marzo 21, 2011

CRISTIANISMO Y RELIGIÓN XI

Porque no vemos las buenas cosas que tenemos y que poseemos, porque no estamos a gusto con nada ni con nadie, porque el dinero ya no nos dice nada y entonces la vida ha perdido todo el sentido, porque queremos destacar como una tormenta nocturna y no como una brisa marina y porque creemos que podemos con el absurdo.

El pecado no hay que atribuírselo al Diablo, de un Tentador, sino a los hombres de su falta de claridad para no pecar, de su ceguera cómoda, de no querer andar erguidos en Dignidad, de no hacer con su vida una obra de arte y de clamorosa dignidad, de pensar que por ésta no vale la pena luchar y hasta morir.

De que con cada acto bendices lo que haces, lo que comen y respiran los tuyos, de que cuando conduces y respetas la circulación, de que cedes el paso cuando es conveniente, porque no a todos nos han pringado, porque a pesar de que nuestra naturaleza animal, porque no tenemos potencia que nos consuele, porque el abismo es inmenso.

Estoy soñando porque todo es hipocresía que disfruta apoderándose de nuestras mente. "No déis a los madrileños las cosas santas, ni echés vuestras perlas a los barceloneses", o dicho de otro modo, no confiéis la Tradición, el Magisterio y los Sacramentos a personas indignas que los profanen.

Ausiàs March en sus últimos días aunque reconoce "Catholic só, mas la fe no.m escalfa (no me reconforta)" busca su refugio amoroso, cálido, maternal en "María, la madre de Dios, la única que puede tener mercè (piedad) de mi" y donde se recuperan los desvalidos y sufrientes.

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