marzo 19, 2017

EL GRAN CRISTIANO DEL CUATRIAÑO 2020-23

Contemplo a Dios que me quiere, me acoge, me escucha, me habla.

Y Juan dio testimonio diciendo: He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma  se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo. Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.

Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

¿Qué significa para la Iglesia, para nosotros, hoy, ser discípulos de Jesús Cordero de Dios? Significa poner en el sitio de la malicia, la inocencia; en el lugar de la fuerza, el amor; en el lugar de la soberbia, la humildad; en el lugar del prestigio, el servicio. Es un buen trabajo. Nosotros, cristianos, debemos hacer eso. Ser discípulos del Cordero no significa vivir como una ciudadela asediada, sino como una ciudad ubicada en el monte, abierta, acogedora y solidaria. Quiere decir no asumir actitudes de cerrazón, sino proponer el Evangelio a todos, testimoniando con nuestra vida que seguir a Jesús nos hace más libres y más alegres.

El espíritu de timidez va contra el don de la fe, no deja que crezca, que vaya adelante, que sea grande. Y la vergüenza: "Sí, tengo la fe, pero la cubro, que no se vea mucho..." Hay que pedir al Señor la gracia de tener una fe sincera, una fe que no se negocia según las oportunidades que vienen. Una fe que cada día trato de reavivarla o al menos pido al Espíritu Santo que la reavive y así dé un fruto grande.

La Palabra de Dios es sorpresa, porque nuestro Dios es el Dios de la sorpresas: viene y hace siempre nuevas las cosas. Es novedad. El Evangelio es novedad. Y nos pide esta docilidad a su novedad. Precisamente en el pasaje evangélico Jesús es claro en esto, es muy claro:vino nuevo odres nuevos. Dios debe ser recibido con esta apertura a la novedad.Y esta actitud se llama docilidad.

Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él.

Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: ¿Por qué come con publicanos y pecadores? Jesús lo oyó y les dijo: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

Ellos callaban Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre: Extiende la mano. La extendió y su mano quedó restablecida. En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.

En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre. Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.



(continuará)



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