame mucho.
SILVERO Verás
cuánto la industria nos vale.
LISENA No escucha, y es por demás.
Ya Belardo viene aquí.
Yo sé que ahora hablarás.
Entre Belardo haciendo en una tablilla esta cifra: b-flor de lis-a.
BELARDO Bien irá la letra así
y este rasguillo de atrás.
BELISA ¡Qué bien los celos tejí!
A fe que sin que lo diga,
mi lengua en esta ocasión
ha de entender mi fatiga.
SILVERO Abrásasme el corazón,
y el propio a tu ardor se obliga.
LISENA Tú me abrasas los sentidos.
BELARDO La flor de lis pondré en medio.
LISENA Están tan embebecidos,
que de oírnos no hay remedio.
SILVERO Bien parecemos fingidos;
que si tú a mí me quisieras
y de mí querida fueras,
árbol ni piedra quedara
que no te oyera y mirara,
y escuchada y vista fueras.
LISENA Desdichado es el amor.
Nunca le faltan testigos.
SILVERO Por mí lo dirás mejor,
que tiene mil enemigos
mi verdadero dolor.
BELARDO Hermosas plantas de encarnadas rosas;
doradas y extendidas clavellinas,
que en verdes hojas de esmeraldas finas
con nuevo olor resplandecéis vosotras.
Altos jazmines, vides amorosas,
de consumirse, con el tiempo, indinas;
¿vistes del sol las luces más divinas
mirarse en verdes ramas victoriosas?
¿Viste jamás tan apacible el día?
¿Reverdecieron más vuestros despojos
con el rocío que del alba os toca?
Aquí debe de estar la prenda mía,
que aquese resplandor es de sus ojos
y aquese aljófar de su dulce boca.
BELISA Marchitas plantas, ramos, fruto y rosas,
fe de los hombres, tiernas clavellinas,
que siendo falsas, como piedras finas,
a nuestro engaño relucís vosotras.
Robles, desenlazad las amorosas
yedras de engaño y deslealtad indinas,
porque las apariencias más divinas
de fe rompidas vivan victoriosas.
Pastor injusto, pues que llega el día
de tu mal pensamiento, estos despojos
recibe, que es más justo a quien le toca.
Ni soy tu prenda, ni eres prenda mía;
sólo me pesa que a tan buenos ojos
el cielo diese tan fingida boca.
BELARDO Amor: que esto que siento,
que no suele el corazón
en vano hacer movimiento,
correos del alma son
que vienen del pensamiento.
¡Ay, mi Belisa!¿Aquí estás?
BELISA En mis brazos te recibo,
por no negallos jamás.
SILVERO De lo dicho me desdigo;
no pienso quererte más.
Para ver, sí tienen ojos,
no los tienen para verme.
BELARDO Causa me has dado y enojos,
y ocasión para ofrecerme
a la muerte por despojos.
BELISA Esta trenza de cabellos,
que he tejido para ti,
te dirá la causa dellos.
BELARDO Si ello me lo dice así,
por Dios, que me cuelgue dellos.
Aquí el verde y mi esperanza
muestran el valor que alcanza
el que sirve con firmeza;
pues no hay negro, no hay tristeza,
ni en pardo, desconfianza.
¡Ay, color, que ya te veo!
No hay por qué te disimules;
ni vienes bien, ni lo creo,
que no da llamas azules
al fuego de mi deseo.
Es mi pena celestial
y esas llamas están mal,
porque azules son de azufre,
y no es la pena que sufre
tan sin remedio infernal.
Mi bien, ¡que puedes creer
que se ha de compadecer
haberte visto y no amarte
y que pueda celos darte
hermosura de mujer!
¿De quién temes?
BELISA No querría
mi bien, decirte mi pena;
pero viste estotro día...
BELARDO ¿A mí?¿Con quién?
BELISA Con Lisena.
BELARDO ¿Qué dices, Belisa mía?
¿Yo, con Lisena?
BELISA Tú, pues.
BELARDO Puede ser; pero ¿no ves
que guardaría el decoro
a que los ojos que adoro
estó poniendo en mis pies?
SILVERO ¿No escuchas esto, Lisena?
LISENA Ya lo escucho, que ya estoy
ardiendo en celosa pena.
BELARDO Bien sabes que tuyo soy,
sin tener sospecha ajena;
y créeme sin recelo,
que es Lisena un frío hielo
para mis ojos, y que es
la tierra de aquesos pies
y el infierno de ese cielo.
LISENA ¿Esto tengo de escuchar?
¿Estos desprecios merezco
por un injusto adorar?
BELISA Ya que a creerte me ofrezco,
la palabra me has de dar
de no hablar más con Lisena.
BELARDO Cuando la hablare otra vez
me condene a eterna pena
aquel sangriento jüez
que a los infiernos condena.
Pero ya que eso me pides,
y con tu amor verdadero
la razón que tienes mides,
dejar de hablar a Silvero,
porque del todo le olvides.
BELISA ¿Yo, a Silvero?
LISENA ¿Oyes aquesto?
SILVERO Ya lo escucho. ¡Ah, tiempo ingrato,
qué firmeza has descompuesto!
BELISA Ayer rasgué aquel retrato
que estaba en el olmo puesto;
que le di con el cayado
en la adornada cabeza
tantos palos al cuitado,
que allá saltó la corteza
y esotro volvió quebrado.
SILVERO ¿Esto tengo de sufrir
por un injusto adorar
hasta llegar a morir?
BELARDO ¿Juras que no le has de hablar?
BELISA Y cuando le viere, huir.
¿Qué traías en la mano?
BELARDO Una tablilla en que hacía
aquel nombre soberano.
BELISA ¿Cúyo?
BELARDO Tuyo, gloria mía.
BELISA Muestra a ver. ¡Por Dios, galano!
¿Qué dice en la be y el a?
BELARDO Con la lis en medio puesta,
Belisa, mi bien, dirá.
SILVERO Cara me cuesta la fiesta,
y el alma me costará.
BELISA ¿Quiéresme le dar?
BELARDO ¿Pues no?
Pues yo ¿para quién lo hacía?
LISENA ¿Ves que el retrato le dio?
He visto la muerte mía,
y la que nunca me vio.
BELISA Traerle quiero en mi cuello
en poniéndole una cinta.
BELARDO Yo, la trenza y tu cabello
cuando con muerte sucinta
me obligare a suspendello,
aunque esto nunca será.
Vámonos aquella fuente
que junto al encina está.
SILVERO Éste es tiempo conveniente.
Lisena, el brazo me da,
que viéndonos abrazados
irán de celos abrasados.
LISENA Tal estoy, que te los doy.
BELARDO Yo soy tuyo.
BELISA Tuya soy.
BELARDO ¿Cómo iremos?
BELISA Enlazados.
Éntranse abrazados, sin mirarlos.
SILVERO Con nuestra burla nos deja.
LISENA Suelta, Silvero, los brazos,
pues aquel traidor se aleja,
que voy a ahorcarme en los lazos
de la vid más firme y vieja.
Que pues un tiempo lo fui
y el cuello ingrato ceñí
pensando que era árbol fuerte,
serán lazos de mi muerte
los que en la vida tejí.
Váse Lisena.
El ganso de oro, Lope de Vega
SILVERO Creciendo va mi dolor
por los puntos de la ira,
Belisa, de tu rigor.
¿Adónde huyes de mí?
LISENA ¿No la has hallado?
SILVERO No la hallo.
Lisena, ¿qué haces aquí?
LISENA Buscar, perdida y ajena,
aquél por quien me perdí,
que al fin tiene dueño ajeno.
SILVERO Y el que lo es de mi vida.
LISENA Al fin, penas como peno.
SILVERO sí que en aquesta bebida
nos dan un propio veneno.
Belisa quiere a Belardo,
tú a Belardo, yo a Belisa;
no sé qué remedio aguardo,
que todo el mal viene aprisa
y el bien, perezoso y tardo.
¡Ah, Lisena, y quién pudiera
hacer que yo te quisiera!,
y porque esto fuera así
que me quisieras a mí,
al fin, que una cosa fuera;
pues quieres a quien te olvida
y yo a quien me olvida quiero.
LISENA Mal puede un hombre, Silvero,
forzar su dicha perdida.
Por quien me aborrece, muero.
SILVERO ¿Quieres que nos esforcemos
a amarnos los dos? Quizá
que porfiando podremos.
LISENA ¿Quién al amor forzará?
Pero, Silvero, probemos;
que, cuando no sirva más
que dar a entender al valle
que por mí penando estás
y que me abrasa tu talle,
doy celos y celos das.
SILVERO ¿Qué más bien que dar fatiga
tan celosa a mi enemiga?
LISENA ¿Qué más bien que a mi enemigo
dalle un celoso castigo
de cuanto a mí me castiga?
Yo sé que lo sentirá,
que a Pradelo sabes ya
le aborrezco, y este día,
si otra amase, me daría
la pena que no me da.
SILVERO Brava pena da, Lisena,
ver que quien nos ha querido
ya quiera persona ajena;
que quizá de igual olvido
tomó principio mi pena.
Por lo menos, les daremos
a entender que nos amamos,
y a fe que pena les demos
viendo que no nos lloramos
las lágrimas que solemos.
Ahora bien, quiero empezar.
LISENA ¿A qué, Silvero?
SILVERO A probar
a decirte alguna cosa:
¡A fe, que vienes hermosa!
LISENA Bien dices para burlar.
¡Qué gentil hombre que estás!
SILVERO Para burlarte bien dices.
¿Ámasme, mi bien?
LISENA Bien vas.
Como el agua a las raíces
de verde trigo, y aun más.
Y aun es mayor mi deseo
de que te juntes conmigo.
SILVERO No es posible, no lo creo;
pongo al cielo por testigo
de que a la muerte me veo.
LISENA ¿De qué enfermedad?
SILVERO De amarte,
porque en mi cuerpo no hay parte
donde no tenga su herida.
LISENA Pues ¿qué soy yo?
SILVERO ¿Tú? Mi vida.
LISENA Quiero en mis brazos curarte.
SILVERO Tomarélos, no hay que hablar.
LISENA Tente afuera; aqueso no.
SILVERO ¿No ves que todo es burlar?
LISENA Sí; mas no se concertó
que me habías de abrazar.
Las burlas, burlas, Silvero;
que eso de los brazos es
prendas de amor verdadero.
SILVERO Así, pues, háblame, pues.
¡Qué me dices?
LISENA Que te quiero.
SILVERO Y yo sin comparación.
Por justa satisfacción,
te ofrezco mi voluntad.
LISENA ¿Qué más tiene la verdad,
Silvero, que esa afación?
¡Oh, malhaya la mujer
que pone su fe en vosotros!
SILVERO Mejor se puede poner,
cuando la hubiese, en nosotros;
pero no la puede haber.
Oye, que Belisa es ésta.
A fe que tenemos fiesta.
Hazme favor, por tu vida.
Entra Belisa haciendo una trenza de cabellos de seda azul y verde.
BELISA Vaya la esperanza asida
entre amor y celos puesta,
aunque lo azul con lo verde
no diga bien
LISENA ¡Ah, mis ojos!
SILVERO ¿Qué, mi bien?
LISENA Que se os acuerde
que soy yo vuestros despojos.
BELISA ¡Oh, cuánto la cinta pierde
en llevar aquestos celos!
Mas yo diré que el turquí
era color de los cielos.
SILVERO ¿Qué?¿Al fin me quieres a mí?
BELISA ¿Pondrélos, o quitarélos?
SILVERO Alza más la voz, Lisena,
que, en la trenza embebecida,
viene de sentido ajena.
LISENA ¿Quiéresme?
SILVERO Como a mi vida.
LISENA ¿Qué tienes?
SILVERO Amor y pena.
Dire más.
LISENA No puedo más,
que si de acá no me sale
cánsame mucho.
SILVERO Verás
cuánto la industria nos vale.
LISENA No escucha, y es por demás.
Ya Belardo viene aquí.
Yo sé que ahora hablarás.
Entre Belardo haciendo en una tablilla esta cifra: b-flor de lis-a.
BELARDO Bien irá la letra así
y este rasguillo de atrás.
BELISA ¡Qué bien los celos tejí!
A fe que sin que lo diga,
mi lengua en esta ocasión
ha de entender mi fatiga.
SILVERO Abrásasme el corazón,
y el propio a tu ardor se obliga.
LISENA Tú me abrasas los sentidos.
BELARDO La flor de lis pondré en medio.
LISENA Están tan embebecidos,
que de oírnos no hay remedio.
SILVERO Bien parecemos fingidos;
que si tú a mí me quisieras
y de mí querida fueras,
árbol ni piedra quedara
que no te oyera y mirara,
y escuchada y vista fueras.
LISENA Desdichado es el amor.
Nunca le faltan testigos.
SILVERO Por mí lo dirás mejor,
que tiene mil enemigos
mi verdadero dolor.
BELARDO Hermosas plantas de encarnadas rosas;
doradas y extendidas clavellinas,
que en verdes hojas de esmeraldas finas
con nuevo olor resplandecéis vosotras.
Altos jazmines, vides amorosas,
de consumirse, con el tiempo, indinas;
¿vistes del sol las luces más divinas
mirarse en verdes ramas victoriosas?
¿Viste jamás tan apacible el día?
¿Reverdecieron más vuestros despojos
con el rocío que del alba os toca?
Aquí debe de estar la prenda mía,
que aquese resplandor es de sus ojos
y aquese aljófar de su dulce boca.
BELISA Marchitas plantas, ramos, fruto y rosas,
fe de los hombres, tiernas clavellinas,
que siendo falsas, como piedras finas,
a nuestro engaño relucís vosotras.
Robles, desenlazad las amorosas
yedras de engaño y deslealtad indinas,
porque las apariencias más divinas
de fe rompidas vivan victoriosas.
Pastor injusto, pues que llega el día
de tu mal pensamiento, estos despojos
recibe, que es más justo a quien le toca.
Ni soy tu prenda, ni eres prenda mía;
sólo me pesa que a tan buenos ojos
el cielo diese tan fingida boca.
BELARDO Amor: que esto que siento,
que no suele el corazón
en vano hacer movimiento,
correos del alma son
que vienen del pensamiento.
¡Ay, mi Belisa!¿Aquí estás?
BELISA En mis brazos te recibo,
por no negallos jamás.
SILVERO De lo dicho me desdigo;
no pienso quererte más.
Para ver, sí tienen ojos,
no los tienen para verme.
BELARDO Causa me has dado y enojos,
y ocasión para ofrecerme
a la muerte por despojos.
BELISA Esta trenza de cabellos,
que he tejido para ti,
te dirá la causa dellos.
BELARDO Si ello me lo dice así,
por Dios, que me cuelgue dellos.
Aquí el verde y mi esperanza
muestran el valor que alcanza
el que sirve con firmeza;
pues no hay negro, no hay tristeza,
ni en pardo, desconfianza.
¡Ay, color, que ya te veo!
No hay por qué te disimules;
ni vienes bien, ni lo creo,
que no da llamas azules
al fuego de mi deseo.
Es mi pena celestial
y esas llamas están mal,
porque azules son de azufre,
y no es la pena que sufre
tan sin remedio infernal.
Mi bien, ¡que puedes creer
que se ha de compadecer
haberte visto y no amarte
y que pueda celos darte
hermosura de mujer!
¿De quién temes?
BELISA No querría
mi bien, decirte mi pena;
pero viste estotro día...
BELARDO ¿A mí?¿Con quién?
BELISA Con Lisena.
BELARDO ¿Qué dices, Belisa mía?
¿Yo, con Lisena?
BELISA Tú, pues.
BELARDO Puede ser; pero ¿no ves
que guardaría el decoro
a que los ojos que adoro
estó poniendo en mis pies?
SILVERO ¿No escuchas esto, Lisena?
LISENA Ya lo escucho, que ya estoy
ardiendo en celosa pena.
BELARDO Bien sabes que tuyo soy,
sin tener sospecha ajena;
y créeme sin recelo,
que es Lisena un frío hielo
para mis ojos, y que es
la tierra de aquesos pies
y el infierno de ese cielo.
LISENA ¿Esto tengo de escuchar?
¿Estos desprecios merezco
por un injusto adorar?
BELISA Ya que a creerte me ofrezco,
la palabra me has de dar
de no hablar más con Lisena.
BELARDO Cuando la hablare otra vez
me condene a eterna pena
aquel sangriento jüez
que a los infiernos condena.
Pero ya que eso me pides,
y con tu amor verdadero
la razón que tienes mides,
dejar de hablar a Silvero,
porque del todo le olvides.
BELISA ¿Yo, a Silvero?
LISENA ¿Oyes aquesto?
SILVERO Ya lo escucho. ¡Ah, tiempo ingrato,
qué firmeza has descompuesto!
BELISA Ayer rasgué aquel retrato
que estaba en el olmo puesto;
que le di con el cayado
en la adornada cabeza
tantos palos al cuitado,
que allá saltó la corteza
y esotro volvió quebrado.
SILVERO ¿Esto tengo de sufrir
por un injusto adorar
hasta llegar a morir?
BELARDO ¿Juras que no le has de hablar?
BELISA Y cuando le viere, huir.
¿Qué traías en la mano?
BELARDO Una tablilla en que hacía
aquel nombre soberano.
BELISA ¿Cúyo?
BELARDO Tuyo, gloria mía.
BELISA Muestra a ver. ¡Por Dios, galano!
¿Qué dice en la be y el a?
BELARDO Con la lis en medio puesta,
Belisa, mi bien, dirá.
SILVERO Cara me cuesta la fiesta,
y el alma me costará.
BELISA ¿Quiéresme le dar?
BELARDO ¿Pues no?
Pues yo ¿para quién lo hacía?
LISENA ¿Ves que el retrato le dio?
He visto la muerte mía,
y la que nunca me vio.
BELISA Traerle quiero en mi cuello
en poniéndole una cinta.
BELARDO Yo, la trenza y tu cabello
cuando con muerte sucinta
me obligare a suspendello,
aunque esto nunca será.
Vámonos aquella fuente
que junto al encina está.
SILVERO Éste es tiempo conveniente.
Lisena, el brazo me da,
que viéndonos abrazados
irán de celos abrasados.
LISENA Tal estoy, que te los doy.
BELARDO Yo soy tuyo.
BELISA Tuya soy.
BELARDO ¿Cómo iremos?
BELISA Enlazados.
Éntranse abrazados, sin mirarlos.
SILVERO Con nuestra burla nos deja.
LISENA Suelta, Silvero, los brazos,
pues aquel traidor se aleja,
que voy a ahorcarme en los lazos
de la vid más firme y vieja.
Que pues un tiempo lo fui
y el cuello ingrato ceñí
pensando que era árbol fuerte,
serán lazos de mi muerte
los que en la vida tejí.
Váse Lisena.
El ganso de oro, Lope de Vega
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