May 24, 2013

SUEÑO INFANTIL: ANTONIO MACHADO

Una clara noche
de fiesta y de luna,
noche de mis sueños
noche de alegría

-era luz mi alma,
que hoy es bruma toda
no eran mis cabellos
negros todavía-,

el hada más joven
me llevó en sus brazos
a la alegre fiesta
que en la plaza ardía.

So el chisporroteo
de las luminarias
amor sus madejas
de danza tejía.

Y en aquella noche
de fiesta y de luna,
noche de mis sueños,
noche de alegría,

el hada más joven
besaba mi frente...
con su linda mano
su adiós me decía...

Todos los rosales
daban sus aromas,
todos los amores
amor entreabría.

¡Y esos niños en hilera,
llevando el sol de la tarde
en sus velitas de cera!...

¡De amarillo calabaza,
en el azul, cómo sube
la luna, sobre la plaza!

Duro ceño.
Pirata, rubio africano,
barbitaheño.

Lleva un alfanje en la mano.
Estas figuras del sueño...

Donde las niñas cantan en corro,
en los pardines del limonar,
sobre la fuente, negro abejorro
pasa volando, zumba al volar.

Se oyó su bronco gruñir de abuelo
entre las claras voces sonar,
superflua nota del violonchelo
en los jardines del limonar.

Entre las cuatro blancas paredes,
cuando una mano cerró el balcón,
por los salones de sal-si-puedes
suena el rebato de su bordón.

Muda en el techo, quieta, ¿dormida?,
la negra nota de angustia está,
y en la pradera verdiflorida
de un sueño niño volando va...

Si yo fuera un poeta
galante, cantaría
a vuestros ojos un cantar tan puro
como en el mármol blanco el agua limpia.

Y en una estrofa de agua
todo el cantar sería:

"Ya sé que no responden a mis ojos,
que ven y no preguntan cuando miran
los vuestros claros; vuestros ojos tienen
la buena luz tranquila,
la buena luz del mundo en flor, que he visto
desde los brazos de mi madre un día".

EL DIOS IBERO: ANTONIO MACHADO

Igual que el ballestero
tahur de la cantiga,
tuviera una saeta el hombre ibero
para el Señor que apedreó la espiga
y malogró los frutos otoñales,
y un "gloria a ti" para el Señor que grana
centenos y trigales
que el pan bendito le darán mañana.

"Señor de la ruina,
adoro porque aguardo y porque temo:
con mi oración se inclina
hacia la tierra un corazón blasfemo.

¡Señor, por quien arranco el pan con pena,
sé tu poder, conozco mi cadena!
¡Oh dueño de la nube del estío
que la campiña arrasa,
del seco otoño, del helar tardío,
y del bochorno que la mies abrasa!

¡Señor del iris, sobre el campo verde
donde la oveja pace,
Señor del fruto que el gusano muerde
y de la choza que el turbión deshace,
tu soplo el fuego del hogar aviva,
tu lumbre da sazón al rubio grano,
y cuaja el hueso de la verde oliva,
la noche de San Juan, tu santa mano!

¡Oh dueño de fortuna y de pobreza,
ventura y malandanza,
que al rico das favores y pereza
y al pobre su fatiga y su esperanza!

¡Señor, Señor: en la voltaria rueda
del año he visto mi simiente echada,
corriendo igual albur que la moneda
del jugador en el zar sembrada!

¡Señor, hoy paternal, ayer cruento,
con doble faz de amor y de venganza.
a ti, en un dado de tahur al viento
va mi oración, blasfemia y alabanza!"

Este que insulta a Dios en los altares,
no más atento al ceño del destino,
también soñó caminos en los mares
y dijo: es Dios sobre la mar camino.

¿No es él quien puso a Dios sobre la guerra,
más allá de la suerte,
más allá de la tierra,
más allá de la mar y de la muerte?

¿No dio la encina ibera
para el fuego de Dios la buena rama,
que fue en la santa hoguera
de amor una con Dios en pura llama?

Mas hoy... ¡ Qué importa un día!
Para los nuevos lares
estepas hay en la floresta umbría,
leña verde en los viejos encinares.

Aún larga patria espera
abrir el corvo arado sus besanas;
para el grano de Dios hay sementera
bajo cardos y abrojos y bardanas.

¡Qué importa un día! Está el ayer alerto
al mañana, mañana al infinito,
hombres de España, ni el pasado ha muerto,
ni está el mañana -ni el ayer- escrito.

¿Quién ha visto la faz al Dios hispano?
Mi corazón aguarda
al hombre ibero de la recia mano,
que tallará en el roble castellano
el Dios adusto de la tierra parda.

(NOTA Jorge: RECIO-que juega a contradecirse a sí mismo,
a ir contra sí mismo poniendo la manera de fortalecerse)



LA SAETA DE JOAN MANUEL SERRAT: ANTONIO MACHADO

¿Quién me presta una escalera,
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
(Saeta popular)

¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

A UN OLMO SECO: ANTONIO MACHADO

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y EL SOL DE MAYO,
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
la mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

(NOTA Jorge: EL FIN DE LA CRISIS EN MIRAFLORES).

LA ENCINA: ANTONIO MACHADO

(NOTA Jorge: ANCIANA-ENCINA-ENCÍA
a la muerte de mi abuela Adela).


¡Encinares castellanos
en laderas y altozanos,
serrijones y colinas
llenos de obscura maleza,
encimas, pardas encinas;
humildad y fortaleza!

Mientras que llenándoos va
el hacha de calvijares,
¿nadie cantaros sabrá,
encinares?

El roble es la guerra, el roble
dice el valor y el coraje,
rabia inmoble
en su torcido ramaje;
y esa más rudo
que la encina, más nervudo,
más altivo y más señor.

El alto roble parece
que recalca y ennudece
su robustez como atleta
que, erguido, afinca en el suelo.

¿Quién ha visto sin temblar
un hayedo en un pinar?
Los chopos son la ribera,
liras de la primavera,
cerca del agua que fluye,
pasa y huye,
viva o lenta,
que se emboca turbulenta
o en remanso se dilata.
En su eterno escalofrío
copian del agua del río
las vivas ondas de plata.

De los parques las olmedas
son las buenas arboledas
que nos han visto jugar,
cuando eran nuestros cabellos
rubios y, con nieve en ellos,
nos han de ver meditar.

¿Qué tienes tú, negra encina
campesina,
con tus ramas sin color
en el campo sin verdor;
con tu tronco ceniciento
sin esbeltez ni altiveza,
con tu vigor sin tormento,
y tu humildad que es firmeza?

En tu copa ancha y redonda
nada brilla,
ni tu verdiobscura fronda
ni tu flor verdiamarilla.

Nada es lindo ni arrogante
en tu porte, ni guerrero,
nada fiero
que aderece su talante.
Brotas derecha o torcida
con esa humildad que cede 
sólo a la ley de la vida,
que es vivir como se puede.

El campo mismo se hizo
árbol en ti, parda encina.
Ya bajo el sol que calcina,
ya contra el hielo invernizo,
el bochorno y la borrasca,
el agosto y el enero,
los copos de la nevasca,
los hilos del aguacero,
siempre firme, siempre igual,
impasible, casta y buena,
¡oh tú, robusta y serena

..., encinar
que pones tu nota arisca,
como un castellano ceño

con tu adustez castellana
corrigiendo,
la vanidad y el atuendo
y la hetiquez cortesana!...

CAMPOS DE CASTILLA: ANTONIO MACHADO


¿Será porque se ha ido
quien asentó mis pasos en la tierra,
y, en este nuevo ejido
sin rubia mies, la soledad me aterra?

Yo trabajo lo que puedo, repuesto por voluntad desesperada de una honda crisis que me llevaba al aniquilamiento... Cuando perdí a mi mujer (Leonor) pensé pegarme un tiro. El éxito de mi libro (Campos de Castilla) me salvó, y no por vanidad ¡bien lo sabe Dios!, sino porque pensé, que si había en mí una fuerza útil no tenía derecho a aniquilarla, pero con eficacia, con verdad.

Antonio Machado, 1913



A ORILLAS DEL DUERO (POR SORIA?)

trepaba por los cerros que habitan las rapaces
aves de altura, hollando las hierbas montaraces
de fuerte olor -romero, tomillo, salvia, espliego-.
Sobre los agrios campos caía un sol de fuego.

Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo
cruzaba solitario el puro azul del cielo.
Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo,
y una redonda loma cual recamado escudo
y cárdenos alcores sobre la parda tierra

El Duero cruza el corazón de roble
de Iberia y de Castilla.
¡Oh, tierra triste y noble,
la de los altos llanos y yermos y roquedas,
de campos sin arados, regatos ni arboledas;
decrépitas ciudades, caminos sin mesones,
y atónitos palurdos sin danzas ni canciones
que aún van, abandonando el mortecino hogar.
como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar!

Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus andrajos, desprecia cuanto ignora.
¿Espera, duerme o sueña?¿La sangre derramada
recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada?
Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;
cambian la mar y el monte y el ojo que los mira.
¿Pasó? Sobre sus campos aún el fantasma yerra
de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra.

Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora.

El sol va declinando. De la ciudad lejana
me llega un armonioso tañido de campana
-ya irán a su rosario las enlutadas viejas-.
De entre las peñas salen dos lindas comadrejas;
me miran y se alejan, huyendo, y aparecen
de nuevo ¡tan curiosas!... Los campos se obscurecen.
Hacia el camino blanco está el mesón abierto
al campo ensombrecido y al pedregal desierto.

¡Castilla varonil, adusta tierra,
Castilla del desdén contra la suerte,
Castilla del dolor y de la guerra
tierra inmortal, Castilla de la muerte!


POR TIERRAS DE ESPAÑA: (POR EXTREMADURA?)

Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,
capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,
que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,
esclava de los siete pecados capitales.

Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,
guarda su presa y llora la que el vecino alcanza;
ni para su infortunio ni goza su riqueza;
le hieren y acongojan fortuna y malandanza.

El numen de estos campos es sanguinario y fiero;
al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,
veréis agigantarse la forma de un arquero,
la forma de un inmenso centauro flechador.

Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta
-no fue por estos campos el bíblico jardín-
son tierras para el águila, un trozo de planeta
por donde cruza errante la sombra de Caín.


EL LOCO

Por los campos de Dios el loco avanza.
Tras la tierra esquelética y sequiza
-rojo de herrumbe y pardo de ceniza-
hay un sueño de lirio en lontananza.

Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano!
-¡Carne triste y espíritu villano!

No fue por una trágica amargura
esta alma errante desgajada y rota;
purga un pecado ajeno: la cordura,
la terrible cordura del idiota.


PROVERBIOS Y REFRANES

¿Para qué llamar caminos
a los surcos del azar?...
Todo el que camina anda,
como Jesús, sobre el mar.

Nuestras horas son minutos
cuando esperamos saber,
y siglos cuando sabemos
lo que se puede aprender.

En preguntar lo que sabes
el tiempo no has de perder...
Y a preguntas sin respuesta
¿quién te podrá responder?

¡Teresa, alma de fuego,
Juan de la Cruz, espíritu de llama
por aquí hay mucho frío, padres, nuestros
corazoncitos de Jesús se apagan!

Ayer soñé que veía
a Dios y que a Dios hablaba;
y soñé que Dios me oía...
Después soñé que soñaba.

Cosas de hombres y mujeres
los amoríos de ayer,
casi los tengo olvidados,
si fueron alguna vez.

No extrañéis, dulces amigos,
que esté mi frente arrugada;
yo vivo en paz con los hombres
y en guerra con mis entrañas.

Todo hombre tiene dos
batallas que pelear:
en sueños lucha con Dios;
y despierto, con el mar.

Érase de un marinero
que hizo un jardín al mar,
y se metió a jardinero.
Estaba el jardín en flor,
y el jardinero se fue
por esos mares de Dios.

Yo amo a Jesús, que nos dijo:
Cielo y tierra pasarán.
Cuando cielo y tierra pasen
mi palabra quedará.
¿Cuál fue, Jesús, tu palabra?
¿Amor?¿Perdón?¿Caridad?
Todas tus palabras fueron
una palabra: Velad.

Anoche soñé que oía
a Dios, gritándome: ¡Alerta!
Luego era Dios quien dormía,
y yo gritaba: ¡Despierta!

¿Dijiste media verdad?
Dirán que mientes dos veces
si dices la otra mitad.

Si vivir es bueno
es mejor soñar,
y mejor que todo,
madre, despertar.

-Nuestro español bosteza.
¿Es hambre?¿Sueño?¿Hastío?
Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?
-El vacío es más bien en la cabeza.

Busca en tu prójimo espejo;
pero no para afeitarte,
ni para teñirte el pelo.

En esta España de los pantalones
lleva la voz el macho;
mas si un negocio importa
lo resuelven las faldas a escobazos.

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.








May 23, 2013

MIRCEA ELIADE (1947-74)

Historian of religions and man of letters distinguished for his researched in the symbolic language used by various religious traditions and his attempt to reduce their meaning to underlying primordial myths that provide the basis for mystical phenomena.

Eliade took an M.A. in philosophy from the University of Bucharest in 1928. Through a graduate fellowship he studied Sanskrit and Indian philosophy at the University of Calcutta from 1928 to 1931, then lived for six months in the ashram (hermitage) of Rishikesh, Himalaya.

Returning to Romania he earned his Ph.D. in 1933 with the dissertation Yoga: Essai sur les origines de la mystique indienne (Yoga: Essay on the Origins of the Indian Mystic) and was named assistant professor at Bucharest where he taught the history of religions and Indian philosophy.

During World War II he served as cultural attaché to the Romanian legation in London and Lisbon. In 1945 he went to Paris as a visiting professor at the École des Hautes Études of the Sorbonne.

He joined the faculty of the University of Chicago in 1957 as professor of the history of religions and in 1961 founded the international journal History of Religions.

Eliade´s essential interpretation of traditional religious cultures and his analysis of the forms of mystical experience characterize his major works : Traité d´histoire des religions (1949); Le Mythe de l´éternel retour (1949, The Myth of the Eternal Return) and Le Chamanisme et les techniques archaïques de l´extase (1951). He also expressed these basic themes through the literary form of novels, notably Forêt interdite (1955, Forbidden Forest).

Fundamentally Eliade considers religious experience in traditional and contemporary societies as credible phenomena that he terms hierophanies; i.e., manifestations of the sacred in the world. His researches trace the forms these hierophanies have taken across the earth and through time. The result is a type of history of divine revelation, viz., a systematizing of the major classes of religious phenomena that he judges to be authentic appearances of the sacred and a tracing of the rise, dominance, decline and disappearance of these classes within the changing contexts of human life. This analytic-descriptive method has led to the uncovering of suggestive clusterings of certain religious patterns within particular historical conditions; e.g. the recurring nature of theophanies (appearance of a deity), the yearning for paradise, elitist doctrines and arcane worship. Such a morphological (structural) investigation of religious phenomena resembles a type of cultural paleontology the sole aim of which is the reconstruction from scattered fragments of ancient man´s consciousness of the universe.

In his search for the primordial consciousness Eliade interprets primitive man´s experience of the mysteries of creation, birth, initiation and death as connoting a unity of man and nature, the natural and the supernatural, the secular and the sacred. Early man thus experienced the immanent working of the deity and understood it in the form of a myth, viz., the story of a primordial event that constitutes and inaugurates a reality and hence determines man´s situation in the cosmos as a sacred or unified world. At any moment in time, Eliade maintains, man can relate to these primordial and constitative events by means of ritual communication. The basic meaning of religious ritual in this thesis is the attempt to reach the pure, pristine act of the deity that signified his relation with man and the world and so to speak, to return to that moment when time did not exist in order to be reborn by realizing the presence of the numen (divine spirit). This "myth of the eternal return" and its correlative cyclical time is distinguished from other interpretations of history; e.g. the Judeo-Christian linear concept or history as purposeful plan.

The myth or axis mundi (axis of the world) indicates the centre of reality and the enduring present of the sacred, communicating to man through inscrutable mysteries that serve as vehicles for meanings it chooses to reveal. Thus, the meaning of mythical phenomena and religious experience according to Eliade cannot be grasped by the various methods of the psychological and social sciences because of the irreducible element of the sacred. It is this sacred character that distinguishes myth form related literary types: saga, legend and fairy tale.