No hables tanto de ti y deja que ella hable de sí. Puede ser muy interesante, y no te empeñarás en falsas promesas y halagos. Tampoco huyas, aguanta la arremetida de ella, e intenta prestar atención y memoria a su nombre. Ten paciencia tres veces, reflexiona en tu interior lo que te dice, y dale sentencia final, a si puede ser tu pareja estable. Vela por la belleza, que es fruto divino dado por los dioses a las semillas humanas.
Entre todas las chicas escoge a una. Puesto que la has escogido tienes ya que conocerla. Así que vete a hablar con ella. Y conoce al momento su tono de voz, su temperamento, su espíritu, sus ideas, sus risas y su contoneo.
El hombre no debe enamorarse de una mujer si sintiera vergüenza de casarse con ella. Es más, no te enamores de quien te daría vergüenza hasta pasear con ella.
No es aconsejable hablar de amor a una mujer desde el primer instante: un sistema tan directo sólo tiene éxito con las concubinas.
No a una expresión de amor tal y como la conciben los comerciantes. No hablar de matrimonio a la primera vez que os conocéis.
Cuando supliques a tu dama pide una promesa de "recompensa tangible".
El verdadero objeto del amor consiste en alcanzar los consuelos dispensados por la parte inferior, en la cual radica el cumplimiento de toda acción amorosa. Por ello, es preferible aquel que elige la parte donde sus afanes encuentran fruto, y no aquel que se contenta con la mitad donde sólo puede hallar placeres preliminares.
Vale si te la levanta.
Estimularlas, quererlas, darles buenos consejos, mimos, piropos, buenas ocurrencias e ideas propias imaginativas y sicológicas sobre ellas que las ayuden a ser más creativas y felices a tu lado. Que se valoren y ser cariñosos con ellas.
March 12, 2011
PROPÓSITOS LITERARIOS III
Los códigos de una emoción y de un intelecto brillante, extraordinario, intuitivo y creativo no están en la carga genética sino en el espacio social que se propicia, que se propaga, que se descubre, que se participa y que transforma al astronauta lector enterado que medita en hábitos.
La mente humana es un terreno inhóspito, un espacio infinito que al mismo tiempo cabe dentro de un cerebro, una manera de entrenarse para escribir encontrando entre todos la verdad de la psique.
Los únicos intérpretes de los verdaderos dioses son los poetas. Hacer poesía es confesarse. Los poetas son magníficos para decirte dónde está el alma del país. La poesía es uno de los principales medios de hablar con Dios. Lo opuesto a la retórica de la política.
Bienvenida sea esta tormenta. Cada semana cojo dos o tres frases para meditar. A veces no salgo del laberinto-crucigrama y es verdad que contagio depresión a mis amigos. A veces tardo más de cuatro días en salir del laberinto. La última frase es de Ulrich: "supón que, literalmente, una idea se apoderase de ti: ¡en el momento en que sintieses físicamente este encuentro estarías en la frontera del reino de la locura!". Pero entonces no pondría a prueba mi mente.
Pocos hombres son inútiles y el hombre que profesa la sabiduría convencional y el buen juicio y la imaginación libre no lo es en absoluto. Toda persona puede tener algo interesante sino no se sostendría. Acerquémonos a ella y a los demás. Cuéntame qué te paso y si lo superaste o chocando contra el frontón cayó la pared y te asomaste a la verdad.
Jean-François Revel en ¿Por qué los filósofos? junto con La cábala de los devotos (1962) denunciaba la falta de relieve social de la filosofía, a la que corresponde desenmascarar lo falso mediante el análisis de la política, el uso de los medios de comunicación y los problemas sociales confrontándolo todo con la verdad, la naturaleza o la libertad. Escribió Ni Marx ni Jesús (1970) y Cómo acaban las democracias (1983).
Yo tenía muy mala caligrafía y era de pronto mal pensado o crítico-caótico y escribir a máquina o al ordenador me ayudaba a ordenar mis proposiciones o pensamientos y a entenderme. Lo peor fue cuando tuve que dedicarme a resumir todos los libros de la biblioteca de mi padre porque él decía que "sólo se aprende lo que se escribe".
La mente humana es un terreno inhóspito, un espacio infinito que al mismo tiempo cabe dentro de un cerebro, una manera de entrenarse para escribir encontrando entre todos la verdad de la psique.
Los únicos intérpretes de los verdaderos dioses son los poetas. Hacer poesía es confesarse. Los poetas son magníficos para decirte dónde está el alma del país. La poesía es uno de los principales medios de hablar con Dios. Lo opuesto a la retórica de la política.
Bienvenida sea esta tormenta. Cada semana cojo dos o tres frases para meditar. A veces no salgo del laberinto-crucigrama y es verdad que contagio depresión a mis amigos. A veces tardo más de cuatro días en salir del laberinto. La última frase es de Ulrich: "supón que, literalmente, una idea se apoderase de ti: ¡en el momento en que sintieses físicamente este encuentro estarías en la frontera del reino de la locura!". Pero entonces no pondría a prueba mi mente.
Pocos hombres son inútiles y el hombre que profesa la sabiduría convencional y el buen juicio y la imaginación libre no lo es en absoluto. Toda persona puede tener algo interesante sino no se sostendría. Acerquémonos a ella y a los demás. Cuéntame qué te paso y si lo superaste o chocando contra el frontón cayó la pared y te asomaste a la verdad.
Jean-François Revel en ¿Por qué los filósofos? junto con La cábala de los devotos (1962) denunciaba la falta de relieve social de la filosofía, a la que corresponde desenmascarar lo falso mediante el análisis de la política, el uso de los medios de comunicación y los problemas sociales confrontándolo todo con la verdad, la naturaleza o la libertad. Escribió Ni Marx ni Jesús (1970) y Cómo acaban las democracias (1983).
Yo tenía muy mala caligrafía y era de pronto mal pensado o crítico-caótico y escribir a máquina o al ordenador me ayudaba a ordenar mis proposiciones o pensamientos y a entenderme. Lo peor fue cuando tuve que dedicarme a resumir todos los libros de la biblioteca de mi padre porque él decía que "sólo se aprende lo que se escribe".
March 11, 2011
LA CAÍDA DE RODRÍGUEZ ZAPATERO I
I lost my job and went completely to pieces. The crowd rushed toward the exit. Time´s up! Down with the government! They had neglected their political business!
¿Qué es más fácil que un ladrón se haga político o que un político se haga ladrón?¿Puede un delincuente y un farsante participar en las elecciones y llegar al poder? Por un euro cada respuesta, Un, Dos, Tres, Responda otra vez...
Mariano Chaquetón se va a poner de cantaor de flamenco alante de este país para al menos ir quitándonos las penas poco a poco como se reza un padrenuestro adelantado a traguitos que es hermosa oración, y quizás y quién sabe, modifique la catastrófica situación en que estamos.
El manómetro Rajoy mide la presión a la que está sometido Zapatero, el gasto en volumen y la intensidad luminosa del apagón. Con precisión y facilidad del manejo de la política.
Otro de los gestos generalizados con los ojos es frotárselos, con el índice, sobre el párpado cerrado...Si no es que nos escuecen los ojos, el gesto significa que quien lo hace quiere evitar la mirada de su compañero, pero no desea admitirlo...En estos casos la acción es inconsciente y se puede interpretar...de que ese hombre está mintiendo o de que se ha dado cuenta de que su compañero está mintiendo (El hombre desnudo, Desmond Morris).
Si el corazón te oprime tu secreto, ¿esperas que éste ha de aguantarlo el de otro? El secreto es tu cautivo; pero revelado, es tu cautivador. El verdadero secreto está entre dos; entre tres, ya no hay secreto. Si tu lengua no encadenas, Zapatero, ella te encadenará.
¿Qué es lo mejor para los hombres? Tener talento, dijo el sabio y, a falta de él, bienes de fortuna, que granjean consideración, una esposa que sirva de pantalla a los defectos de él, y, si no la tiene, el silencio, que los encubre; pero el sepulcro es preferible a la falta de todo esto (Selección de Perlas, Ibn Gabirol).
¿Qué es una "tontería Más"? Quevedo trata al bobo de persona sin entendimiento. Persona alocada, pues el botarate es persona inestable, más que mentirosa o ridícula. Es término castellano del siglo XVIII.
Sentir que se ríe de nosotros algo al mismo tiempo inferior y más fuerte que uno es espantoso. Pero si alguien de una manera habitual o constante yerra en sus sentidos y en sus juicios, habrá que considerarlo muy cerca de la locura. Cuando todas las circunstancias adversas perseveran entonces ya es injusticia.
Los mitos y los dioses, aunque pura invención, ayudan a hacer virtuosos a los hombres. ¿Y es locura esperar que el propio destino nos arme alguna vez contra él suficientemente? Hemos de combatirlo con nuestras propias armas. Las fortuitas nos traicionarán llegado el momento. Nada es más político que hacer concéntrica la rueda del entendimiento con la rueda de la fortuna.
¿Qué es más fácil que un ladrón se haga político o que un político se haga ladrón?¿Puede un delincuente y un farsante participar en las elecciones y llegar al poder? Por un euro cada respuesta, Un, Dos, Tres, Responda otra vez...
Mariano Chaquetón se va a poner de cantaor de flamenco alante de este país para al menos ir quitándonos las penas poco a poco como se reza un padrenuestro adelantado a traguitos que es hermosa oración, y quizás y quién sabe, modifique la catastrófica situación en que estamos.
El manómetro Rajoy mide la presión a la que está sometido Zapatero, el gasto en volumen y la intensidad luminosa del apagón. Con precisión y facilidad del manejo de la política.
Otro de los gestos generalizados con los ojos es frotárselos, con el índice, sobre el párpado cerrado...Si no es que nos escuecen los ojos, el gesto significa que quien lo hace quiere evitar la mirada de su compañero, pero no desea admitirlo...En estos casos la acción es inconsciente y se puede interpretar...de que ese hombre está mintiendo o de que se ha dado cuenta de que su compañero está mintiendo (El hombre desnudo, Desmond Morris).
Si el corazón te oprime tu secreto, ¿esperas que éste ha de aguantarlo el de otro? El secreto es tu cautivo; pero revelado, es tu cautivador. El verdadero secreto está entre dos; entre tres, ya no hay secreto. Si tu lengua no encadenas, Zapatero, ella te encadenará.
¿Qué es lo mejor para los hombres? Tener talento, dijo el sabio y, a falta de él, bienes de fortuna, que granjean consideración, una esposa que sirva de pantalla a los defectos de él, y, si no la tiene, el silencio, que los encubre; pero el sepulcro es preferible a la falta de todo esto (Selección de Perlas, Ibn Gabirol).
¿Qué es una "tontería Más"? Quevedo trata al bobo de persona sin entendimiento. Persona alocada, pues el botarate es persona inestable, más que mentirosa o ridícula. Es término castellano del siglo XVIII.
Sentir que se ríe de nosotros algo al mismo tiempo inferior y más fuerte que uno es espantoso. Pero si alguien de una manera habitual o constante yerra en sus sentidos y en sus juicios, habrá que considerarlo muy cerca de la locura. Cuando todas las circunstancias adversas perseveran entonces ya es injusticia.
Los mitos y los dioses, aunque pura invención, ayudan a hacer virtuosos a los hombres. ¿Y es locura esperar que el propio destino nos arme alguna vez contra él suficientemente? Hemos de combatirlo con nuestras propias armas. Las fortuitas nos traicionarán llegado el momento. Nada es más político que hacer concéntrica la rueda del entendimiento con la rueda de la fortuna.
March 08, 2011
SOCIEDAD Y CIUDADANOS VII
Ese Paraíso Perdido donde "I can´t get no, satisfaction" de los Rolling Stones de la generación "baby boom". Un mundo donde el trabajo y la vida pueden llamarse decentes y dignos, ¿estamos deseando el mundo sin trabajo y sin vida? No porque siempre habrá un piloto a los mandos de una nave a Marte.
La peste del sadismo inficiona la literatura francesa, como si no hubiera más realidad, que la lujuria. No son de casta española el sentimiento obsceno, ni los aderezos artificiosos del onanismo imaginativo del "amor baboso" que diría Unamuno. De España no sale un marqués de Sade, que en su vejez "venerable" suelta con voz dulce una "ordure avec une admirable politesse". Y los celos matan sin besar por razón de san Narciso. A atizarle fuego en sus pundonorososhonores.
Los sectores más desfavorecidos desde el punto de vista socioeconómico y cultural y político en el Tercer Mundo, son las primeras víctimas de la muerte. La OMS define la salud como un bienestar, la salud no como ausencia de la enfermedad, sino según la presencia del dolor intenso.
Un señor dijo en la tele: cuanto más grandes son las escuelas y bibliotecas más pequeñas son las prisiones y los hospitales. Más de la mitad de los españoles se va de vacaciones. El calor y las prisas hacen que las cosas no se hagan bien. La oficina de empleo de Azca está llena de gente. Son murallas que no te dejan pasar.
La suerte está echada. El mercado es un medio excitable. La mano invisible de Dios se moverá. ¿Cómo encontrar trabajo o mantenerlo? El conocimiento tácito paciente y dispersamente acumulado, pero a punto, llevará a que el descubridor tenga propiedad sobre la buena suerte que le llevó a lo que encontró. La suerte es el uno por ciento y el resto se debe al mérito personal. Y el ser agraciado con la fortuna familiar al nacer.
A los bancos no les tiran piedras aunque tengan en el estante de la caja piedras con forma de calavera. Es decir que te dan una pedrada al cerebro y lo convierten en moneda de piedra y a ser posible bien grande para escarmentar al público que pide hipotecarse. Hay dos lecciones bancarias "querer dar lo que no tiene" o del "querer pero no poder".
Las casas deben hacerse según las mesas que contienen, según sean éstas redondas o según el número de comensales, que sean estas mesas grandes y como altares y de capillas, que los edificios no tengan más de cuatro alturas como en Alcobendas. No me refiero al Gran Templo Mormón de Phoenix que ha originado tanta actividad sino que la casa tenga una calle silenciosa y poco transitada y las nubes se posen sobre ella y dentro haya una familia, con un crucifijo y una estatuilla de la Virgen.
Se nos viene encima el arte povera de materiales pobres de la Ciudad Irreal de Mario Merz. Los Ministerios se van a llenar de tubos de neón, cristales, metales, y otros objetos vulgares para configurar las nuevas instalaciones.
Mi querido Javier, "no me interesa, muchas gracias", "no me interesa, muchas gracias", así voy bajando la pista de sky de locura en slalom por la gran ciudad, por educación y por no querer ofender, y riéndome si encima me insultan porque no sé de qué producto me van a regalar, "vamos que soy tonto" y mi mujer, para más inri, les dice "quiero hablar con un español porque ustedes llaman de otro Continente".
"CHIQUILICUATRE, CHIQUITITO ESPAÑOL ENVALENTONADO...", cuando pasamos de la peseta al euro, pensé ahora los Dioses nos van a hacer responsables de todos los crímenes y locura cometidos por Europa con esta moneda. Luego atravesando los Pirineos vino la inflación y todo se encareció, nos desencontramos ahora, todo para que no haya una nueva guerra civil entre nosotros. No es una trola ibérica sino una verdad.
Al final hemos de transmitir a los hijos que lo importante es tanto lo que se hereda como lo que se es capaz de progresar. Lo más difícil en esta vida es mantener la alegría. Bentham requería la mayor felicidad posible y para el mayor número de personas y lo acompañaba El Buen Vivir de Aristóteles. Tú haces algo bueno por los demás. Que sigas haciéndolo mucho.
La peste del sadismo inficiona la literatura francesa, como si no hubiera más realidad, que la lujuria. No son de casta española el sentimiento obsceno, ni los aderezos artificiosos del onanismo imaginativo del "amor baboso" que diría Unamuno. De España no sale un marqués de Sade, que en su vejez "venerable" suelta con voz dulce una "ordure avec une admirable politesse". Y los celos matan sin besar por razón de san Narciso. A atizarle fuego en sus pundonorososhonores.
Los sectores más desfavorecidos desde el punto de vista socioeconómico y cultural y político en el Tercer Mundo, son las primeras víctimas de la muerte. La OMS define la salud como un bienestar, la salud no como ausencia de la enfermedad, sino según la presencia del dolor intenso.
Un señor dijo en la tele: cuanto más grandes son las escuelas y bibliotecas más pequeñas son las prisiones y los hospitales. Más de la mitad de los españoles se va de vacaciones. El calor y las prisas hacen que las cosas no se hagan bien. La oficina de empleo de Azca está llena de gente. Son murallas que no te dejan pasar.
La suerte está echada. El mercado es un medio excitable. La mano invisible de Dios se moverá. ¿Cómo encontrar trabajo o mantenerlo? El conocimiento tácito paciente y dispersamente acumulado, pero a punto, llevará a que el descubridor tenga propiedad sobre la buena suerte que le llevó a lo que encontró. La suerte es el uno por ciento y el resto se debe al mérito personal. Y el ser agraciado con la fortuna familiar al nacer.
A los bancos no les tiran piedras aunque tengan en el estante de la caja piedras con forma de calavera. Es decir que te dan una pedrada al cerebro y lo convierten en moneda de piedra y a ser posible bien grande para escarmentar al público que pide hipotecarse. Hay dos lecciones bancarias "querer dar lo que no tiene" o del "querer pero no poder".
Las casas deben hacerse según las mesas que contienen, según sean éstas redondas o según el número de comensales, que sean estas mesas grandes y como altares y de capillas, que los edificios no tengan más de cuatro alturas como en Alcobendas. No me refiero al Gran Templo Mormón de Phoenix que ha originado tanta actividad sino que la casa tenga una calle silenciosa y poco transitada y las nubes se posen sobre ella y dentro haya una familia, con un crucifijo y una estatuilla de la Virgen.
Se nos viene encima el arte povera de materiales pobres de la Ciudad Irreal de Mario Merz. Los Ministerios se van a llenar de tubos de neón, cristales, metales, y otros objetos vulgares para configurar las nuevas instalaciones.
Mi querido Javier, "no me interesa, muchas gracias", "no me interesa, muchas gracias", así voy bajando la pista de sky de locura en slalom por la gran ciudad, por educación y por no querer ofender, y riéndome si encima me insultan porque no sé de qué producto me van a regalar, "vamos que soy tonto" y mi mujer, para más inri, les dice "quiero hablar con un español porque ustedes llaman de otro Continente".
"CHIQUILICUATRE, CHIQUITITO ESPAÑOL ENVALENTONADO...", cuando pasamos de la peseta al euro, pensé ahora los Dioses nos van a hacer responsables de todos los crímenes y locura cometidos por Europa con esta moneda. Luego atravesando los Pirineos vino la inflación y todo se encareció, nos desencontramos ahora, todo para que no haya una nueva guerra civil entre nosotros. No es una trola ibérica sino una verdad.
Al final hemos de transmitir a los hijos que lo importante es tanto lo que se hereda como lo que se es capaz de progresar. Lo más difícil en esta vida es mantener la alegría. Bentham requería la mayor felicidad posible y para el mayor número de personas y lo acompañaba El Buen Vivir de Aristóteles. Tú haces algo bueno por los demás. Que sigas haciéndolo mucho.
March 06, 2011
LOS TERTULIANOS
¿Cuáles son los factores genéticos del señor González por su agresividad contra los tertulianos?¿No sabe que esto estimula a los tertulianos? Deja claro, con su "morir de éxito", esa estupidez maniqueísta que prohíbe la cháchara de amor. Nuestro proselitismo no es por medio de la espada ni invadiendo cargos públicos, no es la nuestra una lucha sangrienta por el poder.
Nosotros los tertulianos no estamos tampoco de excedentes liberales. El vacío de ideas es la hegemonía que amenaza a Europa, como la falta de oxígeno, obligando a las cosas a refugiarse en "identidades" como las del PSOE: contactos, influencias y diálogos intolerantes. Había un impresionante poema de Luis de Oteyza del que no habría que olvidar dos versos: "Abatidos, vacilantes, cabizbajos andrajosos/ los vencidos, lentamente, se encaminan a su hogar".
Allí habría una tertulia. Menos fiesta y más naturaleza, y quítese esos bisoños de la inteligencia.
(Cartas a EL INDEPENDIENTE, noviembre 1990)
Nosotros los tertulianos no estamos tampoco de excedentes liberales. El vacío de ideas es la hegemonía que amenaza a Europa, como la falta de oxígeno, obligando a las cosas a refugiarse en "identidades" como las del PSOE: contactos, influencias y diálogos intolerantes. Había un impresionante poema de Luis de Oteyza del que no habría que olvidar dos versos: "Abatidos, vacilantes, cabizbajos andrajosos/ los vencidos, lentamente, se encaminan a su hogar".
Allí habría una tertulia. Menos fiesta y más naturaleza, y quítese esos bisoños de la inteligencia.
(Cartas a EL INDEPENDIENTE, noviembre 1990)
EL CIELO SOBRE LA TIERRA
La religión es una vía de acceso a otro estado espiritual.
Las gracias se confieren en el acto ritual de los sacramentos.
La salvación y participación de la vida eterna y feliz se halla enteramente en manos del individuo.
El título de cristiano es lo más grande que existe, pero en la vida cristiana, todos son iguales.
La razón humana se detiene ante la fe evangélica, se cambia en oscuridad y sin razón, y lo que para ella constituye una locura, para Dios es la suprema sabiduría.
Hay cosas que no se explican por la razón y tan solo se explican por la fe.
El reino del Cielo está en contra del reino de la Tierra. Qué hacemos para que la Nueva Jerusalén acampe entre nosotros.
Cristo considera como suyos a los cristianos, y son hermanos míos, todos aquellos que emprenden de todo corazón el camino de la vida recomendado por Cristo y que él ha seguido el primero.
Son las mentes y los corazones humanos, tomados cada uno de por sí, los que necesitan reformarse y cambiar al Nuevo Mundo.
Los demonios quieren gobernar los dominios temporales de la vida. El cuerpo sigue su corrupción orgánica. El alma está atada a él y no puede volar y precisa de la meditación y de la oración.
El mal y el pecado nos condenan. A diferencia de todas las restantes criaturas de las que solo impropiamente se dicen que hacen esto o lo otro, los seres humanos, gracias a su libre albedrío se condenan o se salvan solos.
El ser humano puede optar entre Dios y el Ser, y el no-ser-la nada-y el mal, el repliegue sobre sí mismo, hacia la propia individualidad limitada, con la simpleza de la autosuficiencia en su amor propio. Entonces pertenece al mundo de la pseudo-realidad.
La acción divina se manifiesta porque Dios nos busca cuando le amamos y le damos gracias por todo lo bueno que nos sucede y las veces que nos ha salvado.
A los seres humanos solo les importa pasarse por Dioses ante los hombres y esto lo castiga fuertemente Dios. Es un exceso de hybris el creerse inmortal y el no ser caritativo con los próximos.
La multiplicación de los saberes constituye el mandamiento tantas veces repetido en el Nuevo Testamento. Todo saber y toda sabiduría son buenos, pero que aquellos que se refieren directamente a la vida humana y a su seguridad han de ser apreciados como los más preciosos.
La voz divina habla en nosotros con ayuda del testimonio de la razón y también nuestra razón razonada puede ser una parte de la naturaleza humana degenerada y caída, tan impotente y perfectamente nociva como la voluntad humana de conciencia inconsciente para la empresa de la salvación.
La razón caída de la humanidad es una ruina desfigurada y como una ciega que tantea en tinieblas.
Dios vive y actúa necesariamente. Y si la fe en los milagros no se halla de acuerdo con razones de orden filosófico, son estas últimas las que han de considerarse como erróneas.
La verdadera religión debe conducir al ser humano a una alegría pura y verdadera derivada de su conocimiento de Dios y de su amor recíproco hacia Él.
Así como el cielo designa un estado de dicha inmutable, exento de inquietud y de alteración, el infierno designa cuanto hay de horrible, de miserable, todo lo que ostenta la impronta de la tristeza y el miedo. La alegría consiste no en una satisfacción momentánea, sino en una perfección duradera.
Los seres humanos corren tras de los bienes aparentes (dinero, honores, poder, gloria) y creemos que saben distinguir entre lo que es bueno o nocivo por sí mismo, pero deben buscar la virtud frente al vicio que es lo que perfecciona el alma y otorga una alegría en la vida.
El ateísmo y abandonarse a la razón pueden ser la misma cosa y un culto a la vida temporal del Estado y de la Nación.
La tristeza nunca puede ser buena. Los religiosos son alegres y Dios, fuente de la luz, no puede ser venerado en absoluto en medio del temor oscuro, las tinieblas y la tristeza. Hemos de servir a Dios con nuestra alegría. No somos un rebaño de esclavos sino de vencedores.
Las disputas, las inquietudes, las discusiones inútiles y las condenas mutuas no multiplican la alegría. Hay que intentar ser amistoso con la gente aunque nos decepcionen si podemos sanarlos.
La Tierra de nuestra humanidad viviente en Jesucristo se congratula de hacer que el cielo descienda a nuestros pies.
El hombre es un prodigio y una nada. Espiritual y corporal. Es un Ángel y un animal, un milagro, un centro, un mundo, un semiDios, es una nada rodeada de Dios, un indigente de Dios, y henchido de Dios si así lo quiere. El bien de la Creación no consiste en ser, sino en ser en Dios. Amaremos y adoraremos a Dios mucho más fervientemente para que las cosas salgan bien.
Los seres humanos se separaron de Dios por el pecado pero guardan el instinto de retorno al Padre. Y nos perseguirán como demonios por tener este espíritu de Dios pero no triunfarán sobre nosotros si luchamos con decisión.
Por la debilidad del amor propio siempre herido y la astucia del diablo, creemos que la vida conforme con la cruz y el espíritu divino arruina y destruye la naturaleza humana. El amor propio herido introduce un obstáculo entre Dios y el alma y nos hace obrar a veces en tinieblas con mucha menor perfección.
Por el pecado original tenemos que hacernos violencia y vencernos a nosotros mismos todos los días. El alma desnuda no distingue entre lo finito e infinito. El alma está unida a Dios en los perfectos que se han encontrado con el camino interior resultado de sus pesquisas.
La enseñanza de la religión necesita del cuerpo de la institución eclesiástica.
Las gracias se confieren en el acto ritual de los sacramentos.
La salvación y participación de la vida eterna y feliz se halla enteramente en manos del individuo.
El título de cristiano es lo más grande que existe, pero en la vida cristiana, todos son iguales.
La razón humana se detiene ante la fe evangélica, se cambia en oscuridad y sin razón, y lo que para ella constituye una locura, para Dios es la suprema sabiduría.
Hay cosas que no se explican por la razón y tan solo se explican por la fe.
El reino del Cielo está en contra del reino de la Tierra. Qué hacemos para que la Nueva Jerusalén acampe entre nosotros.
Cristo considera como suyos a los cristianos, y son hermanos míos, todos aquellos que emprenden de todo corazón el camino de la vida recomendado por Cristo y que él ha seguido el primero.
Son las mentes y los corazones humanos, tomados cada uno de por sí, los que necesitan reformarse y cambiar al Nuevo Mundo.
Los demonios quieren gobernar los dominios temporales de la vida. El cuerpo sigue su corrupción orgánica. El alma está atada a él y no puede volar y precisa de la meditación y de la oración.
El mal y el pecado nos condenan. A diferencia de todas las restantes criaturas de las que solo impropiamente se dicen que hacen esto o lo otro, los seres humanos, gracias a su libre albedrío se condenan o se salvan solos.
El ser humano puede optar entre Dios y el Ser, y el no-ser-la nada-y el mal, el repliegue sobre sí mismo, hacia la propia individualidad limitada, con la simpleza de la autosuficiencia en su amor propio. Entonces pertenece al mundo de la pseudo-realidad.
La acción divina se manifiesta porque Dios nos busca cuando le amamos y le damos gracias por todo lo bueno que nos sucede y las veces que nos ha salvado.
A los seres humanos solo les importa pasarse por Dioses ante los hombres y esto lo castiga fuertemente Dios. Es un exceso de hybris el creerse inmortal y el no ser caritativo con los próximos.
La multiplicación de los saberes constituye el mandamiento tantas veces repetido en el Nuevo Testamento. Todo saber y toda sabiduría son buenos, pero que aquellos que se refieren directamente a la vida humana y a su seguridad han de ser apreciados como los más preciosos.
La voz divina habla en nosotros con ayuda del testimonio de la razón y también nuestra razón razonada puede ser una parte de la naturaleza humana degenerada y caída, tan impotente y perfectamente nociva como la voluntad humana de conciencia inconsciente para la empresa de la salvación.
La razón caída de la humanidad es una ruina desfigurada y como una ciega que tantea en tinieblas.
Dios vive y actúa necesariamente. Y si la fe en los milagros no se halla de acuerdo con razones de orden filosófico, son estas últimas las que han de considerarse como erróneas.
La verdadera religión debe conducir al ser humano a una alegría pura y verdadera derivada de su conocimiento de Dios y de su amor recíproco hacia Él.
Así como el cielo designa un estado de dicha inmutable, exento de inquietud y de alteración, el infierno designa cuanto hay de horrible, de miserable, todo lo que ostenta la impronta de la tristeza y el miedo. La alegría consiste no en una satisfacción momentánea, sino en una perfección duradera.
Los seres humanos corren tras de los bienes aparentes (dinero, honores, poder, gloria) y creemos que saben distinguir entre lo que es bueno o nocivo por sí mismo, pero deben buscar la virtud frente al vicio que es lo que perfecciona el alma y otorga una alegría en la vida.
El ateísmo y abandonarse a la razón pueden ser la misma cosa y un culto a la vida temporal del Estado y de la Nación.
La tristeza nunca puede ser buena. Los religiosos son alegres y Dios, fuente de la luz, no puede ser venerado en absoluto en medio del temor oscuro, las tinieblas y la tristeza. Hemos de servir a Dios con nuestra alegría. No somos un rebaño de esclavos sino de vencedores.
Las disputas, las inquietudes, las discusiones inútiles y las condenas mutuas no multiplican la alegría. Hay que intentar ser amistoso con la gente aunque nos decepcionen si podemos sanarlos.
La Tierra de nuestra humanidad viviente en Jesucristo se congratula de hacer que el cielo descienda a nuestros pies.
El hombre es un prodigio y una nada. Espiritual y corporal. Es un Ángel y un animal, un milagro, un centro, un mundo, un semiDios, es una nada rodeada de Dios, un indigente de Dios, y henchido de Dios si así lo quiere. El bien de la Creación no consiste en ser, sino en ser en Dios. Amaremos y adoraremos a Dios mucho más fervientemente para que las cosas salgan bien.
Los seres humanos se separaron de Dios por el pecado pero guardan el instinto de retorno al Padre. Y nos perseguirán como demonios por tener este espíritu de Dios pero no triunfarán sobre nosotros si luchamos con decisión.
Por la debilidad del amor propio siempre herido y la astucia del diablo, creemos que la vida conforme con la cruz y el espíritu divino arruina y destruye la naturaleza humana. El amor propio herido introduce un obstáculo entre Dios y el alma y nos hace obrar a veces en tinieblas con mucha menor perfección.
Por el pecado original tenemos que hacernos violencia y vencernos a nosotros mismos todos los días. El alma desnuda no distingue entre lo finito e infinito. El alma está unida a Dios en los perfectos que se han encontrado con el camino interior resultado de sus pesquisas.
La enseñanza de la religión necesita del cuerpo de la institución eclesiástica.
DON QUIJOTE DE LA MANCHA: MIGUEL DE CERVANTES
El ventero daba voces que le dejasen, porque ya les había dicho como era loco, y que por loco se libraría aunque los matase a todos.
Y si queréis saber quién os manda esto, para quedar con más veras obligado a cumplirlo, sabed que yo soy el valeroso don Quijote de la Mancha, el desfacedor de agravios y sinrazones, y a Dios quedad, y no se os parta de las mientes lo prometido y jurado, so pena de la pena pronunciada.
- Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso.
¡Desventurada de mí!, que me doy a entender, y así es ello la verdad como nací para morir, que estos malditos libros de caballerías que él tiene y suele leer tan de ordinario le han vuelto el juicio;
Y así fue hecho. Abrióse otro libro y vieron que tenía por título “El caballero de la Cruz”.
- Por nombre tan santo como este libro tiene se podía perdonar su ignorancia; mas también se suele decir: “tras la cruz está el diablo”. Vaya al fuego.
- Pues ése –replicó el cura-, con la segunda, tercera y cuarta parte, tienen necesidad de un poco de ruibarbo para purgar la demasiada cólera suya, y es menester quitarles todo aquello del castillo de la Fama y otras impertinencias de más importancia, para lo cual se les da término ultramarino, y como se enmendaren, así se usará con ellos de misericordia o de justicia; y en tanto, tenedlos vos, compadre, en vuestra casa; mas no los dejéis leer a ninguno.
- Mire vuestra merced –respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.
- Bien parece –respondió don Quijote- que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes, y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.
- Peor será esto que los molinos de viento –dijo Sancho-. Mire, señor, que aquéllos son frailes de San Benito, y el coche debe de ser de alguna gente pasajera. Mire que digo que mire bien lo que hace, no sea el diablo que le engañe.
- ¿Yo no caballero? Juro a Dios tan mientes como cristiano. Si lanza arrojas y espada sacas, ¡el agua cuán presto verás que al gato llevas! Vizcaíno por tierra, hidalgo por mar, hidalgo por el diablo, y mientes que mira si otra dices cosa.
Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos. Los árboles destas montañas son mi compañía, las claras aguas destos arroyos mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura.
Yace aquí de un amador
el mísero cuerpo helado,
que fue pastor de ganado,
perdido por desamor.
Murió a manos del rigor
de una esquiva hermosa ingrata,
con quien su imperio dilata
la tiranía de amor.
- Sancho amigo, ¿duermes?¿Duermes, amigo Sancho?
- ¿Qué tengo de dormir, pesia a mí –respondió Sancho, lleno de pesadumbre y de despecho-, que no parece sino que todos los diablos han andado conmigo esta noche?
Viole bajar y subir por el aire, con tanta gracia y presteza, que, si la cólera le dejara, tengo para mí que se riera. Probó a subir desde el caballo a las bardas; pero estaba tan molido y quebrantado, que aun apearse no pudo; y así, desde encima del caballo, comenzó a decir tantos denuestos y baldones a los que a Sancho manteaban, que no es posible acertar a escribillos; mas no por esto cesaban ellos de su risa y de su obra, ni el volador Sancho dejaba sus quejas, mezcladas ya con amenazas, ya con ruegos; mas todo aprovechaba poco, ni aprovechó, hasta que de puro cansados le dejaron.
- Ahora bien, sea así como vuestra merced dice –respondió Sancho-; vamos ahora de aquí, y procuremos donde alojar esta noche, y quiera Dios que sea en parte no haya mantas, ni manteadores, ni fantasmas, ni moros encantados; que si los hay, daré al diablo el hato y el garabato.
- Por más fantasmas que sean –dijo don Quijote-, no consentiré yo que te toque en el pelo de la ropa; que si la otra vez se burlaron contigo, fue porque no pude yo saltar las paredes del corral; pero ahora estamos en campo raso, donde podré yo como quisiere esgremir mi espada.
- Y si le encantan y entomecen, como la otra vez lo hicieron –dijo Sancho-, ¿qué aprovechará estar en campo abierto o no?
Pero tiempo podrá venir en que se enmiende esa falta, y no dura más en hacerse la enmienda de cuanto quiera vuestra merced ser servido de venirse conmigo a mi aldea; que allí le podré dar más de trescientos libros, que son el regalo de mi alma y el entretenimiento de mi vida; aunque tengo para mí que ya no tengo ninguno, merced a la malicia de malos y envidiosos encantadores.
Decía Sancho, asido con el cabrero:
- Déjeme vuestra merced, señor Caballero de la Triste Figura; que en éste, que es villano como yo no está armado caballero, bien puedo a mi salvo satisfacerme del agravio que me ha hecho, peleando con él mano a mano, como hombre honrado.
- Así es –dijo don Quijote-; pero yo sé que él no tiene ninguna culpa de lo sucedido.
- ¿Purgatorio le llamas, Sancho? –dijo don Quijote-. Mejor hicieras en llamarle infierno, y aun peor, si hay otra cosa que lo sea.
- Quien ha infierno –respondió Sancho-, nula es retencio, según he oído decir.
- No entiendo qué quiere decir retencio –dijo don Quijote.
- Retencio es –respondió Sancho- que quien está en el infierno nunca sale dél, ni puede. Lo cual será al revés en vuestra merced, o a mí me andarán mal los pies, si es que llevo espuelas para avivar a Rocinante, y póngame yo una por una en el Toboso, y delante de mi señora Dulcinea; que yo le diré tales cosas de las necedades y locuras, que todo es uno, que vuestra merced ha hecho y queda haciendo, que la venga a poner más blanda que un guante, aunque la halle más dura que un alcornoque; con cuya respuesta dulce y melificada volveré por los aires, como brujo, y sacaré a vuestra merced deste purgatorio, que parece infierno y no lo es, pues hay esperanza de salir dél, la cual, como tengo dicho, no la tienen de salir los que están en el infierno, ni creo que vuestra merced dirá otra cosa.
- ¡Oh, qué necio y qué simple que eres! –dijo don Quijote-. ¿Tú no ves, Sancho, que eso todo redunda en su mayor ensalzamiento? Porque has de saber que en este nuestro estilo de caballería es gran honra tener una dama muchos caballeros andantes que la sirvan, sin que se estiendan más sus pensamientos que a servilla por sólo ser ella quien es, sin esperar otro premio de sus muchos y buenos deseos sino que ella se contente de aceptarlos por sus caballeros.
- Con esa manera de amor –dijo Sancho- he oído yo predicar que se ha de amar a Nuestro Señor, por sí solo, sin que nos mueva esperanza de gloria o temor de pena. Aunque yo le querría amar y servir por lo que pudiese.
- ¡Válate al diablo por villano! –dijo don Quijote-, y qué de discreciones dices a las veces! No parece sino que has estudiado.
- Pues a fe mía que no sé leer –respondió sancho.
Andrés asió de su pan y queso y, viendo que nadie le daba otra cosa, abajó su cabeza y tomó el camino en las manos como suele decirse. Bien es verdad que, al partirse, dijo a don Quijote.
- Por amor de Dios, señor caballero andante, que si otra vez me encontrare, aunque vea que me hacen pedazos, no me socorra ni ayude, sino déjeme con mi desgracia; que no será tanta, que no sea mayor la que me vendrá de su ayuda de vuestra merced, a quien Dios maldiga, y a todos cuantos caballeros andantes han nacido en el mundo.
Las cosas dificultuosas se intentan por Dios, o por el mundo, o por entreambos a dos: las que se acometen por Dios son las que acometieron los santos, acometiendo a vivir vida de ángeles en cuerpos humanos; las que se acometen por respeto del mundo son las de aquellos que pasan tanta infinidad de agua, tanta diversidad de climas, tanta estrañeza de gentes, por adquirir estos que llaman bienes de fortuna. [...] Pero la que tú dices que quieres intentar y poner por obra, ni te ha de alcanzar gloria de Dios, bienes de la fortuna, ni fama con los hombres; porque, puesto que salgas con ella como deseas, no has de quedar ni más ufano, ni más rico, ni más honrado que estás ahora; y si no sales, te has de ver en la mayor miseria que imaginarse pueda, porque no te ha de aprovechar pensar entonces que no sabe nadie la desgracia que te ha sucedido; porque bastará para afligirte y deshacerte que la sepas tú mesmo.
Mira, amigo, que la mujer es animal imperfecto, y que no se le han de poner embarazos donde tropiece y caiga, sino quitárselos y despejalle el camino de cualquier inconveniente, para que sin pesadumbre corra ligera a alcanzar la perfección que le falta, que consiste en el ser virtuosa.
El licenciado respondió: “Yo soy, hermano, el que me voy; que ya no tengo necesidad de estar más aquí, por lo que doy infinitas gracias a los cielos, que tan grande merced me han hecho”. “Mirad lo que decís, licenciado, no os engañe el diablo”, replicó el loco; “sosegad el pie, y estaos quedito en vuestra casa, y ahorraréis la vuelta”. “Yo sé que estoy bueno”, replicó el licenciado, “y no habrá para qué tornar a andar estaciones”. “¿Vos, bueno?”, dijo el loco. “Agora bien, ello dirá; andad con Dios; pero yo os voto a Júpiter, cuya majestad yo represento en la tierra, que por solo este pecado que hoy comete Sevilla en sacaros desta casa y en teneros por cuerdo, tengo de hacer un tal castigo en ella, que quede memoria dél por todos los siglos de los siglos, amén. ¿No sabes tú, licenciadillo menguado, que lo podré hacer, pues, como digo, soy Júpiter Tonante, que tengo en mis manos los rayos abrasadores con que puedo y suelo amenazar y destruir el mundo? Pero con sola una cosa quiero castigar a este ignorante pueblo; y es con no llover en él ni en todo su distrito y contorno por tres enteros años, que se han de contar desde el día y punto en que ha sido hecha esta amenaza en adelante. ¿Tú libre, tú sano, tú cuerdo, y yo loco, y yo enfermo, y yo atado...? Así pienso llover como pensar ahorcarme”.
Los más de los caballeros que agora se usan, antes les crujen los damascos, los brocados y otras ricas telas de que se visten, que la malla con que se arman; ya no hay caballero que duerma en los campos, sujeto al rigor del cielo, armado de todas armas desde los pies a la cabeza; y ya no hay quien, sin sacar los pies de los estribos, arrimado a su lanza, sólo procure descabezar, como dicen, el sueño, como lo hacían los caballeros andantes.
- En lo que toca –prosiguió Sancho- a la valentía, cortesía, hazañas y asumpto de vuestra merced, hay diferentes opiniones: unos dicen: “Loco, pero gracioso”; otros, “Valiente, pero desgraciado”; otros, “Cortés, pero impertinente”; y por aquí van discurriendo en tantas cosas, que ni a vuestra merced ni a mí nos dejan hueso sano.
Dijo Sancho a su amo:
- Señor, ya yo tengo relucida a mi mujer a que me deje ir con vuestra merced adonde quisiere llevarme.
- Reducida has de decir, Sancho –dijo don Quijote-; que no relucida.
- Una o dos veces –respondió Sancho-, si mal no me acuerdo, he suplicado a vuestra merced que no me emiende los vocablos, si es que entiende lo que quiero decir en ellos, y que cuando no los entienda, diga: “Sancho, o diablo, no te entiendo”; y si yo no me declarare, entonces podrá emendarme; que yo soy tan fócil...
- No te entiendo, Sancho –dijo luego don Quijote-, pues no sé qué quiere decir soy tan fócil.
- Tan fócil quiere decir –respondió Sancho- soy tan así.
- Menos te entiendo agora –replicó don Quijote.
- Pues si no me puede entender –respondió Sancho-, no sé cómo lo diga; no sé más, y Dios sea conmigo.
- ¿Qué quieres que infiera, Sancho, de todo lo que has dicho? –dijo don Quijote.
- Quiero decir –dijo Sancho- que nos demos a ser santos, y alcanzaremos más brevemente la buena fama que pretendemos; y advierta, señor, que ayer o antes de ayer, que, según ha poco se puede decir desta manera, canonizaron o beatificaron dos frailecitos descalzos [...]
- Todo es así –respondió don Quijote-; pero no todos podemos ser frailes, y muchos son los caminos por donde lleva Dios a los suyos al cielo: religión es la caballería; caballeros santos hay en la gloria.
- Sí –respondió Sancho-; pero yo he oído decir que hay más frailes en el cielo que caballeros andantes.
- Eso es –respondió don Quijote- porque es mayor el número de los religiosos que el de los caballeros.
- Muchos son los andantes –dijo Sancho.
- Muchos –respondió don Quijote-; pero pocos los que merecen nombre de caballeros.
Quiere hacer uno un viaje largo, y si es prudente, antes de ponerse en camino busca alguna compañía segura y apacible con quien acompañarse: pues ¿por qué no hará lo mesmo el que ha de caminar toda la vida, hasta el paradero de la muerte, y más si la compañía le ha de acompañar en la cama, en la mesa y en todas partes, como es la de la mujer con su marido? La de la propia mujer no es mercaduría que una vez comprada se vuelve, o se trueca o cambia; porque es accidente inseparable, que dura lo que dura la vida: es un lazo que si una vez le echáis al cuello, se vuelve en el nudo gordiano, que si no le corta la guadaña de la muerte, no hay desatarle.
- Así lo creo yo –respondió Sancho-; pero dígame ahora: ¿quién fue el primer volteador del mundo?
- En verdad, hermano –respondió el primo-, que no me sabré determinar por ahora, hasta que lo estudie. Yo lo estudiaré en volviendo adonde tengo mis libros, y yo os satisfaré cuando otra vez nos veamos; que no ha de ser ésta la postrera.
- Pues mire, señor –replicó Sancho-, no tome trabajo en esto; que ahora he caído en la cuenta de lo que he preguntado. Sepa que el primer volteador del mundo fue Lucifer, cuando le echaron o arrojaron del cielo, que vino volteando hasta los abismos.
- ¿Piensa vuestra merced esperar, señor don Quijote?
- Pues ¿no? –respondió él-. Aquí esperaré intrépido y fuerte, si me viniese a embestir todo el infierno.
- Pues si yo veo otro diablo y oigo otro cuerno como el pasado, así esperaré yo aquí como en Flandes –dijo Sancho.
En esto, se cerró más la noche, y comenzaron a discurrir muchas luces por el bosque, bien así como discurren por el cielo las exhalaciones secas de la tierra, que parecen a nuestra vista estrellas que corren. Oyóse asimismo un espantoso ruido, al modo de aquel que se causa de las ruedas macizas que suelen traer los carros de bueyes, de cuyo chirrío áspero y continuado se dice que huyen los lobos y los osos, sí los hay por donde pasan.
- Yo soy Merlín, aquel que las historias
dicen que tuve por mi padre al diablo
(mentira autorizada de los tiempos),
príncipe de la Mágica y monarca
y archivo de la ciencia zoroástrica,
émulo a las edades y a los siglos,
que solapar pretenden las hazañas
de los andantes bravos caballeros
a quien yo tuve y tengo gran cariño.
Y puesto que es de los encantadores,
de los magos o mágicos contino
dura la condición, áspera y fuerte,
la mía es tierna, blanda y amorosa,
y amiga de hacer bien a todas gentes.
- ¿Qué título tiene el libro? –preguntó don Quijote.
A lo que el autor respondió:
- Señor, el libro, en toscano, se llama Le Bagatele.
- Y ¿qué responde le bagatele en nuestro castellano? –preguntó don Quijote.
- Le bagatele –dijo el autor- es como si en castellano dijésemos los juguetes; y aunque este libro es en el nombre humilde, contiene y encierra en sí cosas muy buenas y sustanciales.
- Yo –dijo don Quijote- sé de algún tanto del toscano, y me precio de cantar algunas estancias del Ariosto. Pero dígame vuesa merced, señor mío, y no digo esto porque quiero examinar el ingenio de vuestra merced, sino por curiosidad no más: ¿ha hallado en su escritura alguna vez nombrar piñata?
- Sí, muchas veces –respondió el autor.
- Y ¿cómo la traduce vuestra merced en castellano? –preguntó don Quijote.
- ¿Cómo la había de traducir –replicó el autor-, sino diciendo olla?
- ¡Cuerpo de tal –dijo don quijote-, y qué adelante está vuesa merced en el toscano idioma! Yo apostaré una buena apuesta que adonde diga en el toscano piace, dice vuesa merced en el castellano place; y adonde diga più, dice más, y el su declara con arriba, y el giù con abajo.
- Sí declaro, por cierto –dijo el autor-, porque ésas son sus propias correspondencias.
Y si queréis saber quién os manda esto, para quedar con más veras obligado a cumplirlo, sabed que yo soy el valeroso don Quijote de la Mancha, el desfacedor de agravios y sinrazones, y a Dios quedad, y no se os parta de las mientes lo prometido y jurado, so pena de la pena pronunciada.
- Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso.
¡Desventurada de mí!, que me doy a entender, y así es ello la verdad como nací para morir, que estos malditos libros de caballerías que él tiene y suele leer tan de ordinario le han vuelto el juicio;
Y así fue hecho. Abrióse otro libro y vieron que tenía por título “El caballero de la Cruz”.
- Por nombre tan santo como este libro tiene se podía perdonar su ignorancia; mas también se suele decir: “tras la cruz está el diablo”. Vaya al fuego.
- Pues ése –replicó el cura-, con la segunda, tercera y cuarta parte, tienen necesidad de un poco de ruibarbo para purgar la demasiada cólera suya, y es menester quitarles todo aquello del castillo de la Fama y otras impertinencias de más importancia, para lo cual se les da término ultramarino, y como se enmendaren, así se usará con ellos de misericordia o de justicia; y en tanto, tenedlos vos, compadre, en vuestra casa; mas no los dejéis leer a ninguno.
- Mire vuestra merced –respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.
- Bien parece –respondió don Quijote- que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes, y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.
- Peor será esto que los molinos de viento –dijo Sancho-. Mire, señor, que aquéllos son frailes de San Benito, y el coche debe de ser de alguna gente pasajera. Mire que digo que mire bien lo que hace, no sea el diablo que le engañe.
- ¿Yo no caballero? Juro a Dios tan mientes como cristiano. Si lanza arrojas y espada sacas, ¡el agua cuán presto verás que al gato llevas! Vizcaíno por tierra, hidalgo por mar, hidalgo por el diablo, y mientes que mira si otra dices cosa.
Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos. Los árboles destas montañas son mi compañía, las claras aguas destos arroyos mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura.
Yace aquí de un amador
el mísero cuerpo helado,
que fue pastor de ganado,
perdido por desamor.
Murió a manos del rigor
de una esquiva hermosa ingrata,
con quien su imperio dilata
la tiranía de amor.
- Sancho amigo, ¿duermes?¿Duermes, amigo Sancho?
- ¿Qué tengo de dormir, pesia a mí –respondió Sancho, lleno de pesadumbre y de despecho-, que no parece sino que todos los diablos han andado conmigo esta noche?
Viole bajar y subir por el aire, con tanta gracia y presteza, que, si la cólera le dejara, tengo para mí que se riera. Probó a subir desde el caballo a las bardas; pero estaba tan molido y quebrantado, que aun apearse no pudo; y así, desde encima del caballo, comenzó a decir tantos denuestos y baldones a los que a Sancho manteaban, que no es posible acertar a escribillos; mas no por esto cesaban ellos de su risa y de su obra, ni el volador Sancho dejaba sus quejas, mezcladas ya con amenazas, ya con ruegos; mas todo aprovechaba poco, ni aprovechó, hasta que de puro cansados le dejaron.
- Ahora bien, sea así como vuestra merced dice –respondió Sancho-; vamos ahora de aquí, y procuremos donde alojar esta noche, y quiera Dios que sea en parte no haya mantas, ni manteadores, ni fantasmas, ni moros encantados; que si los hay, daré al diablo el hato y el garabato.
- Por más fantasmas que sean –dijo don Quijote-, no consentiré yo que te toque en el pelo de la ropa; que si la otra vez se burlaron contigo, fue porque no pude yo saltar las paredes del corral; pero ahora estamos en campo raso, donde podré yo como quisiere esgremir mi espada.
- Y si le encantan y entomecen, como la otra vez lo hicieron –dijo Sancho-, ¿qué aprovechará estar en campo abierto o no?
Pero tiempo podrá venir en que se enmiende esa falta, y no dura más en hacerse la enmienda de cuanto quiera vuestra merced ser servido de venirse conmigo a mi aldea; que allí le podré dar más de trescientos libros, que son el regalo de mi alma y el entretenimiento de mi vida; aunque tengo para mí que ya no tengo ninguno, merced a la malicia de malos y envidiosos encantadores.
Decía Sancho, asido con el cabrero:
- Déjeme vuestra merced, señor Caballero de la Triste Figura; que en éste, que es villano como yo no está armado caballero, bien puedo a mi salvo satisfacerme del agravio que me ha hecho, peleando con él mano a mano, como hombre honrado.
- Así es –dijo don Quijote-; pero yo sé que él no tiene ninguna culpa de lo sucedido.
- ¿Purgatorio le llamas, Sancho? –dijo don Quijote-. Mejor hicieras en llamarle infierno, y aun peor, si hay otra cosa que lo sea.
- Quien ha infierno –respondió Sancho-, nula es retencio, según he oído decir.
- No entiendo qué quiere decir retencio –dijo don Quijote.
- Retencio es –respondió Sancho- que quien está en el infierno nunca sale dél, ni puede. Lo cual será al revés en vuestra merced, o a mí me andarán mal los pies, si es que llevo espuelas para avivar a Rocinante, y póngame yo una por una en el Toboso, y delante de mi señora Dulcinea; que yo le diré tales cosas de las necedades y locuras, que todo es uno, que vuestra merced ha hecho y queda haciendo, que la venga a poner más blanda que un guante, aunque la halle más dura que un alcornoque; con cuya respuesta dulce y melificada volveré por los aires, como brujo, y sacaré a vuestra merced deste purgatorio, que parece infierno y no lo es, pues hay esperanza de salir dél, la cual, como tengo dicho, no la tienen de salir los que están en el infierno, ni creo que vuestra merced dirá otra cosa.
- ¡Oh, qué necio y qué simple que eres! –dijo don Quijote-. ¿Tú no ves, Sancho, que eso todo redunda en su mayor ensalzamiento? Porque has de saber que en este nuestro estilo de caballería es gran honra tener una dama muchos caballeros andantes que la sirvan, sin que se estiendan más sus pensamientos que a servilla por sólo ser ella quien es, sin esperar otro premio de sus muchos y buenos deseos sino que ella se contente de aceptarlos por sus caballeros.
- Con esa manera de amor –dijo Sancho- he oído yo predicar que se ha de amar a Nuestro Señor, por sí solo, sin que nos mueva esperanza de gloria o temor de pena. Aunque yo le querría amar y servir por lo que pudiese.
- ¡Válate al diablo por villano! –dijo don Quijote-, y qué de discreciones dices a las veces! No parece sino que has estudiado.
- Pues a fe mía que no sé leer –respondió sancho.
Andrés asió de su pan y queso y, viendo que nadie le daba otra cosa, abajó su cabeza y tomó el camino en las manos como suele decirse. Bien es verdad que, al partirse, dijo a don Quijote.
- Por amor de Dios, señor caballero andante, que si otra vez me encontrare, aunque vea que me hacen pedazos, no me socorra ni ayude, sino déjeme con mi desgracia; que no será tanta, que no sea mayor la que me vendrá de su ayuda de vuestra merced, a quien Dios maldiga, y a todos cuantos caballeros andantes han nacido en el mundo.
Las cosas dificultuosas se intentan por Dios, o por el mundo, o por entreambos a dos: las que se acometen por Dios son las que acometieron los santos, acometiendo a vivir vida de ángeles en cuerpos humanos; las que se acometen por respeto del mundo son las de aquellos que pasan tanta infinidad de agua, tanta diversidad de climas, tanta estrañeza de gentes, por adquirir estos que llaman bienes de fortuna. [...] Pero la que tú dices que quieres intentar y poner por obra, ni te ha de alcanzar gloria de Dios, bienes de la fortuna, ni fama con los hombres; porque, puesto que salgas con ella como deseas, no has de quedar ni más ufano, ni más rico, ni más honrado que estás ahora; y si no sales, te has de ver en la mayor miseria que imaginarse pueda, porque no te ha de aprovechar pensar entonces que no sabe nadie la desgracia que te ha sucedido; porque bastará para afligirte y deshacerte que la sepas tú mesmo.
Mira, amigo, que la mujer es animal imperfecto, y que no se le han de poner embarazos donde tropiece y caiga, sino quitárselos y despejalle el camino de cualquier inconveniente, para que sin pesadumbre corra ligera a alcanzar la perfección que le falta, que consiste en el ser virtuosa.
El licenciado respondió: “Yo soy, hermano, el que me voy; que ya no tengo necesidad de estar más aquí, por lo que doy infinitas gracias a los cielos, que tan grande merced me han hecho”. “Mirad lo que decís, licenciado, no os engañe el diablo”, replicó el loco; “sosegad el pie, y estaos quedito en vuestra casa, y ahorraréis la vuelta”. “Yo sé que estoy bueno”, replicó el licenciado, “y no habrá para qué tornar a andar estaciones”. “¿Vos, bueno?”, dijo el loco. “Agora bien, ello dirá; andad con Dios; pero yo os voto a Júpiter, cuya majestad yo represento en la tierra, que por solo este pecado que hoy comete Sevilla en sacaros desta casa y en teneros por cuerdo, tengo de hacer un tal castigo en ella, que quede memoria dél por todos los siglos de los siglos, amén. ¿No sabes tú, licenciadillo menguado, que lo podré hacer, pues, como digo, soy Júpiter Tonante, que tengo en mis manos los rayos abrasadores con que puedo y suelo amenazar y destruir el mundo? Pero con sola una cosa quiero castigar a este ignorante pueblo; y es con no llover en él ni en todo su distrito y contorno por tres enteros años, que se han de contar desde el día y punto en que ha sido hecha esta amenaza en adelante. ¿Tú libre, tú sano, tú cuerdo, y yo loco, y yo enfermo, y yo atado...? Así pienso llover como pensar ahorcarme”.
Los más de los caballeros que agora se usan, antes les crujen los damascos, los brocados y otras ricas telas de que se visten, que la malla con que se arman; ya no hay caballero que duerma en los campos, sujeto al rigor del cielo, armado de todas armas desde los pies a la cabeza; y ya no hay quien, sin sacar los pies de los estribos, arrimado a su lanza, sólo procure descabezar, como dicen, el sueño, como lo hacían los caballeros andantes.
- En lo que toca –prosiguió Sancho- a la valentía, cortesía, hazañas y asumpto de vuestra merced, hay diferentes opiniones: unos dicen: “Loco, pero gracioso”; otros, “Valiente, pero desgraciado”; otros, “Cortés, pero impertinente”; y por aquí van discurriendo en tantas cosas, que ni a vuestra merced ni a mí nos dejan hueso sano.
Dijo Sancho a su amo:
- Señor, ya yo tengo relucida a mi mujer a que me deje ir con vuestra merced adonde quisiere llevarme.
- Reducida has de decir, Sancho –dijo don Quijote-; que no relucida.
- Una o dos veces –respondió Sancho-, si mal no me acuerdo, he suplicado a vuestra merced que no me emiende los vocablos, si es que entiende lo que quiero decir en ellos, y que cuando no los entienda, diga: “Sancho, o diablo, no te entiendo”; y si yo no me declarare, entonces podrá emendarme; que yo soy tan fócil...
- No te entiendo, Sancho –dijo luego don Quijote-, pues no sé qué quiere decir soy tan fócil.
- Tan fócil quiere decir –respondió Sancho- soy tan así.
- Menos te entiendo agora –replicó don Quijote.
- Pues si no me puede entender –respondió Sancho-, no sé cómo lo diga; no sé más, y Dios sea conmigo.
- ¿Qué quieres que infiera, Sancho, de todo lo que has dicho? –dijo don Quijote.
- Quiero decir –dijo Sancho- que nos demos a ser santos, y alcanzaremos más brevemente la buena fama que pretendemos; y advierta, señor, que ayer o antes de ayer, que, según ha poco se puede decir desta manera, canonizaron o beatificaron dos frailecitos descalzos [...]
- Todo es así –respondió don Quijote-; pero no todos podemos ser frailes, y muchos son los caminos por donde lleva Dios a los suyos al cielo: religión es la caballería; caballeros santos hay en la gloria.
- Sí –respondió Sancho-; pero yo he oído decir que hay más frailes en el cielo que caballeros andantes.
- Eso es –respondió don Quijote- porque es mayor el número de los religiosos que el de los caballeros.
- Muchos son los andantes –dijo Sancho.
- Muchos –respondió don Quijote-; pero pocos los que merecen nombre de caballeros.
Quiere hacer uno un viaje largo, y si es prudente, antes de ponerse en camino busca alguna compañía segura y apacible con quien acompañarse: pues ¿por qué no hará lo mesmo el que ha de caminar toda la vida, hasta el paradero de la muerte, y más si la compañía le ha de acompañar en la cama, en la mesa y en todas partes, como es la de la mujer con su marido? La de la propia mujer no es mercaduría que una vez comprada se vuelve, o se trueca o cambia; porque es accidente inseparable, que dura lo que dura la vida: es un lazo que si una vez le echáis al cuello, se vuelve en el nudo gordiano, que si no le corta la guadaña de la muerte, no hay desatarle.
- Así lo creo yo –respondió Sancho-; pero dígame ahora: ¿quién fue el primer volteador del mundo?
- En verdad, hermano –respondió el primo-, que no me sabré determinar por ahora, hasta que lo estudie. Yo lo estudiaré en volviendo adonde tengo mis libros, y yo os satisfaré cuando otra vez nos veamos; que no ha de ser ésta la postrera.
- Pues mire, señor –replicó Sancho-, no tome trabajo en esto; que ahora he caído en la cuenta de lo que he preguntado. Sepa que el primer volteador del mundo fue Lucifer, cuando le echaron o arrojaron del cielo, que vino volteando hasta los abismos.
- ¿Piensa vuestra merced esperar, señor don Quijote?
- Pues ¿no? –respondió él-. Aquí esperaré intrépido y fuerte, si me viniese a embestir todo el infierno.
- Pues si yo veo otro diablo y oigo otro cuerno como el pasado, así esperaré yo aquí como en Flandes –dijo Sancho.
En esto, se cerró más la noche, y comenzaron a discurrir muchas luces por el bosque, bien así como discurren por el cielo las exhalaciones secas de la tierra, que parecen a nuestra vista estrellas que corren. Oyóse asimismo un espantoso ruido, al modo de aquel que se causa de las ruedas macizas que suelen traer los carros de bueyes, de cuyo chirrío áspero y continuado se dice que huyen los lobos y los osos, sí los hay por donde pasan.
- Yo soy Merlín, aquel que las historias
dicen que tuve por mi padre al diablo
(mentira autorizada de los tiempos),
príncipe de la Mágica y monarca
y archivo de la ciencia zoroástrica,
émulo a las edades y a los siglos,
que solapar pretenden las hazañas
de los andantes bravos caballeros
a quien yo tuve y tengo gran cariño.
Y puesto que es de los encantadores,
de los magos o mágicos contino
dura la condición, áspera y fuerte,
la mía es tierna, blanda y amorosa,
y amiga de hacer bien a todas gentes.
- ¿Qué título tiene el libro? –preguntó don Quijote.
A lo que el autor respondió:
- Señor, el libro, en toscano, se llama Le Bagatele.
- Y ¿qué responde le bagatele en nuestro castellano? –preguntó don Quijote.
- Le bagatele –dijo el autor- es como si en castellano dijésemos los juguetes; y aunque este libro es en el nombre humilde, contiene y encierra en sí cosas muy buenas y sustanciales.
- Yo –dijo don Quijote- sé de algún tanto del toscano, y me precio de cantar algunas estancias del Ariosto. Pero dígame vuesa merced, señor mío, y no digo esto porque quiero examinar el ingenio de vuestra merced, sino por curiosidad no más: ¿ha hallado en su escritura alguna vez nombrar piñata?
- Sí, muchas veces –respondió el autor.
- Y ¿cómo la traduce vuestra merced en castellano? –preguntó don Quijote.
- ¿Cómo la había de traducir –replicó el autor-, sino diciendo olla?
- ¡Cuerpo de tal –dijo don quijote-, y qué adelante está vuesa merced en el toscano idioma! Yo apostaré una buena apuesta que adonde diga en el toscano piace, dice vuesa merced en el castellano place; y adonde diga più, dice más, y el su declara con arriba, y el giù con abajo.
- Sí declaro, por cierto –dijo el autor-, porque ésas son sus propias correspondencias.
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